El fenómeno Therians
Sólo respuestas incorrectas: tiene cola, cuatro patas y ladra, ¿qué es?
Inundaron las redes. Provocan asombro, indignación, burlas pero también un efecto contagio que por estos días no parece encontrar techo. La irrupción de los Therians es un fenómeno social que tensiona la frontera entre lo humano y lo animal. ¿Fauna pasajera o llegaron para quedarse?

Un día vas caminando por la calle y escuchás un ladrido rozándote los tobillos. O tenés la mala suerte de pisar la baldosa sucia y olorosa, marcada por el paso de otro ser. O arrojás un poco de comida al piso, para que alguien en el acto se acerque a picotear. Solemos pensar esos encuentros como casuales: ver un perro callejero, un gato que se escurre entre las rejas, una paloma que picotea las migas. Pero hoy esa frontera se vuelve más confusa. Porque quien ladra, quien imita ciertos gestos, quien actúa guiado por una identificación profunda con un animal, no siempre es literalmente un animal. Los therians son un fenómeno social que tensiona el umbral entre lo humano y lo animal. ¿Moda pasajera o llegaron para quedarse?
El término refiere a personas que se identifican profundamente con un animal como perros, gatos, zorros, lobos. Los Therians no solo se reconocen simbólicamente en esas especies, sino que adoptan conductas asociadas a ellas, como correr en cuatro patas, emitir sonidos o interactuar entre sí. El significado del término “therian”, abreviatura de “theriantropy”, refiere a la identificación profunda y persistente con un animal. En el Barrio Chino, en Buenos Aires, no es extraño que algunos se detengan a mirar chicos y chicas con máscaras o colas artificiales moviéndose en grupo, imitando movimientos y gestos animales. Las imágenes circulan en redes sociales y despiertan curiosidad, críticas y preguntas. En Jesús María, una adolescente de 14 denunció que fue atacada por una persona que, identificada como Therian, le mordió los tobillos. El hecho abrió un debate público sobre los límites entre expresiones de identidad y conductas que pueden afectar a otros.
Mientras tanto, en distintas localidades argentinas se organizan “juntadas Therian”, que son encuentros coordinados a través de redes sociales donde se invita a asistir con máscaras, collares, colas y a compartir dinámicas, como puede ser ponerse a ladrar, pelear entre ellos. Río Cuarto, siempre atenta a las tendencias que circulan, no quedó al margen. Una cuenta de Instagram y algunos carteles en la ciudad anuncian reuniones Therian los lunes, jueves y domingos. El fenómeno para algunos es una forma de expresión y pertenencia, para otros representa una práctica difícil de comprender.
Podríamos preguntarnos qué dice esta aparición sobre las nuevas formas de construir identidad en tiempos de redes sociales. El psicólogo Alejandro Martínez Pazo, nos ayuda a encontrar algunas claves.
“La adolescencia es una de las etapas evolutivas del desarrollo humano más compleja y más difícil que atraviesa toda persona. El adolescente empieza a sufrir cambios tanto emocionales como físicos, y empieza a sentir varias presiones sociales a las que no les puede poner palabras. Y todo esto lo va manifestando a través del mundo simbólico, a través de las simbolizaciones, todas las cosas que le duelen al adolescente, el cambio del cuerpo, en un momento el niño deja de ser niño, se mira a un espejo y empieza a tener cambios en su cuerpo que antes no tenía. Tanto el varón como la mujer siempre tienden a sentirse aceptados dentro de un grupo de pares. ¿Qué significa esto? Que la mayoría de los adolescentes de alguna manera u otra van esforzándose día a día para poder pertenecer a un grupo de pares”, explica el profesional.
“Los seres humanos o personas somos seres sociales, nacemos en la panza de un otro y necesitamos siempre de ese otro que de alguna manera u otra va trabajando o contribuyendo nuestra autoestima, siempre la autoestima es como se mira uno en el espejo en relación a la mirada del otro. Las personas que por lo general tienen la autoestima más baja tienden a ocultarse, a no ser vistos, a aislarse”, agrega.
