Lara Ponsone, artista plástica

El “dibujo en hierro” que hoy
es un homenaje a la democracia

A 42 años del regreso de la democracia en Argentina, la artista riocuartense Lara Ponsone recuerda la creación de la escultura de Raúl Alfonsín que realizó en 2014, al cumplirse tres décadas de aquel histórico acontecimiento. La obra, considerada como un “dibujo en hierro”, fue un homenaje al expresidente y símbolo del retorno democrático, y se transformó con el tiempo en una de las piezas más emblemáticas de la ciudad. En esta entrevista, la artista repasa el proceso creativo, las emociones que la atravesaron y comparte los nuevos caminos de su carrera artística, marcada por la sensibilidad, la introspección y la búsqueda constante de lo humano a través del arte.

Fotos: Santi Mellano

En 2014, al cumplirse treinta años de la recuperación democrática en la Argentina, la artista visual Lara Ponsone fue convocada por el entonces intendente Juan Jure para realizar una escultura de Raúl Alfonsín. El encargo tenía un peso simbólico y afectivo enorme: homenajear, a través del arte, al presidente que había encarnado el retorno a la democracia tras la dictadura. A 42 años del regreso de la democracia, rememoramos con su creadora, esta obra homenaje a Alfonsín.

La obra fue inaugurada en Río Cuarto y, más de una década después, continúa siendo una de las piezas más recordadas de la artista, que la define con precisión poética como “un dibujo en hierro”. “Venía del mundo de la pintura y esta vez dibujé con hierro. Por eso siempre aclaro que no es una escultura tradicional, sino un retrato trazado en el aire”, dice la artista.

Entrar en la casa de Lara es sin dudas respirar arte. Cuadros en las paredes, una chimenea prendida por el frio inesperado en este final de octubre y detalles que hacen de su casa un hogar único. La artista recibe a Otro Punto para dialogar de aquella mítica obra a Raúl Alfonsín, en el marco de los 42 años del regreso de la democracia en Argentina que se cumplieron este jueves 30 de octubre. En la charla hablamos además de sus inicios como artista y los proyectos que se vienen en su carrera.

Lara Ponsone, Licenciada en Pintura por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), ya contaba con una amplia trayectoria cuando asumió el desafío. Había recibido el Primer Premio Arte Joven del Museo Municipal de Bellas Artes de Río Cuarto (1992) y el Segundo Premio del mismo salón (1999). En 2012 desarrolló el proyecto Riberarte, con el que curó y produjo exposiciones de artistas como Remo Bianchedi, Juan Longhini, Lucas Di Pascuale, Rubén Menas, Claudio Gómez, Pablo Peisino, Gustavo Piñero y Guillermo Mena.

Sus pinturas forman parte de colecciones públicas y privadas en Argentina, México, Estados Unidos y Uruguay, y ha expuesto en galerías, museos y ferias nacionales e internacionales. Pero el homenaje a Alfonsín condensó muchos de los rasgos que atraviesan su obra: la sensibilidad por lo humano, la vulnerabilidad, la construcción paciente de la forma y la búsqueda de sentido desde el oficio.

-¿Cómo fue realizar esta escultura homenaje a Alfonsín?, ¿qué recordás de ese momento?

-Fue una experiencia muy intensa y desafiante. La obra me la pidió Juan Jure, que era el intendente en ese momento, para conmemorar los 30 años del regreso de la democracia en Argentina, en 2014. Recuerdo que trabajé contrarreloj, con reflectores de noche y un equipo de soldadores que me acompañó durante semanas. La hice en el taller Martínez, donde organizamos todo el proceso: había un chico dedicado solo al corte de los hierros, de distintas medidas, y yo iba “dibujando” con ellos sobre el piso, disponiéndolos uno sobre otro para dar forma al rostro. Del otro lado, los soldadores iban punteando donde yo marcaba. Fue realmente un trabajo colectivo, necesitamos una grúa y seis hombres para emplazarla. Yo la siento como un “dibujo en hierro”, porque eso fue exactamente lo que hice: dibujar con hierro. Además, fue una experiencia muy movilizadora como mujer artista, en un ambiente que todavía era muy machista. Tuve que ganarme el respeto de los herreros y sostener el liderazgo del proyecto, algo que en ese momento no era tan común.

