¿La quinta será la vencida?
Voces que se encienden en defensa de la UNRC
El jueves 12.000 personas participaron de la Quinta Marcha Federal Universitaria en Río Cuarto, para exigir el cumplimiento de la Ley de Financiamiento. Entre cantos y banderas, estudiantes, docentes, no docentes, y distintas agrupaciones recorrieron las calles, iniciando en el Puente Carretero hasta el Palacio Municipal.
Fotos: Laura Scott y Santiago Mellano
Son las cuatro de la tarde. El sol, que amenazó todo el día con quedarse escondido, brilla alto y fuerte. En la costanera, a orillas del río, empiezan a leerse los primeros carteles y flamean banderas de las agrupaciones. Sobre una viga que anuncia el inicio del puente carretero, una chica sostiene en lo alto la bandera argentina, que se extiende sobre la multitud como un pedazo de cielo entre el racimo de cabezas. El puente carretero tiembla al ritmo de una multitud que no deja de saltar.
La quinta Marcha Federal Universitaria se realizó para reclamar el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. Busca garantizar recursos para las universidades públicas, actualizar los salarios docentes y no docentes y fortalecer las becas estudiantiles. Aunque la Justicia ordenó aplicar parte de la ley, el Gobierno no avanzó con su cumplimiento. Por eso, un día antes de la movilización, un juez impuso una multa diaria de $100.000 al jefe de Gabinete, Diego Santilli, aunque la Cámara suspendió provisoriamente esa sanción mientras analiza la apelación oficial.


Todo viene siendo así por estos días. Un tire y afloje interminable, una pulseada que se dirime en el Congreso, en los tribunales, y sí, también en las calles.
La multitud caminó desde la Plaza San Martín hasta el Palacio Municipal. Bengalas verdes se encendieron y tiñeron las calles de la ciudad. La marcha reunió a todos. Desde bebés en brazos de sus madres y cochecitos adornados con carteles, hasta jóvenes que marcaban el ritmo de la tarde con bombos y tambores. También había ancianos que caminaban tomados de la mano, ayudándose unos a otros a avanzar, y quienes encontraban en sus bastones el apoyo necesario para seguir el paso de la multitud. Una marcha en la que distintas generaciones compartían las mismas calles y un mismo reclamo. La preocupación era común: la continuidad de una universidad pública, gratuita y de calidad.
Frente al Palacio Municipal, entre las banderas y las voces que todavía resonaban, comenzaron a aparecer las historias detrás de la movilización. Para una de las jóvenes, defender la universidad pública también significaba defender la posibilidad de estudiar. El próximo año espera ingresar a la Universidad Nacional de Río Cuarto. Es de una familia obrera y sabe que no podría afrontar los costos de una institución privada. Por eso, al hablar de la UNRC, destacó su calidad educativa y aseguró que volvería a elegirla todos los días.


Para Franco Ortiz, graduado de Trabajo Social de la UNRC, la defensa de la universidad no termina con la obtención de un título. También implica seguir encontrándose en las calles, acompañar los reclamos y sostener una lucha que considera fundamental para garantizar el derecho a estudiar. Entre las razones que lo llevaron a marchar, resalta la necesidad de defender a las universidades nacionales y exigir que se cumpla plenamente la Ley de Financiamiento Universitario.
Victoria y Luciana, estudiantes, también se sumaron a la convocatoria. Marcharon para acompañar a docentes, no docentes y estudiantes, en una jornada en la que el reclamo por el financiamiento atravesó las distintas voces. Para ambas, movilizarse es una forma de sostener el pedido por los recursos necesarios para que las universidades públicas puedan continuar funcionando.
Florencia estudia Comunicación y forma parte de la agrupación La Sal, en la Facultad de Ciencias Humanas. Para ella, la universidad es también un espacio desde el cual construir una sociedad libre y soberana. Ahí se produce conocimiento, pero también se crean vínculos, se comparte con otros y se construye comunidad. Por eso, entiende las movilizaciones como una oportunidad para encontrarse, debatir y defender colectivamente los derechos frente a las distintas problemáticas sociales.

Entre las banderas que reclamaban por la educación pública, también había lugar para otras luchas. Pilar, estudiante universitaria y militante con discapacidad, llegó a la marcha por dos motivos: el financiamiento de las universidades y la continuidad de la Ley de Emergencia en Discapacidad. Durante su testimonio, manifestó su preocupación por la falta de avances en la aplicación de esta última norma y por una realidad en la que, según expresó, los derechos de las personas con discapacidad continúan siendo vulnerados.
Las historias eran distintas. Algunos estaban por comenzar su recorrido universitario; otros ya habían atravesado las aulas y obtenido sus títulos. También estaban quienes, desde otros espacios de militancia, encontraban en la movilización una manera de defender derechos que exceden los límites de la universidad. Sin embargo, todas esas experiencias coincidían en un mismo punto: la necesidad de sostener la educación pública y reclamar los recursos que permitan garantizar su continuidad. El cierre de la concentración llegó con la lectura del documento nacional consensuado por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), que reunió los principales reclamos del sistema universitario. En la fuente de la Plaza Olmos, una figura de Javier Milei, representada mediante un títere sostenido por una mano, fue prendida fuego. La escena quedó entre las últimas imágenes de una tarde atravesada por banderas, bombos y voces de distintas generaciones. Detrás de cada consigna había una historia: la de quienes todavía sueñan con ingresar a la universidad, la de quienes ya pasaron por sus aulas y la de quienes defienden el derecho a estudiar.


