La arquitecta y fotógrafa riocuartense Victoria Echegaray encontró en ambas disciplinas una forma de construir su propia mirada. En diálogo con Otro Punto, habló sobre su recorrido, sus primeros trabajos y cómo la fotografía, que la acompaña desde los 13 años, terminó cruzándose con su profesión y abriendo también una búsqueda más artística y personal.
Bastante antes de que la fotografía se convirtiera en parte de su trabajo, hubo una primera cámara que llegó cuando Victoria Echegaray tenía apenas 13 o 14 años. Estudió un año y medio de Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba hasta que entendió que no era lo suyo. Después apareció una etapa de búsqueda en la que se mezclaron intereses muy distintos: la cocina, el baile, el arte y, finalmente, la arquitectura. Lo curioso es que esa última opción ya había aparecido mucho antes. De chica le decían que iba a ser arquitecta y ella, tal como lo dice, “por llevar la contra”, hizo otra cosa.


–¿Qué te llevó a estudiar Arquitectura?
–Yo en realidad empecé estudiando Medicina, hice un año y medio y después entré como en crisis porque me di cuenta de que no era lo mío. Ahí empezó un proceso de ver qué era lo que realmente me gustaba. Tenía muchos intereses, soy una persona bastante curiosa, y entre las opciones aparecieron la cocina, el baile, Artes y Arquitectura. Empecé también a preguntarme cómo me veía trabajando a futuro y terminé eligiendo Arquitectura. Igual no me arrepiento de haber estudiado Medicina, me sirvió mucho y me ayudó a entender que no alcanza con elegir algo que te guste, sino que también tenés que pensar cómo te proyectás trabajando de eso. Cuando empecé Arquitectura la diferencia fue enorme. Me acuerdo de pensar: “Claro, con razón, esto es estudiar una carrera que te gusta”. Iba a las clases con mucho más entusiasmo.
– Y la fotografía, ¿cómo aparece la fotografía en tu vida?
–Saco fotos desde los 13 años más o menos. Siempre llevaba la cámara a los viajes o sacaba en mi casa, pero durante mucho tiempo fue solamente un hobby. En 2018 hice un curso de fotografía de arquitectura con Gonzalo Viramonte y ahí empecé a ver que las dos cosas podían cruzarse. Durante la facultad seguí sacando fotos y recién en el año de tesis apareció mi primer trabajo de fotografía de arquitectura, cuando una amiga me propuso fotografiar un local de una óptica. Nunca lo había hecho como trabajo. Fue mandarme y hacerlo. Después empezaron a llegar otros encargos y a confiar en mi mirada y en cómo sacaba. Me empezaron a llamar más seguido y después fue mucho de boca en boca.
Hoy combina ambas profesiones. “No me dedico full a sacar fotos de arquitectura, lo tengo en paralelo con el trabajo de arquitecta. Considero que recién estoy arrancando”, dice la profesional.
Ser arquitecta, asegura, también modifica la manera en la que se para detrás de una cámara.


–¿Que creés que te aporta ser arquitecta al momento de sacar fotos?
–Creo que la carrera de Arquitectura forma mucho la mirada. Estás entrenado para eso. Durante la carrera estás todo el tiempo viendo referencias, revistas, proyectos y obras que se muestran justamente a través de fotografías de arquitectura. Entonces vas teniendo el ojo súper entrenado y, cuando llegás a una casa o a un local para sacar fotos, ya sabés un poco hacia dónde mirar. Tu ojo va hacia donde lo entrenaste.
Para Victoria, mirar también se aprende. “Realmente es ver mucho. Eso hace que vas a una casa o a un local a sacar fotos ya sabés a dónde apuntar. Tu ojo va hacia donde lo entrenaste”, explica. En los últimos años registró viviendas, comercios, instalaciones artísticas y obras de arte. Dos de esos proyectos fueron publicados en ArchDaily.

