El recorrido artístico de Hilario Baggini
De tocar en las catedrales del mundo a las caminatas musicales en las sierras
Transitar el camino para un artista independiente ya lo sabemos: nunca fue sencillo, pero la actitud inquieta, el espíritu creativo y la pasión por la música hicieron que Hilario Baggini (conocido también como Don Hilario) construyera un universo propio. Su mundo está rodeado de caminatas musicales, paisajes serranos, sonidos nacidos de la tierra y una conexión profunda con la naturaleza, donde cada encuentro se transforma en una experiencia única. “Ninguna caminata musical es igual a otra”, sostiene Baggini.

Nacido y radicado en Alcira Gigena, Hilario Baggini es músico, compositor, productor y también ambientalista. Su historia con la música empezó desde chico ya que en su casa siempre hubo canciones y un recorrido artístico. Su mamá hacía teatro y su papá tocaba la guitarra. Entre discos y reuniones familiares fue creciendo ese gusto de Hilario por la música que luego se convirtió en su forma de vida. Domina más de cincuenta instrumentos y convive con más de cien en su casa: flautas de distintos pueblos originarios, ronroco, erke, gaita colombiana, acordeón, charango, percusiones africanas, guitarras, e incluso instrumentos creados por él a partir de objetos reciclados del campo.
En diálogo con Otro Punto, Hilario habla de su trayectoria, de su presente y de la vez que le dijeron “nadie puede ser profeta en su tierra”: pero él se animó a desafiarlo. Antes de comenzar la nota, el músico dice: “por favor, no vas a redactar la entrevista con IA”, a lo que le respondo que no y que generalmente la pluma de alguien que escribe se puede conocer leyendo desde las primeras notas hasta las más reciente. Ambos (Hilario y quien escribe) coincidimos en que la IA muchas veces lleva a anular el proceso creativo y cada vez tener menos pensamiento crítico. La nota fue extensa, casi una hora hablando de su carrera ya que claro hace música desde hace muchísimos años y vivió también mucho tiempo en el exterior. Pero esperamos en esta nota sintetizar los momentos más relevantes de Hilario en este recorrido como artista independiente como a él le gusta remarcarlo: “es importante decir que soy artista independiente, porque jamás me casé con un partido político. Hago política, pero soy apartidario”, sostiene el compositor.

Aprendió casi todo de manera autodidacta, buscando cuerdas, mirando libritos, escuchando, probando. Así arrancó un camino que lo llevó a participar en el Pre Cosquín, llegar al escenario mayor, una experiencia que la recuerda como algo muy importante pero tampoco decisiva, ya que luego siguió su caminito independiente para seguir creciendo.
En 1999 llegó el gran quiebre: viajó a Italia con un grupo musical y terminó quedándose casi 17 años en Europa. Allí vivió de la música de verdad: más de 180 conciertos por año, giras constantes, teatros, catedrales, festivales, salas históricas. Tocó en escenarios de Italia, España, Alemania, Rusia y otros países. Integró proyectos como Caimán y luego fundó junto a Andrés Langer el grupo Del Barrio, con el que grabó discos, realizó giras internacionales y construyó una verdadera familia artística. “Era el sueño de vivir de la música”, resume.
-¿Cómo se dio la posibilidad de irte a Italia y permanecer allí tantos años?
-Teníamos un grupo con el que hacíamos música andina con Bruno Ponso, Fabio Palacios y con ese mismo grupo fuimos a Europa en el 94 con Abriendo Surcos. Durante los años que estuve en la Colmena en el 91 conocí a muchos grandes músicos de Córdoba y tocaba en varios lugares. En diciembre del 98, Daniel Brum y Aldo Corneli me vieron tocar y me preguntaron si no quería irme con ellos a Italia. Así que acepté la propuesta y estuve desde marzo del 99 allá hasta 2016.
-Un montón. ¿Qué hizo que te quedes tantos años allá?
-Y bueno, fue llegar allá y encontrarme con Europa, yo me quería ir a estudiar flauta a Francia, y sinceramente, la sorpresa, el sueño de vivir de la música. Llegar y de golpe firmar autógrafos, peluches, tocar salsa, merengue en la discoteca y hacer casi 200 conciertos al año era una locura. Me compré el saxo empecé a tocar, estuve cinco años con el grupo Caimán hasta que necesité volver a mi música. Fue así que en esos años me junté con un pianista de Mar del Plata, Andrés Langer y formamos el grupo Del Barrio, con el que cumplimos 20 años, y ese fue mi grupo con el que formamos una gran familia. Terminé tocando en la Sala Tchaikovsky de Moscú, en el Teatro Estrada de Moscú, en la Catedral de Laredo, Toledo, Madrid, Italia, todas las catedrales, tantísimas catedrales, Patrimonio del UNESCO, San Vitales, Santa Polina de Nuevo, entre otros. Todo eso hizo que me quedara tantos años.

