Docentes, estudiantes y trabajadores de distintas ramas recurren a Uber como ingreso extra para cubrir los gastos básicos en un contexto de pérdida del poder adquisitivo y salarios que no alcanzan.
El celular vibra, en la pantalla aparece un nuevo viaje y el conductor decide: “acepto, o no”. No hay horario fijo ni rutina estable: se maneja cuando se puede, cuando hay tiempo o cuando hace falta plata. Entre viajes cortos, pasajeros desconocidos y la incertidumbre de cada jornada, manejar para Uber se convirtió en la alternativa más elegida para sumar ingresos. Son cada vez más los docentes, trabajadores y estudiantes que recurren a Uber como una forma de aumentar sus ingresos. La posibilidad de manejar los propios horarios y empezar casi de inmediato convierte a la aplicación en una opción accesible, aunque no exenta de dificultades.
Valentín Bruno, docente y director rural de nivel inicial y primario, forma parte de ese fenómeno. Hace 16 años que trabaja en el sistema educativo y, desde comienzos de 2025, decidió empezar a manejar con la aplicación. “Con la inflación de los servicios y de los precios de los comestibles, decidí empezar con Uber”, cuenta. La idea venía rondando desde antes, a la espera de una mejora salarial que nunca llegó. Hoy sostiene ambas actividades en paralelo.

Su situación económica marca el punto de quiebre: “llego hasta el día 20 de cada mes”, dice sobre su salario docente. Padre de dos hijos, uno en la universidad y otro en la secundaria, explica que los gastos crecieron y que el ingreso ya no alcanza. “Muchos docentes con dos cargos buscan una manera extra para llegar a fin de mes. El pluriempleo hoy ya casi está naturalizado”, agrega.
Bruno dedica unas 12 horas semanales a manejar, principalmente los viernes y sábados. Sin embargo, lejos de representar una mejora en su calidad de vida, describe el trabajo como una salida precaria: “Muy precarizado, el automóvil se arruina, menos horas con la familia”. La doble jornada, asegura, tiene un costo alto: “Esa calidad de vida que se tiene con una jornada se pierde al tener dos trabajos. La vida no se recupera, pasa y pasa”. También reconoce el desgaste físico y emocional que implica sostener ambas tareas.
El docente vincula su situación con un deterioro más amplio de la profesión. Cuestiona las políticas salariales de los últimos años y advierte sobre una pérdida de valoración social: “Dicen que somos vagos, que trabajamos cuatro horas y tenemos tres meses de vacaciones”. En ese contexto, plantea que el Estado debería impulsar mejores políticas educativas e invertir en la educación pública para garantizar condiciones dignas.
Incluso, admite que en los últimos meses comenzó a replantearse su continuidad en la docencia. Piensa en la jubilación. “Hoy un jubilado docente cobra 740 mil pesos” y señala que gran parte del salario se percibe en negro. “Los que ya estamos pensando en jubilarnos pedimos que los aportes sean al básico”, sostiene.
Sobre Uber, es claro: “La necesidad tiene cara de hereje. Saca del apuro del día a día, pero exponés tu automóvil y tu vida”. Y proyecta un escenario preocupante: si la situación continúa, más docentes buscarán empleos alternativos o abandonarán el sistema.
La experiencia de Bruno se replica, con matices, en otros sectores.
De la ruleta al volante
Luis, técnico de máquinas en el casino de Río Cuarto, empezó a manejar en septiembre de 2024 después de atravesar una situación económica personal complicada, en una línea similar a la que describe Bruno. Hoy combina su empleo formal de ocho horas con dos jornadas semanales al volante, generalmente los fines de semana. Sus ingresos son variables: asegura que puede ganar entre 200 mil y 500 mil pesos por mes, dependiendo de la demanda. “Me re ayuda a llegar a fin de mes”, afirma, aunque advierte que los gastos son altos. Solo en un mes llegó a pagar 700 mil pesos en mantenimiento del auto, entre tren delantero y service.
Para él, el atractivo principal está en la flexibilidad. “Es un trabajo que podés hacer a cualquier hora”, explica, aunque reconoce que hay franjas horarias más rentables, como la noche o los fines de semana. Sin embargo, también señala aspectos negativos: la inseguridad, el trato con pasajeros alcoholizados y la posibilidad de enfrentar controles en una ciudad donde la actividad no está completamente regularizada.

Esa misma preocupación aparece en el testimonio de Valentina, estudiante, quien utiliza Uber como ingreso complementario. Destaca la libertad horaria como una ventaja clave, ya que puede trabajar cuando tiene el auto disponible. Dedica entre cinco y seis horas por día, y aunque no le alcanza para mantenerse, asegura que es una ayuda importante mientras estudia. “No lo tomo como un trabajo de tiempo completo, pero sí para cubrir gastos como apuntes o transporte”, explica.
Valentina también remarca los riesgos: salir a trabajar implica la posibilidad de multas o de que le retengan el vehículo. “Siempre está ese miedo”, señala. A eso se suma la incertidumbre económica: si bien considera que es un buen ingreso extra, aclara que no permite ahorrar.
Lara, de día
Lara, de 20 años y también estudiante de la UNRC, coincide en que la principal motivación es la flexibilidad. Organiza sus horarios en función de la facultad y suele trabajar durante la semana. Evita los fines de semana y la noche por cuestiones de seguridad. “La ciudad es muy insegura y más siendo mujer”, afirma.
En su caso, utiliza el dinero para gastos personales y para aliviar la economía familiar. Trabajando entre cuatro y cinco horas diarias, estima que gana alrededor de 12 mil pesos por día. Sin embargo, reconoce que no siempre es fácil sostener un ingreso estable: “Hoy está complicado encontrar algo que se adapte a los horarios de la universidad”.
Los testimonios coinciden en que Uber funciona como una solución inmediata ante la necesidad económica. La facilidad para comenzar, descargar la aplicación, cargar los datos y salir a trabajar en pocas horas, lo convierte en una alternativa rápida frente a la falta de empleo o la pérdida de poder adquisitivo. Sin embargo, también advierten que no es una opción pensada a largo plazo.
“El problema es que cada vez hay más gente haciendo Uber porque la economía no acompaña”, señala Luis. Esa mayor oferta impacta directamente en las tarifas, que, según explica, han bajado hasta el punto de poner en duda la rentabilidad en algunos casos. Así, Uber aparece como una herramienta útil pero limitada: permite generar ingresos extra y adaptarse a distintas rutinas, pero está atravesado por la inestabilidad, los costos y los riesgos de trabajar en la calle. Para quienes lo usan, es una solución transitoria más que un proyecto sostenido en el tiempo.