Alejandro Martinez Pazo no lo entiende como un trastorno ni como una patología. Asegura que se trata de una forma de mostrarse, propia de esta época puntual. Cree que hoy puede ser el fenómeno Therian y mañana cualquier otra forma.
También considera que la práctica no resulta problemática en sí misma. Sostiene que, mientras la identificación con el animal no interfiera en la vida cotidiana, no deberíamos considerarla perjudicial.
Solo sería motivo de preocupación si aparece acompañada de conductas que afecten la salud mental o la vida cotidiana del adolescente, como el aislamiento extremo, el autoboicot, las autolesiones o el deterioro en la socialización. En esos casos, sería necesario acudir a un profesional de la salud mental para acompañar el proceso. Fuera de esas situaciones, concluye que se trata de una práctica contemporánea que no considera que tenga gravedad.
La identidad como artificio
El filósofo Santiago Polop también aportó su mirada a Otro Punto. “La palabra persona proviene del griego prosopon, que significa máscara”, explica. En el teatro griego la máscara construía, de a poco, la identidad. Desde esa etimología, la persona sería una construcción compuesta por muchas representaciones. Polop cree que las identidades que asumimos son “artificios propios de la experiencia humana”. Asumiéndolo así, la irrupción de los Therians podría pensarse como una representación más dentro de la infinita búsqueda de la identidad.
Pero su reflexión va más allá de las máscaras, que siempre, aunque se vean bonitas, ocultan algo detrás. Se pregunta: ¿por qué hoy la identidad se busca en lo animal? ¿Qué implica esa huida de lo humano? ¿Qué tiene para ofrecernos el mundo occidental, más allá de angustia, dolor y muerte?
“¿Con qué humanidad nos identificamos cuando vemos genocidios televisados, violencias cotidianas y disputas por qué máscara es válida según el género, el color o la ideología?”, cuestiona.
Para Polop el problema debería centrarse en interrogar el contexto. “Vivimos en un mundo donde el mercado parece ser el único criterio ordenador, donde los deseos se mercantilizan y donde se han debilitado los horizontes comunes que daban sentido a la pertenencia colectiva. Se perdió una agenda pública que explore la angustia, el miedo y el rechazo humano. Hay una destitución del humano como criterio ordenador de la realidad”, afirma. “Entonces, tal vez hay algo ahí, en esa huida de lo humano” En este marco la identidad se vuelve algo frágil e inestable. Quizá ser Therian es una forma de respuesta a una crisis amplia sobre qué significa ser humano hoy. El filósofo propone dejar de patologizar el fenómeno y prestar más atención al contexto que hoy se está viviendo.
En muchos testimonios circulando por las redes, distintos Therians comentan que lo hacen por un par de horas al día. En el Barrio Chino, en Córdoba, en Salta, en Río Cuarto. Grupos de adolescentes se reúnen en las plazas, bajo la mirada de muchos. Algunos miran asombrados, otros burlándose. Pasa algún alma diciendo que los dejen, que no hacen nada malo. Una madre observa desde un banco, pasa un hombre frunciendo el ceño. Los Therians juegan con sus máscaras, persiguiendo las colas. Ladran a los niños al pasar, a alguna pequeña le muerden los tobillos. Ellos construyen su propio territorio simbólico.
Pero, en casi todos los casos, cuando llega la noche y regresan a sus casas se quitan las máscaras. Guardan las colas en sus mochilas. Mañana habrá rutinas. Y, una vez más, aflorarán los mismos interrogantes: “¿Ser un Therian, es un juego o una moda? ¿Es una máscara más en esta sociedad? ¿O una forma de buscar, aunque sea por horas, un lugar donde pertenecer?
Ni más ni menos que eso.

