En una gala dominada por famosos, pantallas y estatuillas doradas, el Martín Fierro de Oro no quedó en manos de los grandes nombres del streaming argentino. El premio mayor fue para una expedición científica transmitida por YouTube, que llevó al fondo del mar al centro de la escena y convirtió a una estrella de mar en símbolo de una forma distinta de comunicar la ciencia. Así analizan el fenómeno Marta Dardanelli, secretaria de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Río Cuarto y la investigadora del CONICET, Fernanda Melgar.

En una ceremonia pensada para celebrar al streaming argentino —sus figuras, sus programas, sus audiencias y su capacidad de generar negocios— el momento más inesperado de los Martín Fierro de Streaming no lo protagonizó ninguno de los tanques del entretenimiento digital. No fue Luzu, ni Olga, ni los programas que todos los días dominan YouTube. El premio mayor fue para el CONICET. Y para una transmisión científica que, meses atrás, logró algo impensado: que miles de personas se quedaran mirando el fondo del mar en vivo, entre cámaras submarinas, criaturas desconocidas y una curiosidad creciente por un mundo que suele quedar en la oscuridad.
La imagen terminó de cerrar la escena: científicos arriba del escenario, rodeados de productores, streamers e influencers, mientras desde las mesas se escuchaba un canto poco habitual para una entrega de premios: “¡CONICET, CONICET!”. Miguel Granados, Nicolás Occhiato, Luquitas Rodríguez y otras figuras del streaming acompañaban el festejo. El Martín Fierro de Oro no era para un show de humor ni para un ciclo de entrevistas, sino para una expedición científica que había logrado romper la lógica habitual del algoritmo.

Mirar el fondo… y mirar distinto
Para Marta Dardanelli, secretaria de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Río Cuarto, el fenómeno tuvo varias lecturas. “Sirvió para poner en valor lo que hace la ciencia argentina, pero también para mostrar cómo se hace: en cooperación, en equipo, con vínculos entre instituciones y países”, señala. En ese sentido, la transmisión no solo mostró resultados, sino procesos.
El impacto fue concreto. Según Dardanelli, a partir del streaming comenzaron a aparecer nuevas inquietudes: estudiantes interesados en carreras vinculadas a las ciencias biológicas, preguntas sobre investigaciones marinas y curiosidad por áreas que, muchas veces, parecen lejanas o inaccesibles. “A veces se piensa que el océano es solo agua en movimiento, y ahí se vio la enorme diversidad que existe en el fondo”, resume.
La expedición funcionó como disparador. No solo por lo que mostró, sino por cómo lo mostró: sin solemnidad, sin discursos grandilocuentes y con una transmisión abierta que invitaba a mirar, escuchar y preguntar.

Marta Dardanelli, actual secretaria de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Río Cuarto.
Comunicación pública, no divulgación
Fernanda Melgar, investigadora del CONICET y profesora en la Universidad Nacional de Río Cuarto, propone una distinción clave para entender lo que pasó. Ella no habla de divulgación científica, sino de comunicación pública de la ciencia. Y no es solo una cuestión semántica.
“La divulgación suele ser más unidireccional: alguien que sabe explica algo. La comunicación pública, en cambio, propone un diálogo”, explica. Melgar, psicopedagoga y doctora en psicología, coordinó durante casi una década el ciclo Café Científico, una experiencia pensada justamente para sacar a la ciencia de los ámbitos cerrados y ponerla en conversación con distintos públicos.
Ese ida y vuelta implica escuchar qué le interesa a la gente, qué preguntas aparecen, qué sentidos se construyen y, a veces, que se “vaya de las manos” en un buen sentido. “La ciencia es parte de la cultura, como el arte o la música. Es un conocimiento al que tenemos derecho a acceder”, sostiene Melgar.
Desde esa mirada, el streaming del CONICET mostró algo que muchas veces no se cuenta: que la ciencia no es solo un resultado final, sino un proceso largo, colectivo y lleno de intentos, errores y discusiones. No hay descubrimientos instantáneos ni figuras individuales, sino equipos de trabajo y tiempos que no siempre encajan con la lógica del consumo rápido.
La ciencia en un escenario inesperado
Que el Martín Fierro de Oro haya quedado en manos de una transmisión científica, en medio de formatos consolidados y producciones millonarias, no es un dato menor. Para Dardanelli, el premio también habla de un respaldo social que sigue existiendo: “Que haya sido reconocido en un espacio tan instalado y consumido como el streaming dice mucho sobre cómo la sociedad valora la ciencia”.
Melgar es más cauta. Reconoce que el premio no resuelve discusiones estructurales ni garantiza un cambio profundo en la percepción pública, pero sí abre una puerta. “Todavía hay mucho trabajo por hacer, sobre todo en las escuelas, en los territorios, en las universidades del interior”, advierte. En muchos casos, asegura, una feria de ciencias en una escuela pública genera impactos más duraderos que un evento nacional.

Con este cartel cerraron la transmisión los investigadores del CONICET desde el fondo del mar.
Sin embargo, Melgar reconoce que la estrella culona y la expedición al fondo del mar lograron algo difícil: sacar a la ciencia del lugar solemne, volverla cercana sin banalizarla, y ponerla a dialogar con públicos que no suelen buscarla. Todos los que manejamos redes sociales diariamente nos enteramos de lo que estaba sucediendo en lo más profundo del océano.
Un batacazo difícil de repetir
En una gala atravesada por marcas, números y algunas tensiones entre las potencias del streaming nacional, la ciencia apareció sin escenografía exagerada ni discursos ensayados como un fuerte contraste. Apareció con imágenes reales, preguntas abiertas y una transmisión que invitaba a quedarse mirando.
La ciencia no compitió con el streaming: se metió en su lógica, usó sus herramientas y encontró una manera distinta de contar lo que hace. La estrella culona probablemente siga siendo un meme. El premio quedará en una vitrina. Pero el batacazo ya está hecho: por una noche, el Oro no fue un show, sino para la ciencia argentina.


Excelente nota!
Aguante la ciencia argentina!
Muy merecido reconocimiento a la labor de tantos profesionales investigadores, que encontraron una muy buena forma de comunicar lo que hacen.
Gracias Otro Punto por acordarse de ellos.