Motociclista atropellado frente al Cementerio
El vacío que dejó Martín
Cristian Martín Alanis tenía 35 años. Era padre, amigo, hijo, hermano. Le quitaron la posibilidad de seguir siéndolo. Iba en su moto y fue atropellado por un auto que iba al mando de una joven que habría estado alcoholizada. Él fue despedido y murió en el acto. Su moto fue arrastrada 300 metros. Testigos aseguran que el auto iba corriendo una carrera con otro vehículo. Con la conductora detenida, su familia pide justicia en una ciudad que acumula muertes evitables.
Era viernes a la madrugada y la ciudad estaba en pausa. La noche contenía la luna de una agradable jornada de verano. Todo parecía tranquilo. En la esquina de San Martín y Trejo y Sanabria, el semáforo funcionaba con luz amarilla intermitente, visible desde lejos. En el medio del silencio de la noche “se sintió un golpe seco y el rechinar del metal contra el asfalto”, comenta un vecino a quien le costaba conciliar el sueño justo esa noche. Ese sonido quebró la quietud y anticipó lo peor. Cristian Martín Alanis circulaba en su moto Honda Wave de 110 cc. por calle Trejo y Sanabria, y el VW Golf lo hacía por calle San Martín. El impacto fue brutal: el motociclista fue despedido y terminó impactando contra un viejo kiosco de chapa ubicado en el ingreso de un local comercial. Allí, quedó tendido en el piso. Su corazón se detuvo en el acto. El automóvil no se detuvo, siguió su marcha con la moto encajada en el paragolpe delantero, unos 300 metros.
Sebastián es el propietario del local donde quedó tendido el cuerpo de Martín. Vive a unos metros de allí. Estaba durmiendo cuando fue un vecino a interrumpirle el sueño y decirle que un hombre yacía boca abajo en el ingreso a su local. Al llegar, la escena lo descolocó. “No sabía qué había pasado: si un accidente, un asesinato; no sabía qué pensar porque no vi ningún vehículo en el lugar”, aseguró el comerciante. Aún conmovido, contó que una vecina con conocimientos de enfermería constató que el hombre ya no tenía signos vitales.

Corazón partido
Gabriel, hermano de Martín, asumió en estos días un rol inesperado: ser la voz de la familia en medio del dolor. La noticia cayó como un rayo que fulminó los ánimos y quebró el equilibrio familiar. “Uno nunca piensa que te puede suceder algo así. Es inentendible”, dice con la voz erosionada por la amargura. “Martín era una persona laburadora, un tipazo. Estaba abocado a su hija. Ella era la luz de sus ojos. Nunca imaginamos esto. Queremos justicia por él y por su hija”. A siete días del trágico hecho, el reclamo principal de la familia es información. “Mientras deberíamos estar haciendo el duelo, estamos buscando saber qué pasó. No entendemos cómo pueden pasar tantos días sin novedades claras. No nos sentimos acompañados”, expresa Gabriel, quien pide a los vecinos que aporten cualquier dato que ayude a reconstruir lo sucedido. La sensación de incertidumbre profundiza el dolor.
Carrera
Gabriel es prudente y medido en sus palabras. Tiene un hablar sereno, aunque atravesado por la angustia. “Se que hay una chica detenida, que es la que manejaba el auto que chocó a mi hermano. Ella venía con otras dos chicas más. Según testigos, venían corriendo carrera con una camioneta”. Baja la cabeza y mira el piso. Mueve el pie queriendo pellizcar la tierra y despedir la bronca. Toma envión, y dice: “En la esquina donde ocurrió el impacto hay un domo y dicen que no funciona. Qué pasa que no funcionan las cámaras de Trejo y Sanabria y San Martín, es increíble”. Gabriel se mostró decidido ante un panorama incierto. “Le pido a la justicia que sean claros y que no tapen nada. Pido que se investigue todo, que paguen los que tengan que pagar”, dijo y fue tajante: “Que haga responsable a los padres. No puede ser que le den un auto a una persona de 20 años inconsciente, que no tome conciencia de lo que puede provocar. Pido que la justicia sea dura”.

Aunque no lo leas
En medio de ese escenario, Ayelén, mamá de la hija de Martín, volcó en redes sociales un mensaje que rápidamente se multiplicó. No era un texto para ser respondido, sino una forma de desahogo. Allí habla de las preguntas de su hija, de la dificultad de explicar lo inexplicable, del deseo de que el sueño dure un poco más para postergar el momento de volver a enfrentar la realidad. “No la sueltes nunca. Curale el alma. Necesito que seas luz para ella”, escribió, en una despedida a Martín que conmueve.
La causa
La conductora del auto, Camila Zabala, de 20 años, está detenida, alojada en la Unidad Departamental de Policía de calle Belgrano al 50. Está imputada de homicidio culposo agravado y este viernes podría ser indagada por el fiscal Javier Disanto. En tanto, se investiga la participación de una VW Amarok en el recorrido junto al VW Golf. Esta camioneta habría sido secuestrada y sus ocupantes, identificados. El doctor Zacarías Ramírez Rigo representará los intereses de la hija de la víctima. El abogado, junto a la mamá de la niña realizaron una presentación para constituirse en querellantes y se reunieron con el fiscal. El letrado comentó que han insistido en la obtención de las cámaras en la esquina donde ocurrió el hecho, y también filmaciones anteriores y posteriores para conocer cómo fue el compartimiento de la imputada al volante.

Cifras que duelen
El caso de Martín se inscribe además en un contexto alarmante. En 18 días, cinco motociclistas murieron en distintos siniestros viales en Río Cuarto. Las cifras no son sólo estadísticas: son nombres, familias, historias. Cada nuevo hecho reabre la discusión sobre la responsabilidad individual, los controles, la prevención en una ciudad que parece no encontrar freno. A una semana del impacto fatal, la esquina vuelve a su rutina diaria, el semáforo continúa alternando luces y el tránsito sigue su curso. Pero para la familia Alanis nada volvió a ser igual. El vacío que dejó Martín no está en el incipiente expediente ni en la carátula judicial. Está en su casa, en su hija, en su trabajo, en cada espacio que extraña su presencia. La Justicia tendrá la tarea de determinar responsabilidades. La ciudad, sus vecinos, la de preguntarse cuántas advertencias más necesita para comprender que detrás de cada imprudencia hay vidas que no se recuperan.



Justicia por Martín
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