Con más de 19 mil seguidores en Instagram, la licenciada en Psicología Celeste Mare, utiliza las redes para abrir conversaciones sobre salud mental: ansiedad, vínculos y bienestar emocional son los temas que más aparecen en sus videos. En diálogo con Otro Punto, la psicóloga, habla sobre su recorrido profesional, el cuidado al comunicar sobre salud mental y el compromiso social que también atraviesa su trabajo.
Cuando habla sobre salud mental lo hace con cuidado. Piensa las palabras, vuelve sobre algunas ideas y repite algo que atraviesa toda la charla: la importancia de la responsabilidad al comunicar. Celeste Mare es licenciada en Psicología, egresada de la Universidad de Mendoza, y este año comenzó a ejercer su profesión. En las redes encontró un espacio inesperado para acompañar, comunicar y generar comunidad. Entre reels sobre ansiedad, campañas solidarias y pacientes que llegan después de encontrar sus videos en internet, construye un camino donde la profesión y lo humano van de la mano.
“La salud mental es un tema sensible”, sostiene la licenciada durante la entrevista. Y esa idea atraviesa la manera en que construye sus contenidos. Hablar en redes, explica, implica un desafío: acercar herramientas y abrir conversaciones sin reemplazar el espacio terapéutico ni simplificar problemáticas complejas.
-¿Por qué decidiste estudiar psicología?
-En realidad, siempre me gustó. Me acuerdo de que en el secundario tuvimos psicología y, aunque a mí no me gustaba mucho estudiar, era lo único que me interesaba leer. Empecé a meterme en el tema y, cuando terminé el secundario, estaba entre estudiar psicología o algo vinculado al diseño, porque también me gusta mucho la moda. Me acuerdo de que en un momento dije: tengo que ir por lo mío. Hasta ese momento nunca había ido al psicólogo, pero sentía que me apasionaba esto de ayudar. Siempre traté de ser muy empática, de ponerme en el lugar del otro, y creo que eso fue lo que me llevó a decidirme por esta carrera: entender los procesos, las conductas de las personas y también poder ayudar. Eso fue lo que más me motivó.

Antes de elegir psicología, Celeste había comenzado a estudiar Administración de Empresas en la UNRC, pero pronto entendió que esa carrera no tenía que ver con su vocación. “No me gustaba, no era lo que yo quería”, recordó. Para ella, empezar a estudiar Psicología implicó también un esfuerzo económico, ya que la carrera no se encuentra en la Universidad Nacional de Río Cuarto. “Me acuerdo de que trabajé y junté plata para pagarme la primera cuota y la matrícula. Después mis papás pudieron ayudarme y, durante la pandemia, pusimos un emprendimiento con mi mamá. Así pude seguir pagando la universidad”, expresó la joven.
Su recorrido universitario no estuvo exento de desafíos. Celeste comenzó la carrera en 2019 y al año siguiente atravesó la pandemia mientras cursaba sus estudios. La virtualidad modificó por completo la experiencia académica y obligó a estudiantes y docentes a adaptarse a una modalidad inédita hasta entonces.
“En 2020 vino la pandemia y no sabíamos cómo íbamos a seguir. La universidad la teníamos que pagar igual y fue una crisis para todos. Nos reinventamos y pude seguir. Fue la primera vez que se cursó online, por lo menos en mi universidad”, recordó.
Tras finalizar la carrera en 2024, el ingreso al ejercicio profesional tampoco fue inmediato. Luego de terminar la tesis, todavía quedaban trámites administrativos, la aprobación del título y la obtención de la matrícula profesional, que finalmente llegó a comienzos de 2025.
En paralelo, Celeste comenzó a definir su enfoque profesional. Durante la tesis se acercó a la terapia sistémica, especialmente vinculada a infancia y adolescencia, una mirada que entiende a las personas dentro de sus entornos familiares, escolares y sociales. Más adelante empezó a formarse en terapia cognitivo-conductual, un enfoque centrado en el presente y orientado a brindar herramientas concretas para construir conductas más saludables.
Actualmente realiza una especialización en terapias de tercera ola, como terapia de aceptación y compromiso y análisis funcional. “Trato de guiar al paciente como un caso único”, resumió.
Mientras transitaba ese proceso de formación e inicio profesional, las redes sociales comenzaron a ocupar otro lugar. Lo que hoy es una comunidad de miles de personas empezó, en realidad, desde un perfil personal que con el tiempo se transformó en una herramienta para comunicar sobre salud mental.
-¿Cómo fue que empezaste a hablar de Psicología en las redes?
-En realidad, mi perfil de Instagram empezó siendo personal. Ya tenía algunos seguidores porque era conocida y mucha gente me seguía por eso. Además, siempre fui muy emprendedora. En la pandemia, por ejemplo, me acuerdo que nos mandaban canjes y algunos productos. Después dejé de usarlo tanto y pensé en darle otro sentido. Y allí empecé a hablar de temas relacionados a la salud mental. También tengo una página que se llama Floreser, 100% destinada a la psicología. En mi perfil personal comunico cosas que para mí son importantes, me muestro como psicóloga y también como persona.
