Rosario Márquez y Virginia Bussolati comparten una mirada sensible sobre la decoración, basada en la cuidadosa selección de piezas que combinan estética, calidad y calidez. Desde su espacio en Patio Liné, en Río Cuarto, apuestan por propuestas atemporales y ambientes que reflejen la personalidad de quienes los habitan.
Fotos: Nayla Dib
En Lo de Rosario, cada rincón está cuidadosamente pensado. Los colores, las texturas, los aromas y la disposición de los objetos crean una atmósfera cálida y armoniosa, donde la estética se aprecia en cada detalle. Al llegar al local, ubicado en Patio Linné, en Río Cuarto, la decoración navideña ya comenzaba a hacerse presente, anticipando una de las épocas más especiales del año. Allí, Otro Punto dialogó con Rosario Márquez y Virginia Bussolati, socias y amigas que, desde hace 11 años, comparten una misma pasión por la decoración. Juntas realizan la curaduría de cada pieza, guiadas por su sensibilidad, experiencia y una convicción: que los objetos no solo embellezcan los espacios, sino que también acompañen las historias de quienes los habitan.
La propuesta se distingue por la curaduría de objetos que ambas realizan, una tarea que implica recorrer ferias, descubrir proveedores, observar tendencias y elegir cada producto según criterios de calidad, estética y funcionalidad. Desde vajilla y pequeños accesorios hasta muebles, aromas y artículos para distintos ambientes, la selección responde a una misma filosofía: incorporar piezas capaces de integrarse a los espacios y perdurar en el tiempo.
Aunque el local lleva su nombre, Rosario destaca especialmente el trabajo conjunto con Virginia, a quien considera fundamental en el desarrollo del proyecto. Ambas comparten una sensibilidad estética y un criterio que fueron construyendo con los años. Esa mirada también se refleja en el propio espacio, donde cada detalle parece encontrar su lugar.

– ¿Cómo es el proceso de curaduría de los objetos y qué tiene que tener una pieza para que decidan incorporarla al local?
– Rosario: Yo lo hago todo por instinto, te digo la verdad. Si bien hay parámetros que uno puede seguir, muchas veces pasa por lo que siento. Es preguntarme: “¿Lo veo o no lo veo? ¿Lo siento o no lo siento?”. También pensamos en muchas otras cosas: si el objeto va a funcionar, si es lindo, si sirve, cuánto cuesta y si se va a vender. Hay una selección importante detrás de cada producto. Cuando a las dos nos gusta más o menos lo mismo, ya tenemos una línea definida y vamos hacia eso. A veces encontramos algo y nos lo mostramos, o vamos juntas a las ferias. También nos pasa que una elige un objeto que a la otra no la convence tanto, pero después funciona muy bien.
La búsqueda de nuevos productos forma parte de la actividad cotidiana de ambas. Visitan ferias especializadas, recorren exposiciones y mantienen contacto con distintos proveedores. Rosario también asiste habitualmente a Casa FOA y a encuentros relacionados con la decoración, donde encuentra inspiración y conoce nuevas propuestas.
Sin embargo, sostiene que ninguna tendencia reemplaza la intuición y la sensibilidad desarrolladas a través de la experiencia. Ese ojo crítico, compartido con Virginia, es el que termina definiendo la estética de Lo de Rosario.

– Aunque el local lleva tu nombre, siempre destacás que detrás de cada elección hay un trabajo compartido con Virginia. ¿Cómo se complementan?
– Rosario: Por más que se llame Lo de Rosario y que esté yo más a la vista de la gente, somos dos. ¿Qué me voy a llevar los laureles yo sola cuando somos dos? Todas las mañanas trabajamos juntas. A veces una encuentra algo y se lo muestra a la otra, o vamos juntas a las ferias. Tenemos gustos bastante parecidos y eso hace que la selección sea más fácil. Además, siempre tuvimos un muy buen equipo de trabajo.
Virginia, por su parte, contó que su trayectoria profesional estuvo inicialmente vinculada a los números y la administración de otros negocios, antes de involucrarse en el universo de la decoración junto a Rosario.
– Virginia: Yo siempre hice números, trabajé en otro negocio. Con Rosario hace muchos años que trabajamos juntas.
La confianza y la amistad que las une también se trasladan a las decisiones cotidianas. Ambas comparten opiniones, intercambian ideas y sostienen una forma de trabajo en la que cada una aporta su mirada.
– En decoración, las tendencias cambian constantemente. ¿Cómo encuentran el equilibrio entre lo que está de moda y aquellos objetos que pueden perdurar en el tiempo?
– Rosario: Nosotras siempre apuntamos a tener cosas que vayan con todo. La idea es que lo que compraste hoy pueda seguir gustándote dentro de diez años. Buscamos objetos que acompañen y que no dependan exclusivamente de una moda. Ahora, por ejemplo, estamos viendo un cambio del minimalismo hacia el maximalismo, pero eso también implica otros presupuestos y una mayor rotación de los elementos. Una cosa es incorporar un detalle de color o algún objeto de temporada y otra es cambiar toda la decoración de una casa. Para nosotras es importante que la base permanezca y que los elementos puedan combinarse entre sí.
La calidad, la calidez y la sobriedad son algunos de los conceptos que atraviesan la selección de productos. Virginia también hace hincapié en la importancia de que los objetos conserven su valor estético a lo largo de los años, más allá de las modas pasajeras.
De esta manera, la propuesta se apoya en una estética atemporal, donde los elementos neutros funcionan como punto de partida y los detalles permiten renovar un espacio sin necesidad de modificarlo por completo.