-¿En qué momento decís bueno ya está, me quiero volver a Argentina?
-En el 2015 tomamos la decisión de regresar, porque después para los chicos (sus hijos) es más difícil acostumbrarse a otro país. Y yo necesitaba volver a la Argentina y traer algo, mis locuras, mis experiencia y probar acá. Regresé con unos 40 años y con mucha fuerza para empezar de cero. No es fácil empezar de cero. Llegar acá y que te digan “nadie es profeta en su tierra”, es re difícil. Había cerrado en Italia ese año 180 conciertos donde yo era el productor y llegué a Argentina y no me conocía nadie. Eso fue duro.
Lejos de frustrarse, ese proceso fue el motor de algo nuevo. Así nacieron La Banda Agraria y las Caminatas Musicales. Propuestas que mezclan música, naturaleza, identidad rural y encuentro humano. No son recitales tradicionales: son experiencias. La gente camina, escucha sonidos en vivo en medio del paisaje, comparte mate, silencio, juegos, comidas, fogón. En algunas ediciones hay conciertos al atardecer, al amanecer, serenatas entre carpas, desayunos comunitarios. Ya participaron más de 5.000 personas en más de 60 encuentros, con gente que viaja desde distintos puntos del país solo para vivir esa experiencia.
De esas vivencias también nació su faceta ambientalista. La preocupación por la basura en los caminos, la contaminación sonora, el poco cuidado del entorno lo llevó a impulsar acciones concretas. Canciones como “Cachetada a los mugrientos”, jornadas de limpieza comunitaria, proyectos con escuelas, recolección masiva de botellas, talleres con chicos. Siempre desde un lugar claro: educar con amor, no desde el enojo. “La única salida es educar”, repite. Este amor por la naturaleza va ligado también a los animales y se animó también a hacer coaching para caballos: “fue alucinante, hasta el punto de hacer llorar a un caballo. A mí eso también me quebró, fue sanadora esa experiencia para mí”, dice Hilario.

Otro de sus proyectos es el dúo que tiene Don Hilario y Niña del Monte (Sofía Palacios). En este grupo confluyen canciones propias, sonidos serranos, instrumentos acústicos y una búsqueda estética muy íntima. Con este formato recorren escenarios de Córdoba y otras provincias, con espectáculos temáticos como homenajes a Mercedes Sosa, conciertos de música de raíz y presentaciones en espacios culturales y naturales. “Arriba del escenario nos sentimos libres, somos nosotros”, define.
El próximo 31 de enero y 1 de febrero se realizan las próximas caminatas musicales:“Sol y Luna”, en Las Lagunitas, Alpa Corral. La idea de la propuesta es que quienes asistan aprovechen a ir al río y se sumen a la experiencia que será completa ya que acamparán en el lugar, harán un fogón y disfrutarán de la luna llena y por supuesto la música.
A los 51 años, Hilario sigue creando, viajando, componiendo, soñando proyectos. Planea grabar más material, documentar lo que viene construyendo hace años y seguir apostando a una forma de arte que no pasa por la industria, sino por el encuentro real con las personas. Además, promete que en algún momento la Banda Agraria se va a reactivar, “va a suceder, eso lo sé”, dice convencido.

-¿Cómo definirías tu música?
-Es música con identidad. Tiene mucho de lo ancestral, de lo rural, de lo que somos. Uso instrumentos tradicionales y también inventos propios. No busco sonar perfecto, busco que sea real.
-¿Qué te gustaría que quede de todo este camino?
-Que quede la idea de que se puede vivir de la música sin perder la esencia. Que se puede crear desde un pueblo. Que la gente se anime a cuidar la naturaleza, a encontrarse más, a escuchar más.


