Nalia, fotógrafa de recitales
“De esto se puede vivir”
Nalia Barrionuevo seis años atrás empezó a mirar la música a través del lente. Sus fotos llegaron a la revista Rolling Stone y estuvo en eventos como en Cosquín Rock. Una vida entre flashes y guitarras.
“Mis viejos me apoyaron siempre en todo el tema del arte. Pero yo tenía un prejuicio: sacar fotos era un hobby, ¿entonces, de qué iba a trabajar?” dice Nalia Barrionuevo entre risas.
Su hermano tenía una cámara, y ella desde chica la usaba para sacar fotos. Álbumes repletos se esconden en las estanterías de su casa. La fotógrafa no le daba mayor importancia, creía que era algo que le gustaba y no mucho más.
Empezó sin grandes planes, siguiendo el hilo de casualidades que tejen un destino. Nació en Río Cuarto. Durante varios años, su cotidianidad transcurrió en Elvis Bar, el espacio que le abrió las puertas al mundo de la fotografía de recitales.
–¿Cómo arrancaste profesionalmente?
-Se me dió la oportunidad de comprar una cámara. Va, me la compraron mis papás, por eso es tan importante el apoyo de ellos. Hubiera sido re complicado comprarla yo sola porque es muy cara. Después hice un curso con Ornella Pratolongo, que hoy en día es mi amiga.
Trabajó en el diario Puntal, cubriendo eventos los fines de semana. Un día, su jefa le hizo una pregunta: ¿Nali, querés ir a cubrir a Elvis un recital o preferís ir a una presentación?. Nunca se esperó todo lo que iba a pasar después. Eligió ir a Elvis Bar, Koino Yokan tocaba esa noche. Ellos estaban arrancando su carrera musical. Nalia, sin saberlo, también emprendía un nuevo rumbo.

Koino Yokan, su primera fotografía. – Foto: Nalia Barrionuevo
-¿Qué pasó esa noche?
-Fui a ver qué onda, no tenía mucha idea. Jere, miembro de la banda, me pidió las fotos que había sacado porque le gustaron. Cuando estábamos cenando, me dijo que el dueño de Elvis le había pedido mi número. Le dije que se lo pase. Al otro día, Charly me había escrito. Me pedía ir a cubrir más recitales. Con el tiempo, cada vez eran más. Ahí empecé a verlo como un laburo, de esto se puede vivir.
De un día para el otro, Nalia tuvo que desarraigar el prejuicio que habitaba su mente. Era fotógrafa, más allá de la vergüenza que le daba decirlo. Cuando pudo lograrlo, las puertas se fueron abriendo a su paso. Los escenarios no dejaron de llegar. Pasaban los meses velozmente, y ella estaba ahí abajo, con sus cabellos oscuros y bien peinados, cerquita del escenario, fotografiando más y más recitales. Hoy, es habitual verla con su cámara, enfocando más que imágenes. “Me gusta poder contar una historia, capturar un sentimiento” dice. A sus mirada profunda no se le escapa nada.
Los ojos se le llenan de lágrimas cuando dimensiona donde está y cuánto ha logrado. “Estoy muy agradecida con las oportunidades que se me dieron, pero también conmigo por animarme. Sólo yo sé lo que hay detrás de cada foto y eso me parece una locura. A veces fallece alguien, estás triste, pero igual tenés que ir a cubrir. Hacerlo, con miedo. Pero hacerlo. Intento no naturalizar nada para seguir sorprendiéndome y disfrutando lo que hago”, dice emocionada.
Nalia cubrió varias veces el Cosquín Rock. Algunas para distintos medios, otras para bandas puntuales. La cantante Paz Carrara la contactó para cubrir su gira cordobesa, lo curioso es que Nalia, años atrás le había ofrecido su trabajo y nunca recibió respuesta. Hoy muchas bandas la buscan por su arte. “Hay que moverse siempre, hay que ofrecer lo que uno hace. Yo mande mil mails a todas las bandas que quería cubrir. Hoy ellas me contactan a mi” dice.
Jamás imaginó que una de sus fotos llegaría a las páginas de la revista internacional Rolling Stone. Una noche disparó su cámara entre luces y gritos, sin saber que esa foto cruzaría fronteras invisibles. Emiliano Brancciari, cantante de No Te Va a Gustar, posaba con su micrófono en ese fotograma. Tiempo después, sin aviso ni promesas, la sorpresa la encontró. La manager de NTVG había enviado la foto a la revista. Antes le había pedido todos sus datos a Nalia, pero eso no era algo extraño.“Es hermoso que los que te quieren, te muestren y hablen de vos con orgullo” dice la fotógrafa.

Emiliano Brancciari, la foto que llegó a la Rolling Stone. – Foto: Nalia Barrionuevo
Su cotidianidad transcurría en Elvis Bar, aquel que le abrió todas las puertas. Allí se dedicaba a cubrir todos los eventos, y se encarga del área de prensa y difusión. Creó una insignia icónica para Elvis: todas las bandas que pisan la esquina de Alvear y Colón, se sacan una foto en el camarín, sobre el mismo sillón y encuadre. Una tradición que inventó sin querer con aquella primera imagen a Koino Yokan, y hoy es un sello.
Hoy, el recorrido de Nalia sumó un nuevo capítulo. Después de años construyendo su camino en Río Cuarto, decidió mudarse a la ciudad de Córdoba en busca de nuevos desafíos y proyectos. Allí continúa ampliando su trabajo dentro de la escena musical: cubre recitales, registra el detrás de escena de artistas y acompaña de cerca el crecimiento de distintas propuestas emergentes.

El Pity Fernandez. – Foto: Nalia Barrionuevo
Entre esos proyectos también se encuentra el de su novia, cantante y compositora, a quien fotografía tanto arriba como abajo del escenario. Su cámara ya no solo retrata conciertos; también documenta procesos creativos, ensayos, viajes y momentos que el público no siempre llega a ver.
Aunque hoy transita nuevos escenarios, Nalia no olvida el lugar donde todo comenzó. Habla de Río Cuarto con gratitud y nostalgia. Allí encontró sus primeras oportunidades laborales, construyó vínculos fundamentales y aprendió a confiar en su mirada. Los recitales de bandas locales y las personas que apostaron por ella fueron parte de una etapa que recuerda con cariño.

Nalia, en acción.
“Río Cuarto me abrió las puertas y me enseñó a crecer. Siempre voy a estar agradecida por todo lo que viví ahí y las personas que me regaló”, afirma. Mientras continúa recorriendo kilómetros, escenarios y camarines, conserva intacta la emoción de aquella primera cobertura. La misma que la impulsó a descubrir que detrás de una cámara también podía construir un proyecto de vida “No les puedo explicar la alegría que sentí el primer día. Es la misma que siento hoy en día”, dice Nalia con una sonrisa que confirma cada palabra. Su recorrido es testimonio de que cuando el arte nace desde el corazón y se sostiene con trabajo y con pasión, es posible vivir de él: también es posible vivir para él.

