La película protagonizada por Natalia Oreiro llegó a las plataformas. Un retrato conmovedor y político sobre las mujeres que sostienen detrás de los muros, donde el amor se convierte en forma de resistencia.
Arrojamos seres amados hacia el futuro, dice la poeta Sharon Olds. La protección del núcleo familiar no es para siempre. Al crecer, salir del hogar, los jóvenes toman sus propias decisiones. Los amigos, el ambiente, el clima de época y la formación extra familiar influyen en la conformación de su personalidad. Incluso pueden ser dos personas distintas en la casa y en el afuera. Ante eso ¿Cómo reacciona una madre? La mujer de la fila plantea esta problemática.
Dirigida por Benjamín Ávila y protagonizada por Natalia Oreiro, La mujer de la fila (Argentina/España, 2025) explora un territorio casi inédito en el cine argentino: cómo la prisión de un hijo transforma la vida de una madre. A través de ella, la película ilumina también el entramado familiar y social que se ve sacudido por esa ausencia.
Basada en la historia real de Andrea Casamento, lo que vivió cuándo su hijo fue encarcelado por error y la conformación de la Asociación Civil para Familiares de Detenidos (ACiFaD). Ella es una mujer viuda, madre de tres hijos que trabaja en una inmobiliaria. Llevan una vida tranquila hasta que la policía irrumpe en su hogar y se lleva a su hijo mayor preso. A partir de allí comienza un universo completamente desconocido para ambos. Andrea debe entender a la fuerza como funciona la cárcel: la espera, el cacheo, las filas frente al penal, los pasillos de visitas, la burocracia infinita. A medida que pasan los meses ese espacio desconocido comienza a ser parte de su vida y establece vínculos con otras mujeres que van a visitar a sus familiares, como también con un interno en particular.

Benjamín Ávila es conocido por Infancia Clandestina (2011) y la serie Diciembre 2001 (2023), pero tiene en su haber más de 27 películas entre dirección y producción. En las mismas plantea una posición política que se expresa desde lo personal. Particularmente en La mujer de la fila no es necesario hacer explícita esa postura porque todas las decisiones estéticas están alineadas en ese sentido. No se apropia de la voz de quienes están privados de la libertad sino que lo desarrolla a través del punto de vista de la madre y su condición de clase media. La construcción de la cárcel como un lugar al que se puede acceder hasta cierto punto, y que sólo los que la viven lo conocen, rompe estereotipos.
La iluminación y los colores son claves para crear los climas y acentuar el ánimo de los protagonistas. La primera escena de ella yendo a la cárcel en colectivo tiene una ventana dividida en dos: de un lado gris y del otro transparente. Hacia el final esa misma ventana es solo transparente, metáfora de lo integrado en su vida.
La faceta que presenta Natalia Oreiro como actriz en sus últimas producciones – La mujer de la fila, La noche sin mí- condensa su experiencia en el cine. Despojada del glamour, y la pretensión de ser bella (por supuesto que sigue siéndolo) construye a una mujer-madre-agotada y triste que es muy verosímil. Sus compañeros de elenco como Amparo Noguera en el papel de “La 22”, madre de otro detenido que la ayuda a entender ese mundo tras las rejas. Alberto Ammann como el preso con el que entablan un vínculo, y Federico Heinrich, el hijo detenido, contribuyen a construir un universo humano creíble.

Hay otras películas argentinas que ponen de manifiesto lo que viven las mujeres cuando la vida está tras las rejas. La Visita (2019), un documental sobre las mujeres que viajan al penal de Sierra Chica cada fin de semana y Las Ranas (2020) una docuficción sobre una jóven que visita a un chico, también en Sierra Chica. Ambas visibilizan la situación de las mujeres que acompañan a seres queridos presos. En el caso de La mujer de la fila incorpora la pregunta “¿Quién cuida a las que cuidan?” visibilizando que el 90% de las mujeres que sostienen económicamente a quienes están privadas de la libertad son jefas de hogar.
La mujer de la fila se consolida como una de las propuestas más significativas del cine argentino de 2025. Combina con eficacia lo personal y lo colectivo, lo íntimo de la condena de un hijo y lo estructural del sistema. Muestra la vida de quienes esperan y acompañan, de quienes sufren una condena indirecta. Ensayan la pregunta de Silvio Rodríguez ¿A dónde van los pequeños terribles encantos que tiene el hogar?/ Acaso nunca vuelven a ser algo/ Acaso se van.


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