Espacios para vivir y sentir
Para Rosario y Virginia, decorar va mucho más allá de combinar colores, texturas y objetos. Se trata de pensar cada ambiente en relación con su arquitectura, su funcionalidad y, sobre todo, con las personas que lo habitan. Desde esa mirada, consideran que cada elección puede aportar calidez y personalidad, transformando los espacios en lugares que inviten a disfrutar de la vida cotidiana.
– ¿Cómo entienden la relación entre la decoración y la arquitectura a la hora de pensar un ambiente?
– Rosario: Para mí es un todo, porque la decoración termina de vestir los espacios que pensó un arquitecto. Lo ideal sería trabajar en conjunto, pensando qué muebles van en cada lugar y cómo se relacionan con los objetos. La arquitectura y la decoración van de la mano, y hoy también se incorpora mucho la jardinería y el paisajismo. Cada vez se ve más cómo lo verde empieza a formar parte de los espacios interiores. Por supuesto que no siempre se puede trabajar de esa manera, porque también hay que adaptar las necesidades al presupuesto de cada persona. Pero son disciplinas que se complementan.
Desde esa perspectiva, Rosario entiende que la elección de los objetos debe acompañar las características de cada ambiente, sus proporciones y, fundamentalmente, el uso que las personas hacen de él.
– ¿Qué es lo que más te apasiona del diseño de interiores y qué buscás transmitir a través de la decoración?
– Rosario: A mí me apasiona que las casas de las personas tengan las cosas que ellas quieren tener, que aparezcan sus vivencias, los recuerdos de un viaje, el libro que les gustó. Me gusta poner arte en las casas. No se trata de mudarte y llenar los espacios con objetos porque sí. Me gusta que cada uno aporte a su casa sus propias experiencias, su profesión, su historia. Si hay niños, por ejemplo, que los espacios también se adapten a ellos. Lo importante es que la casa tenga el sello de las personas que la habitan. Que uno pueda sentirse acompañado por su propia vida dentro de su hogar.
Esta manera de entender la decoración es uno de los pilares de Lo de Rosario. Más allá de los estilos y las tendencias, ambas consideran que un ambiente debe reflejar la personalidad de quienes viven en él.
Los objetos dejan de ser únicamente elementos estéticos para convertirse en piezas que guardan recuerdos, expresan gustos y acompañan la vida cotidiana.

