David Brito, artista
El arte que viaja en hilos
Tiene 31 años y es riocuartense. Trabajaba en un Call Center, decidió renunciar y cambiar su vida. Es Técnico en Artes Visuales y lo suyo era la pintura. Desde el 2021, se dedica al bordado realista y recibe encargos de todo el mundo. El recuerdo de su abuela y el viaje a Japón. Con la aguja, y una mirada sensible y transgresora, borda rostros, recuerdos y también su forma de ver la vida.
Fotos: Santiago Mellano

En la víspera de la llegada de los Reyes, el barrio se viste de ilusión. Tiene calles de tierra, casas apiladas una al lado de la otra y una iglesia. Son las 7 de la tarde y el día se estira porque el sol no abandona el cielo. Se niega a irse. Las risas de los niños se escuchan como ecos que provienen de todos lados. El trinar de las gomas de las bicis contra la arena también se siente. Algún que otro perro mueve la cola en busca de cariño. Es una tibia tarde de enero, y hasta el tiempo parece aflojar la marcha. David nos abre la puerta y muestra una sonrisa amplia. Tiene el pelo negro y barba. Se acomoda la patilla de los anteojos y nos invita a pasar. En su cuarto, su mundo, entre hilos y tijeras. Sus trabajos han recorrido el mundo porque le han hecho pedidos desde distintos puntos del planeta.
“Este es mi taller, acá está mi universo creativo”, dice con alegría genuina. Una silla, un escritorio, y cientos de hilos enrollados en pequeños compartimentos de madera. Ordenados por colores. Las agujas de coser también se abren paso para lucirse. la habitación, pequeña en metros, inmensa en puntadas. Se sienta en la silla y nos cuenta cómo arrancó su pasión de pintar con hilos.
-¿Cómo arrancaste con el bordado?, ¿alguien te enseñó la técnica?
-Arranqué en el 2015 a bordar. Estudié tecnicatura en Artes Visuales en Córdoba. Mi formación tiene que ver con la pintura y el dibujo. Siempre me gustó mucho el tema del color. Venía haciendo figuras humanas en acrílico, en pintura hasta que llegó un momento que necesité cambiar, probar nuevos formatos. Con el tiempo empecé a ver el bordado como una forma de expresión artística. En el imaginario, está mas ligado a una cuestión decorativa, de la abuela bordando una prenda o un accesorio para el hogar. Empecé a probar, lo mío fue todo autodidacta. Los conocimientos de la pintura me sirvieron. Yo de bordado no conozco mucho. Para mí es como pintar con la aguja, ir y venir, con la idea de rellenar. Empecé haciendo imágenes lineales y texto y, a medida que me fui comprando hilos, empecé a probar trabajar imágenes.

-Todo un desafío el tema de lograr los colores, ¿no?
-Sí, en la pintura podés mezclar los colores y obtener miles; acá no, lo distinto era lograr muchos colorores con tan pocos. Cada trabajo fue como un ejercicio, y ganar práctica. Después de que pasé ese nivel, me propuse hacer retratos. Quería hacer realismo en el bordado y arranqué con retratos. Empecé con famosos, con animales.
-¿Cuáles son tus herramientas de trabajo?
-El hilo mouliné que se abre, y tiene 6 hebras. Lienzo, agujas de coser, me gustan las agujas largas. En los trabajos se ven todas las capas de hilo, una tras otra para lograr efectos, detalle. Cada color es un código. Armo la paleta de acuerdo a la fotografía que quiero retratar. También el corta hilacha.
En su vida, la transformación llegó cuando se animó a dar el salto fuera de la comodidad y apostó por lo incierto. Trabajaba en un Call Center en la ciudad de Córdoba y ya no quería esa vida. Abandonó los auriculares y lo reemplazó por el bastidor y las hebras. “Estaba en Córdoba, renuncié y me volví a la casa de mis viejos. Me dije a mi mismo que quería que éste fuera mi trabajo y empecé a bordar más tiempo de lo que trabajaba. Entre 12 y 14 horas estaba sentado bordando. Desde siempre lo disfruté. Desde ahí, todo cambió”, dice convencido. Asegura que se le pasa volando el tiempo mientras pinta con la aguja. Para él, los hilos no son solo materiales: son palabras, emociones, puentes. Bordar no es decorar: es decir. Cada puntada es un gesto; cada retrato, una declaración: David borda el mundo desde su sensibilidad y rebeldía.
Puntadas que laten
Con serenidad y de manera amable, nos muestra sus trabajos que inundan su espacio. Hay retratos de gatos, perros, y rostros con un detalle que es difícil describir con palabras. Es simplemente asombroso. Él sonríe a cada cumplido y agradece con una mirada tierna detrás de los lentes.

-¿Hace poco volviste de Japón?
-Sí, en marzo me fui a Tokio y volví hace unos días. Me fui a trabajar y lo hice en un restaurante. Quería vivir la experiencia de estar en otro país. Siempre mi vida es de cero a mil. Nunca había viajado y me fui a Japón. El idioma es una gran barrera, casi no hablan inglés. Allá, me hice un grupo de artistas de bordados, tejidos y nos reuníamos de vez en cuando. Fue una buena experiencia, pero no la repetiría.
Abandona la silla y se levanta a buscar un paño blanco en cuyo centro hay un gato negro y las columnas de un templo. “En Japón no hay animales callejeros. Casi no hay gatos ni perros sueltos. Yo volvía todos los días del trabajo y estaba ese gato negro en la puerta de ese templo. Algo inusual. A ese lugar iba yo a rezar por la salud de mi abuela. Era una forma de estar más cerca de ella”, cuenta con el recuerdo vivo.
Mi abuela
“En cada puntada, la siento cerca”, dice con cierta tristeza. Ella, quien falleció hace poco, fue una gran inspiración para él. Tejía y hacía arte con sus manos, también. La menciona durante la charla en varias oportunidades, incluso, un retrato suyo está colgado en una pared de la cocina, y otro, con el cabello entrecano, luce sobre un mueble, cerquita de las madejas de hilos violeta. La voz se le entrecorta y comenta: “Ella me apoyaba mucho, siempre ha sido muy compañera. Me decía que mi felicidad era la de ella. Ella tejía. Hacíamos trabajos juntos. A María Becerra le bordé una carta y ella me tejió el sobre de esa carta. El primer retrato que hice fue el de mi abuela”, recuerda con la emoción que brota en sus palabras.

Hilos viajeros
-¿Hasta dónde han viajado tus hilos?
-He enviado trabajos a Estados Unidos, Italia, Francia, Bélgica, México, Chile. En Argentina, a todos lados. He tenido muchas consultas, por suerte. Además, le he hecho llegar bordados a distintas figuras como María Becerra, Emilia, a Tini. Trabajo mucho, soy muy detallista.
-¿Cuál es tu sueño?
-Sueño con viajar y llevar mi arte a otras partes del mundo. Trabajar con el bordado. Para mí el arte no es solo hacer retratos; ésta es una forma de vivir del arte. No quiero que la gente me vea como la persona que hace retratos de animales nada más porque va más allá. Es una forma de expresarse, de trascender, de transgredir, de opinar de la realidad. También, hago arte en relación a la política. Con el tiempo he aprendido a saber cuándo hacerlo porque algunas veces recibís críticas. Cuando empecé sí me afectaba, pero ahora no. Ahí también puedo ser yo mismo. Me expreso a través del bordado.
Concluimos la entrevista y dejamos su casa. En la calle, siguen esperando a los Reyes en la puerta de la iglesia. David quedó en su mundo: con aguja en mano y sus ojos bien abiertos.


