Entre la vigencia y las emociones
El Pasaje Dalmasso, la primera galería de la ciudad
El desarrollo edilicio de Río Cuarto era una realidad indisimulada cuando en 1948 fue habilitado el llamativo Pasaje Dalmasso como la primera galería comercial de la urbe. Fue aquello un acontecimiento de significativa originalidad, al frente mismo de la plaza principal que, rápidamente, se incorporó a los paseos tradicionales de toda la comunidad. ¡Y 67 años después sigue vigente!
Numerosas firmas comerciales, alguna de alta raigambre, permanecieron fieles al paseo por años; hecho que, seguramente, movilizará la memoria de quienes sienten la necesidad de evocación como forma de sobrevivir. ¿Quién no tomó un helado, o compartió un café, se roció un perfume, compró un reloj, una cartera o un teléfono celular? Quizá no compró nada, solo se guareció de una lluvia, o pasó por pasar. Lo mismo da, al punto de creer que: no hay un riocuartense que alguna vez no atravesó “el pasaje”. Lo que tal vez pocos recuerdan –o desconocen– fue la curiosa inauguración del clásico espacio comercial
La moda de los pasajes
Nos asegura el historiador Carlos Mayol Laferrère: “los pasajes fueron los antecesores de las modernas galerías. Famosos fueron en Buenos Aires el pasaje Güemes que unía las calles Florida con San Martín, y el pasaje Barolo en la avenida de Mayo. Las ciudades del interior no se quedaron atrás, los tuvieron Córdoba, Mendoza y Mar del Plata, y un día el progreso le concedió a Río Cuarto el suyo.” Las voces de los viajeros hablaban del pasaje Muñoz y después del pasaje Central en la capital cordobesa.
Los creadores
La inquietud inversionista se debió a los hermanos Carlos, José, Francisco y Juan Dalmasso junto a Alfredo Pagano, quienes encargaron los planos al arquitecto Nereo Tomás Cima, casado con la eminente arquitecta coterránea Nélida Elina Octavia Azpilicueta. El diseño en forma de T con acceso por tres calles: San Martín, Constitución y Sobre Monte fue entregado a la edificación de la empresa integrada por el ingeniero Jorge Ravazzola y el constructor Francisco Campisi. El enorme sitio estuvo ocupado por viejas casonas del siglo XIX en las tres calles y allí se levantaron las galerías de la planta baja, exclusivamente para locales comerciales y quioscos; en tanto, la planta alta la ocuparían oficinas y salones. Uno de los primeros inquilinos fue el Gorriones Rugby Club cuya sede se ubicó varios años en el lugar, incluidas las canchas de bochas, creemos que un caso único en el mundo.
“La forma otorgada contribuye a brindar perspectiva y luz natural, la regularidad de sus corredores, la anchura y elevación de ellos y la ubicación de sus stands centrales, lo hacer una obra perfecta en su género. Digno de encomio es la actitud de quien construyó esta obra, financiándola con clara visión de un futuro siempre ascendente de esta ciudad. No se ha escatimado gasto en la empresa, al importante valor del terreno edificado, se suman la calidad de los materiales y la competente dirección técnica que asegura a la obra, solidez y belleza” (revista Selección).
Tal vez pocos conozcan que el proyecto contemplaba un ala con salida por calle Déan Funes, estableciendo una cruz, obra que nunca se concretó y con el tiempo se desechó para siempre.
Se apresura la inauguración
El acto inaugural se cumplió al anochecer del 22/4/1948 cuando el ramal por calle Sobre Monte no estaba finalizado. Pero, “el tránsito al público” fue liberado “coincidiendo con la celebración de un grato acontecimiento familiar”. Claro, esa misma noche contrajeron enlace matrimonial la señorita Olga Beatriz Dalmasso Guerci (la hija de don Carlos Dalmasso) y el teniente Leandro R. Narvaja Luque, dando la planta alta lugar a la recepción de los numerosos invitados de la sociedad riocuartense que se dieron a admirar “la magnificencia y elegancia de los locales y quioscos” realzados “por la exuberante iluminación fluorescente” según la crónica de El Pueblo. Es hermoso acotar que Beba vive, con noventa y ocho años.
Así fue y así continúa
“El corazón de Río Cuarto está latente en su centro y ese centro es indudablemente el Pasaje Dalmasso, por derecho de preferencias; congratulémonos de ello, pues es digno serlo, por su perfección, por la estratégica ubicación y por ese generosos concepto de colaboración edilicia que alentó a sus constructores y que nos place resaltar” (revista Selección).
En la primigenia fisonomía aparecieron negocios que hicieron su propia historia, por caso: Pituca; al comienzo la confitería Mar Azul en la planta alta; por algunos años casa Ópera en sus inicios; la perfumería Edén, más tarde su homónima Karina; Bebelín; la juguetería Maretel, posteriormente El Chiche; la marroquinería de Meynet, la gran peluquería con entra por el oeste, la heladería de Néstor Cambón, la relojería La Italiana, los cafés, y una incontable seguidilla de emprendimientos que la memoria fue borrando.
Como es acertado imaginar, la ciudad continuó creciendo, incluso, en alturas imponentes. En algunos casos la magnificencia, en otras la belleza, o tal vez, el ingenio arquitectónico, nos concedieron las obras y formas para ver diferente a Río Cuarto como ochenta años antes. Que el Pasaje Dalmasso, histórico paseo de compras, permanezca en pie y vigente, nos complace y seguro, seguro nos emociona a la vez…



Aguante Río IV, el pasaje Dalmasso, La abuela Coca y Boca!!!
Qué linda historia! La desconocía y me resulta muy gratificante saber de esta trayectoria tan rica e importante para la ciudad. Lindo también que Beba pueda vivir este homenaje cargado de recuerdos hermosos. Y felicitaciones a la familia Dalmasso por su gran aporte a la ciudad.
Que linda historia!! Cuanto agradecimiento hacia la Familia Dalmasso porque siempre contribuyeron al progreso de la ciudad y mas tarde lo siguieron haciendo con la galería del cine.
Fueron los que ayudaron al engrandecimiento de la ciudad.