– ¿Qué buscan actualmente las personas cuando quieren renovar un ambiente? ¿Se puede transformar un espacio sin realizar grandes inversiones?
– Rosario: La gente viene buscando de todo. Desde centros de mesa o pequeños objetos para renovar un mueble hasta elementos para ambientar un espacio completo. Vendemos desde una olla hasta un sofá. También notamos que las necesidades cambian según el momento del año. Cuando empiezan los días lindos, por ejemplo, la gente quiere preparar los espacios exteriores, poner una mesa linda o recibir invitados. Hay mucha búsqueda de aromas y de pequeños accesorios para baños.
– Virginia: No necesitás grandes cosas. A lo mejor, como dice la Ro, poner una plantita en el baño ya te lo alegra. Se trata de poner amor a las casas, y nosotras ayudamos a ponerles amor a las casas.
En ese sentido, Rosario y Virginia sostienen que la decoración no necesariamente requiere grandes presupuestos. Una correcta elección de piezas, colores y texturas puede generar cambios significativos sin modificar la estructura de un ambiente.
También observan que, especialmente después de la pandemia, las personas comenzaron a prestar mayor atención a sus hogares. Los espacios dejaron de ser solamente lugares de paso para convertirse en escenarios de encuentro, descanso y disfrute cotidiano.
– ¿Qué consideran que distingue a Lo de Rosario de otras propuestas de decoración?
– Rosario: Creo que lo que nos diferencia es involucrarnos, entender, escuchar y personalizar. Nos interesa conocer a la persona, saber qué está buscando y acompañarla para encontrar algo que realmente le sirva. A veces nos mandan fotos de sus casas y nos preguntan qué pondríamos. Y también somos sinceras: si creemos que algo no hace falta o que conviene sacar un objeto en lugar de agregar otro, lo decimos. Muchas veces se genera una relación que va más allá de la compra. Hay personas que vienen, se quedan conversando, toman un café o un mate. Es un vínculo muy lindo.
Esa cercanía les permite participar en distintas etapas de la ambientación de un hogar, desde la elección de un pequeño accesorio hasta propuestas más integrales. El asesoramiento sin cargo es uno de los servicios que caracteriza al espacio, donde buscan ofrecer recomendaciones acordes con los gustos, las necesidades y el presupuesto de cada cliente.
En determinadas ocasiones, incluso, acompañan a las personas a probar cómo funcionan los objetos dentro de sus propios ambientes, con la posibilidad de evaluar distintas alternativas antes de tomar una decisión.

Una historia construida entre amigas
Detrás de Lo de Rosario hay una historia de amistad, confianza y una pasión compartida por la decoración. Lo que comenzó como un pequeño emprendimiento fue creciendo con los años, acompañado por nuevos desafíos y espacios. Hoy, Rosario y Virginia continúan trabajando juntas, combinando sus miradas y experiencias para sostener un proyecto que lleva más de una década en Río Cuarto.
Si bien Rosario es la cara más visible del negocio y está acostumbrada a protagonizar los videos que comparten en redes sociales, Virginia tiene un perfil más bajo. Sin embargo, Rosario se encargó de aclarar durante la entrevista que, detrás de Lo de Rosario, hay un trabajo compartido. “¿Qué me voy a llevar los laureles yo sola cuando somos dos?”, expresó, destacando que ambas participan activamente en la selección de los productos y en las decisiones cotidianas. Dos personalidades diferentes que se complementan a partir de la amistad, la confianza y una mirada compartida sobre la decoración.

– ¿Cómo surgió este proyecto y cómo fue evolucionando hasta llegar al espacio actual?
– Rosario: Yo soy traductora de inglés, pero nunca ejercí. Siempre me gustó la decoración, aunque no sé por qué no la estudié. Durante muchos años prioricé a mis hijos y, cuando crecieron, a los 45 años, sentí que era el momento de hacer algo que me gustara. Empezamos de a poquito, en un local de la Galería Roca donde antes había funcionado una confitería muy conocida, Valentino. Pusimos un bar adelante y el espacio de decoración adentro. Después fuimos creciendo, pasamos por otros locales y finalmente decidimos unificar todo en Patio Linné. Hoy tenemos un gran depósito en el centro que nos permite trabajar desde acá.
Los primeros años estuvieron marcados por el crecimiento progresivo del emprendimiento y la búsqueda de nuevos espacios. La transformación de los hábitos de consumo, especialmente con la expansión de las ventas online, también influyó en las decisiones comerciales.
Actualmente, Rosario y Virginia comparten el trabajo cotidiano con un equipo integrado por Agustina, Leila, Cecilia y David, quienes participan en la atención, la comunicación, el estilismo y las tareas necesarias para el funcionamiento del negocio.
Para ambas, ese trabajo colectivo es parte fundamental de lo que construyeron durante más de una década, donde cada integrante aporta a una experiencia que va más allá de la elección de un producto.
Después de once años, Lo de Rosario mantiene una filosofía que atraviesa cada decisión: la decoración no consiste simplemente en seguir tendencias o incorporar objetos atractivos, sino en encontrar aquellos que dialoguen con la arquitectura, acompañen la vida cotidiana y tengan sentido dentro de cada hogar. Porque, como sostiene Rosario, lo verdaderamente importante es que cada casa conserve el sello de quienes la habitan. Y, como resume Virginia, se trata de ponerles amor a esos espacios que forman parte de nuestra vida.






