–¿Qué significó para vos empezar a ver tu trabajo publicado ahí?
–Todavía no lo puedo creer. Para mí es re importante, pero más que quedarme con eso, lo tomo como un empujón para seguir trabajando. Quiero que no queden solamente esas dos publicaciones, sino que empiecen a aparecer más, ya sea ahí o en otras revistas de arquitectura. También valoro mucho que tu trabajo se difunda y esté en una plataforma donde hay arquitectos y fotógrafos de arquitectura súper reconocidos. Para mí es un paso más dentro de todos los que siguen.
Río Cuarto, mientras tanto, sigue siendo parte de su vida aunque hoy esté instalada en Córdoba.
–¿Qué lugar ocupa hoy Río Cuarto en tu vida?
–Allá está mi casa, mi familia, mis amigas. Es un lugar súper importante, tanto como Córdoba. Es como que tengo dos casas. Córdoba también es una ciudad que me encanta. Por ahora me quedo acá, pero no cierro nunca las puertas de Río Cuarto.
Desde su mirada como arquitecta observa crecimiento en ambas ciudades, aunque con escalas diferentes. “Río Cuarto está creciendo mucho. Creo que sumar carreras vinculadas al diseño y la arquitectura genera más conocimiento en la ciudad y hace que no necesariamente tengas que irte a Córdoba”, explica. De Córdoba, la arquitecta destaca especialmente las posibilidades de formación permanente: “Hay muchos espacios donde te podés seguir formando. Se dan charlas, vienen arquitectos de Buenos Aires o internacionales y terminan siendo también instancias de aprendizaje”.


Más allá de la arquitectura
Pero su relación con la fotografía no termina en los edificios. En paralelo al trabajo profesional, Victoria empezó a explorar una búsqueda más artística. En 2025 quedó seleccionada para exponer en el Museo Palacio Dionisi de Córdoba con “Después de agosto”, su primer proyecto fotográfico presentado en un museo.
“Fue un momento re importante porque era un proyecto súper personal, incluía parte de mi historia familiar. Me interesa hacer fotografía no solamente desde la arquitectura y como trabajo, sino también desde mi propia expresión”, cuenta Echegaray.
La historia comenzó después del fallecimiento de una de sus abuelas. Tiempo después, su mamá encontró cajas con diapositivas, un proyector y distintas cámaras analógicas que habían pertenecido a ella. “Mi abuela era muy fanática de las fotografías. Le apasionaba mucho y sacaba muy buenas fotos”, relata.
Victoria llevó parte de ese material a Córdoba. Un día decidió sacar el proyector y mirar las diapositivas: “Descubrí que eran unos fotones. Eran fotos increíbles”.
Empezó a mostrarlas también cuando se reunía con amigos y le sorprendió ver el entusiasmo que provocaban imágenes de una persona a la que ellos nunca habían conocido. “Ahí dije yo tengo que hacer algo con esto. Quería que no quedara solamente en mi departamento y entre mis amigos”, dice. Transformar ese archivo en un proyecto propio le llevó varios meses, porque no sabía hasta qué punto intervenirlo: las fotos eran de su abuela, pero al mismo tiempo quería aportar algo propio. Finalmente decidió no intervenir directamente las fotografías de su abuela. Hizo una selección de diapositivas, grabó su proyección y sumó un texto y tres fotografías propias que representaban distintos momentos del proceso. “El proyecto es un poco eso: cómo transitar este archivo familiar que encuentro”, cuenta.
Entre esas imágenes también apareció una parte de la vida de su abuela que Victoria nunca había conocido. “Eran fotos de cuando era más joven, con amigas, en distintos lugares. Uno no sabe toda la historia de nuestros abuelos. Te cuentan algunas cosas, pero no ves todo”, explica.
Más que encontrar una explicación para su propio vínculo con la fotografía, encontró otra forma de conocerla. “Empezar a rearmar su historia de más joven fue súper interesante. Es descubrir algo que no sabía y que nunca voy a saber del todo. Me gusta que quede así”, dice.
Hoy también experimenta con procesos como la cianotipia y la transferencia de imágenes sobre distintos soportes. “Me gusta abarcar todo desde distintas aristas, pero que a la vez son un todo. Hacen a lo que soy yo”, sostiene la fotógrafa. Arquitectura, fotografía de espacios y artísticas terminan así encontrándose en un mismo recorrido. A veces la cámara sirve para registrar aquello que alguien construyó. Otras, para volver sobre imágenes guardadas durante años y encontrar allí una nueva historia.


