Cómo se gestó el impactante Cristo de la costa del río

Con una presencia imponente, mirar hacia el cielo en el parque del Centro Cívico hoy se convierte en una experiencia cautivadora. Es que hace unos días se sumó una nueva referencia espiritual y cultural con la instalación de un Cristo Redentor de gran escala diseñado por el artista Fabián Martinetto. La escultura, ubicada a metros del río Cuarto, forma parte del recorrido del Vía Crucis que se emplaza en el sector y representa el resultado de un proyecto que comenzó a gestarse hace más de una década gracias al impulso de la comunidad.

La obra tiene casi seis metros de altura (más de siete con su base) y pesa entre 1.200 y 1.300 kilos. Pero para Fabián Martinetto, el dato más significativo del Cristo Redentor que hoy domina la costa del río no está en las dimensiones sino en el proceso colectivo que permitió concretarla. Según explicó, el proyecto surgió a partir de un grupo de mujeres vinculadas a la Iglesia Santa Rosa de Lima que, hace cerca de 15 años, se acercaron a la Escuela Líbero Pierini en busca de asesoramiento para desarrollar un Vía Crucis en la zona cercana al Centro Cívico.

Desde entonces comenzaron gestiones y articulaciones con distintas instituciones y profesionales para avanzar con el proyecto. Martinetto quedó a cargo del diseño artístico, primero de las estaciones del Vía Crucis y luego de la última estación, que finalmente se resolvió con una escultura en volumen que representa a Cristo resucitado. El artista remarca que, aunque muchas veces las notas se centran en su nombre, el trabajo fue posible gracias a la participación de numerosas personas, instituciones y empresas que colaboraron en distintas etapas.

En diálogo con Otro Punto, el artista Fabián Martinetto habló del desafío de concretar esta escultura ya que, según contó, es la primera vez que realiza una obra de esta magnitud.

-¿Cómo surgió el proyecto de la escultura?

-Este es un proyecto de la Iglesia Santa Rosa de Lima, de las mujeres de la Iglesia Santa Rosa de Lima, que está ahí cerca del Centro Cívico. Hace cerca de 15 años atrás, estas mujeres fueron a la Libero Pierini a pedir asesoramiento para dicho fin. El trabajo de coordinación institucional que hicieron estas mujeres fue muy grande, ya que coordinaron con la Libero, la Universidad, con el Área Material, distintas empresas y otras instituciones. A partir de ese impulso inicial comenzó un proceso largo de gestiones hasta que finalmente pudo concretarse la obra. Yo lo que hice fue el diseño, pero fue un grupo muy grande de personas que participaron.

“Hacer este Cristo implicó tareas técnicas complejas y un proceso de producción distribuido. Hubo piezas que se trabajaron en Las Higueras, otras en talleres metalúrgicos y otras en la propia Escuela Líbero Pierini, donde finalmente se realizó el armado final antes del traslado”, explicó Martinetto yt agregó que también participaron ingenieros de la universidad para realizar los cálculos estructurales necesarios, considerando especialmente la resistencia a los vientos de la zona cercana al río

Fabián Martinetto (Artista plástico)

-¿Cómo fuiste trabajando el diseño?

-Lo que más tiempo me llevó fue seleccionar el material, ya que la obra al estar en la vía pública es complejo porque uno sabe que el clima es agresivo. Son lugares donde hay lluvia, hay viento, más en la costa del río, donde esa cuestión climática se siente más porque el lugar está desprovisto de arquitectura y provisto de naturaleza. Entonces los embates del viento son más fuertes, hay menos protección del ambiente. Después, una vez que pude tener claro y en cuenta el material con el que se iba a hacer, fui trabajando teniendo en cuenta lo que implica cada estación, para representar lo que decía cada una de ellas. A su vez, todos esos fueron bocetos hechos en papel, en escala 1 en 10. Cuando hice los bocetos, después los troquelé todos, o sea, los corté con una trincheta.

Eso lo hice en escala pequeña, pero llevado a la realidad, para ver que los puntos de unión, porque las estaciones tienen los dibujos calados y son laminares. Lo que uno tiene que cerciorarse es que esos puntos de unión no tengan un corte o un desprendimiento de la chapa en alguna parte, porque cada una de esas chapas pesa aproximadamente 60 kilos.

El material elegido fue chapa de acero, una decisión que respondió tanto a criterios estéticos como de durabilidad. Martinetto explicó que se optó por un material capaz de resistir el paso del tiempo y las condiciones climáticas, además de integrarse visualmente al entorno natural. La obra no está pintada: la oxidación superficial del metal forma parte de su acabado y permite que el color se vincule con el paisaje. “Es el color del tiempo y el óxido”, explicó el artista, señalando que la intención fue evitar una presencia artificial en medio de la naturaleza.

-¿Esta obra necesita mantenimiento con el tiempo o no hace falta?

-No hace falta porque con el tiempo va a quedar con la oxidación natural del elemento y se va a integrar al paisaje. Uno lo verá integrado al verde de los árboles y del entorno en sí. Si lo hubiese pintado de algún color, a lo mejor hubiera quedado visible de una forma contraproducente con el contexto natural o necesitaría mantenimiento.

El Cristo fue concebido con tres caras orientadas hacia distintos puntos de la ciudad para garantizar su visibilidad desde varios lugares. Esa elección también responde a un significado simbólico relacionado con la Santísima Trinidad. La figura presenta además calados que representan distintos elementos religiosos, como el rostro de Cristo, el Sagrado Corazón, panes y peces. Con la iluminación interior que se instalará próximamente, esos calados se harán visibles durante la noche, generando un efecto de luz en el paisaje.

La instalación de la escultura requirió un operativo logístico poco habitual en la ciudad. Una vez finalizado el armado en la Escuela Líbero Pierini, la estructura fue trasladada en camión hasta el Parque del Centro Cívico. El procedimiento incluyó cortes de tránsito y el uso de grúas para colocar la obra en su emplazamiento definitivo.

Para Martinetto, el proyecto también representó un desafío personal. Si bien su trayectoria se vincula principalmente con el grabado, la pintura y el dibujo, explicó que la lógica del grabado aparece también en esta obra a través de los calados. “Son grabados tridimensionalizados”, describió, al referirse a la forma en que las imágenes se recortan en la chapa y dialogan con el cielo y el paisaje.

El artista también subrayó el carácter comunitario del proyecto y el esfuerzo realizado para reunir los recursos necesarios. Según indicó, la obra no contó con financiamiento municipal ni provincial, sino que se concretó gracias a aportes y donaciones gestionados por la propia comunidad. En ese sentido, destacó especialmente el trabajo sostenido del grupo de mujeres que impulsó la iniciativa desde el inicio. Con su instalación, el Parque del Centro Cívico incorpora una nueva pieza de arte contemporáneo vinculada a la espiritualidad, que se suma al recorrido del Vía Crucis y busca convertirse en un punto de referencia cultural y religioso para la ciudad.

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