Kilómetro cero, ¿para quién?

Un peronismo que logró ordenarse, una oposición que llegó fragmentada, el castigo a un ciclo político y una abstención que también empieza a hablar. El resultado electoral en Marcos Juárez deja señales para una Córdoba que ya empieza a mirar hacia 2027.

¿Marcos Juárez volvió a ser el kilómetro cero?. La pregunta es: ¿kilómetro cero de qué y, sobre todo, para quién?

Desde 2014, cuando el triunfo de Pedro Dellarossa anticipó la alianza entre el PRO y la UCR que luego desembocaría en Cambiemos, cada elección municipal en esta ciudad parece condenada a transformarse en un oráculo de la política nacional. Esta vez ocurrió de nuevo. Germán Font ganó con el 46% de los votos, aventajó por casi 26 puntos a Dellarossa y terminó con más de medio siglo sin un intendente peronista electo en Marcos Juárez.

Voy a mirar solamente a Córdoba en este análisis. ¿Ganó el peronismo o ganó una manera diferente de construir una candidatura peronista?

Font compitió con Generación Marcos Juárez, sin el sello de Hacemos Unidos por Córdoba y en una campaña deliberadamente municipalizada. Llaryora tampoco convirtió la elección en una batalla personal; según reconstrucciones posteriores, la estrategia había sido bastante concreta, colocando un candidato joven y una discusión concentrada en los problemas de la ciudad.

Pero detrás de esa estética vecinalista ocurrió algo que es clave: el peronismo logró llegar ordenado. Alrededor de Font confluyeron distintas expresiones y no hubo una multiplicación de candidaturas disputándose el mismo electorado. El material posterior a la elección incluso registra versiones sobre movimientos de sectores vinculados a Sergio Massa y al kirchnerismo para evitar una dispersión. Apareció una unidad electoral sin necesidad de exhibirla como unidad ideológica.

¿Se unió entonces el peronismo? Sí, al menos para ganar una elección. Y eso, mirando a 2027, no es un dato menor. Pero cuidado con una conclusión demasiado cómoda para el oficialismo provincial…

Veamos otra manera de interpretar los números.

Font obtuvo 46,09%. Sin embargo, una lectura que circuló después del domingo comparó los votos peronistas de las últimas elecciones municipales: 6.208 en 2018, 6.257 en 2022 y alrededor de 6.150 ahora. Es decir, el gran terremoto electoral podría no haber ocurrido en el peronismo sino enfrente suyo.

Y ahí aparece la segunda pregunta: ¿ganó Font o perdió Dellarossa?

Probablemente hayan ocurrido las dos cosas. Dellarossa no era un desconocido que intentaba instalarse; había gobernado la ciudad durante dos periodos y había sido el protagonista de aquel Marcos Juárez convertido en símbolo nacional. Justamente por eso, su 20% resulta mucho más difícil de explicar solamente por la división opositora.

Hubo desgaste de la gestión de Sara Majorel, a quien Dellarossa había impulsado como sucesora. Hubo una campaña que algunos analistas calificaron como excesivamente confiada en el peso del apellido y los antecedentes del candidato. Y hubo, sobre todo, algo que las elecciones municipales suelen hacer con bastante crudeza: personalizar la responsabilidad. En una ciudad, el votante conoce al intendente, conoce al candidato, sabe qué calle no se arregló y qué problema no encontró respuesta.

Pero tampoco perdió solo.

El espacio que alguna vez había conseguido sintetizar al radicalismo, al PRO y al vecinalismo llegó esta vez partido. Dellarossa obtuvo cerca del 20%; Gerardo Pasquali, 17,3%; y Verónica Crescente, 11,3%. Tres candidaturas provenientes, con diferencias, de un universo político que durante años había conseguido mantenerse mucho más concentrado.

Entonces, mientras uno ordenó, el otro fragmentó. Y esa puede ser la enseñanza más incómoda para la oposición cordobesa de cara a 2027. No porque sumando mecánicamente votos se ganen elecciones (la política nunca funciona de manera tan sencilla) sino porque cuando un mismo espacio político ofrece demasiadas alternativas, puede terminar convirtiendo diversidad en impotencia electoral.

Y un cuarto protagonista del domingo fue el altísimo porcentaje de los que no fueron a votar. La abstención ya es un comportamiento político.

Y entonces volvemos al kilómetro cero, donde se pueden ver señales más que certezas:

  • Para el peronismo cordobés, ordenar puede ser más importante que mostrar el sello.
  • Para el radicalismo, el PRO y los distintos espacios no peronistas, que la fragmentación tiene precio.
  • Para La Libertad Avanza, que tener muchos votos nacionales en una ciudad no equivale automáticamente a tener construcción territorial.
  • Para Dellarossa, que ningún capital político es eterno.
  • Y para Llaryora, que a veces se puede ganar una elección sin convertirla en un plebiscito sobre uno mismo.

Entonces sí, Marcos Juárez volvió a ser el kilómetro cero… el de una Córdoba en la que nadie puede dar por propios los votos que alguna vez tuvo.

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