El horror en primera persona: “Los gritos de las torturas nos despertaban”

Así declaró Daniel Olartecoechea, abogado querellante en la causa “Di Santo” y ex preso político, en la segunda audiencia del juicio por lesa humanidad que se lleva adelante en los tribunales federales de Córdoba. También declaró como testigo David Andenmatten.

Foto: Carolina Savino

El juicio por delitos de lesa humanidad perpetrados en Río Cuarto y el sur provincial tuvo su segunda audiencia en los tribunales federales de Córdoba. Hoy declararon como testigos Daniel Olartecoechea -quien también es querellante en la causa- y David Andenmatten. Ambos fueron presos políticos y relataron el horror que vivieron durante el tiempo que permanecieron detenidos.

Los dos testimonios se escucharon en una sala que solo contó con la presencia de dos de los 21 imputados; uno de ellos fue Miguel Ángel Salinas. Esto se debe a que el tribunal, presidido por Carolina Prado e integrado por Julián Falcucci y Noel Costa, decidió dar lugar al pedido de la defensa para que los acusados no tengan que asistir presencialmente a las audiencias.

Olartecoechea, quien también es abogado querellante en representación del Estado municipal, contó cómo fue el momento de su detención en agosto de 1974, recordó el traslado al Departamento de Informaciones de la Policía de la Provincia de Córdoba (D2) y el exilio en España tras ser liberado.

“El mayor shock traumático fue la permanencia en la D2, desde el 30 de noviembre del 74 al 19 de diciembre del 74. Estábamos todos los detenidos sentados en el patiecito de entrada, atados con otra persona y tabicados. Nos llevaban solamente dos veces al baño durante el día y la comida era escasa o casi nula. Las torturas eran permanentes; en mi caso no eran sesiones de tortura, sino torturas en el traslado al baño, golpes, caídas… esas cosas. Al baño íbamos atados, de a dos, para hacer nuestras propias necesidades”, relató.

Despertarse con los gritos de quienes eran torturados, escuchar los golpes de las sesiones de tortura y permanecer dos meses en esas condiciones le generaron un gran estrés postraumático.

“Yo realmente no podía comprender, entender cómo había personas que estaban 24 horas de guardia, salían, hacían allanamientos, volvían a la D2, cómo era esa vida por un lado y cómo era después su vida particular. No entendía. ¿Cómo podían volver y hablar con sus hijos después de semejante barbaridad?”, dijo en su declaración.

Por su parte, Andenmatten era estudiante de Veterinaria en la UNRC y militó en el Peronismo de Base hasta 1975. Volvió a Córdoba, donde vivió hasta antes de mudarse a Río Cuarto, y en 1976 fue detenido mientras trabajaba en una fábrica de baterías y llevado al D2. Allí estuvo un día, luego fue trasladado a Río Cuarto y pasó más de tres años detenido.

“Cuando me trasladaron a la D2 me preguntaban sobre mi militancia. Les dije que estuve en el Peronismo de Base, pero no les convenía, así que siguieron pegándome y pidiéndome nombres. Pretendían que les dijera cosas que no sabía. Lo que yo recuerdo sobre todo es la sensación de ahogo. Eso lo guardé para siempre”, dijo ante el tribunal.

“Ya en Río Cuarto, los primeros días me venían a buscar a la noche, me despertaban, me encapuchaban y me llevaban a una piecita donde las torturas seguían. Las mismas que en Córdoba, con el agua y las amenazas. Recuerdo que una vez me pusieron una pistola en la cabeza e hicieron como que disparaban”, relató con la voz entrecortada.

Sobre el juicio

La causa “Di Santo”, conocida originalmente como “Gutiérrez”, contempla 63 hechos que tuvieron como víctimas a 72 personas, en su mayoría trabajadoras y trabajadores, estudiantes y docentes de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC).

En el banquillo están 21 exmilitares y expolicías imputados por secuestros, imposición de tormentos agravados y seguidos de muerte, homicidios y delitos contra la integridad sexual.

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