En tiempos de playlists, algoritmos de redes, recomendaciones semanales y consumo masivo de música virtual, parece imposible imaginar que en una época, para acceder a escuchar las canciones que te gustaban había que comprar un disco que las tuviera todas juntas. Y no siempre pasaba, había rellenos, canciones ignotas, pero al mismo tiempo descubrimientos. Un viaje inusual hacia épocas en las que la radio y la TV complementaban a cuentagotas nuestra sed de música. Todo el resto lo hacían los compilados