-¿Qué temas abordás en tus videos?
-Hablo de salud mental en general, pero sobre todo de temas que aparecen mucho en terapia y también en la vida cotidiana. Por ejemplo, hablé sobre ansiedad, porque siento que es algo con lo que muchas personas se identifican. También me interesa hablar de violencia de género. A veces pensamos la violencia solamente desde los golpes, pero hay muchas formas de violencia. Habíamos grabado un video sobre eso, para poder mostrar algunas señales y que una persona pueda identificar si siente que su relación no está bien. En general, mi objetivo es hablar de salud mental, pero siempre con cuidado. Hay temas que me interesan, pero les tengo mucho respeto porque sé que del otro lado puede haber alguien escuchando y sintiéndose identificado.
-Hoy en día hay mucho contenido sobre psicología y salud mental en redes sociales, ¿cómo ves esto?
-Creo que hay ciertos temas a los que yo les tengo mucho respeto. Al principio, cuando empecé, tenía mucho miedo de decir algo que pudiera resonar mal en otra persona o que no pareciera profesional. Y siento que hay mucha gente hablando de muchas cosas. Me ha pasado que llega gente a consulta diciendo: “yo tengo apego ansioso”, “mi pareja tiene apego evitativo”, o vienen con muchas cosas ya diagnosticadas desde TikTok. Hay personas que se sienten identificadas con contenidos que quizá son muy generales o que los dice alguien que no tiene formación específica. Por eso siento que es tan valioso el espacio terapéutico, el uno a uno, conocer realmente la historia de la persona, lo que trae hoy a terapia. Cada caso es único. No se puede generalizar. Por eso trato de ser muy cuidadosa con lo que digo y con cómo lo digo, porque entiendo el impacto que puede tener.
-¿Tenés pacientes que empezaron terapia con vos tras encontrar tu contenido en internet?
-Sí, me ha pasado. Hubo un video que recibió muchos comentarios y me habló mucha gente por eso. Incluso pude atender algunos pacientes de manera virtual. Justo tuve una paciente que me encontró por Instagram y me contaba que había visto muchos perfiles, pero que le gustó mi forma de hablar, que se sintió cómoda y me eligió por eso. También me pasó con un paciente más chico que me dijo que me había encontrado en TikTok. Creo que ese es un poco el objetivo también: que la gente se sienta identificada y encuentre un espacio donde se sienta cómoda.

“Mi objetivo es que la gente pueda escuchar hablar de ciertos temas y decir: esto no me pasa solamente a mí. Y también que entiendan que pedir ayuda no está mal”, señaló.
El trabajo de Celeste no se limita al consultorio. Actualmente forma parte de la Fundación Nutrir la Esperanza, una organización que trabaja con niños con diagnóstico de desnutrición hasta los cinco años y sus familias. Allí se desempeña como psicóloga, aunque explica que el abordaje excede lo clínico y tiene una fuerte impronta social y comunitaria.
“Trabajo con las mamás, pero es un trabajo muy social. Está la trabajadora social, la pediatra, la nutricionista, la psicomotricista y trabajamos todos juntos. Más allá de la parte clínica, me encanta lo social”, explicó.
Fue justamente desde ese espacio que impulsó una de las campañas que más la movilizó. A través de sus redes sociales organizó una colecta para comprar leche destinada a una niña que asistía a la fundación y que necesitaba una alimentación específica.
“Subí la historia contando la situación porque las leches eran muy caras y en dos días juntamos entre 800 y 900 mil pesos. Pudimos comprar muchas latas y además una farmacia nos ayudó para conseguirlas a precio de costo. Recibí muchísimos mensajes y comentarios. Creo que desde que empecé con esto de la psicología en redes fue una de las cosas que más me atravesó”, recordó.
La experiencia refuerza la idea del potencial que tienen las redes sociales cuando se utilizan para generar comunidad y acompañar.
Actualmente, además del consultorio y el trabajo en la fundación, la profesional continúa formándose y proyecta nuevos desafíos. Entre ellos aparecen las redes sociales, talleres, espacios propios y proyectos vinculados a la salud mental.
-¿Qué te gustaría hacer a futuro?
-Siento que tengo muchos sueños. Antes los sentía más inalcanzables y ahora no tanto. Mi proyecto más grande sería potenciar mis redes. Además me gustaría tener un centro propio, generar espacios lindos, talleres. Me gusta mucho la parte social. También quiero hacer un podcast o un canal relacionado con la psicología.
Durante la charla repite varias veces que le gustaría “hacer de todo” como redes, clínica, trabajo comunitario, talleres, formación y proyectos sociales.
Con placas gráficas y videos en su feed que dicen “hay mucha vida después del dolor” o “a veces irte no es irte, es elegirte”, Celeste construye un contenido pensado para acompañar desde lo cotidiano. Sus redes terminaron convirtiéndose en algo más que un espacio para hablar de salud mental: también funcionan como un lugar para generar comunidad y movilizar acciones concretas. Un camino que, para Celeste Mare, recién empieza.