La obra fue un gran desafío físico y emocional: soldábamos día y noche, y cuando finalmente la levantamos, los nervios eran enormes. Me acuerdo que les pedí a los chicos que me dijeran si se parecía. Fue muy fuerte ver cómo cobraba vida. Hoy la veo como un símbolo, no solo de la democracia, sino también de la constancia y la pasión con la que trabajo cada obra.

Dimensiones monumentales

La escultura, realizada íntegramente en hierro, tiene dimensiones monumentales: mide 6,80 metros de largo, 3,40 metros de alto y 40 centímetros de espesor, con un peso aproximado de 780 kilogramos. Su construcción requirió la asistencia de una grúa y seis operarios para el traslado y emplazamiento.

El proceso de creación fue tan intenso como artesanal. “La escultura la hice acostada y dibujada en el piso para tener la referencia del rostro, porque después son todos hierritos soldados”, explica Lara.

La artista diseñó y calculó cada tramo del metal: distintos caños y varillas de hierro cortados con precisión milimétrica, que luego fueron ensamblados por un equipo de soldadores a partir de sus marcas: “Yo iba dibujando con los hierros, uno sobre otro, y del otro lado los soldadores punteaban donde yo les indicaba. Fue un trabajo colectivo, un gran dibujo en hierro”.

Para obtener el color y textura deseados, la superficie fue sometida a un proceso químico de oxidación con ácido nítrico, realizado bajo estrictas medidas de seguridad. “Tuve que usar mameluco, máscara y guantes especiales. Se rocía y es muy volátil, carcome el hierro, pero si no lo hacíamos quedaba negro. La idea era que la obra llegara al día de la inauguración con el tono justo de óxido”, cuenta la licenciada.

El resultado fue un retrato construido en líneas de hierro que, de cerca, parecen abstractas, pero que a la distancia componen la figura inconfundible del líder radical. Una estructura sólida y a la vez etérea, suspendida entre la materia y el dibujo, entre la historia y el gesto artístico.

-¿Qué significó para vos hacer esta escultura al padre de la democracia?, ¿lo admirabas a él?

-La realidad es que el significado de la pieza fue, desde el inicio, profundamente emocional. Yo tenía ocho años cuando él daba sus discursos, y me impactaba ver a mis padres emocionarse. Vengo de una familia radical, mi abuelo, mi papá. Tengo el recuerdo de ser chica y que me pusieran a doblar los votos a mí, todos los chiquitos en las juntadas nos poníamos a hacer eso. Después de 7 años de dictadura militar ver a la gente contenta, yo no entendía mucho porque era chica, pero veía que la gente estaba feliz y eso me emocionaba.

Alfonsín era un gran orador y muy apasionado. Más allá de los partidos, la gente lo escuchaba con respeto y admiración. Hizo mucho por la democracia argentina, y eso me marcó. Investigué mucho sobre él. Supe que era masón, y me interesó su coherencia con los valores de libertad, igualdad y fraternidad. Era un hombre austero, sencillo, que vivió con convicción lo que creía. Yo creo que a la gente no le importaba si era radical o peronista o sin partido, lo escuchaban y se emocionaban. Yo vi eso. No hubo otro que hable así. Y además, bueno, que defiendan la democracia a ultranza.

El día de la inauguración, por cuestiones de agenda, la artista no pudo estar presente. “Se fue postergando el día y yo tenía que viajar así que lamentablemente no pude estar. Fue mi familia la que asistió. Mi papá estaba feliz. Imagínate lo que fue para él ver un Alfonsín de casi siete metros. Yo lo viví desde lejos, pero sabía que esa obra ya no me pertenecía: era de todos”, narra Lara.

Hoy, la escultura sigue en pie en la Plaza de la Democracia “Raúl Alfonsín”, en el sur de la ciudad donde se emplaza la ex oleaginosa. El paso del tiempo la ha ido deteriorando. “Está algo dañada, necesita mantenimiento. Yo misma presenté un plan de conservación. Es una pena, porque estas obras también son memoria”, dice la artista.

A lo largo de su carrera, Lara Ponsone ha mantenido una línea estética y conceptual centrada en la vulnerabilidad humana. En sus pinturas, los árboles, los troncos y las pieles se convierten en metáforas del cuerpo y del paso del tiempo. “Hablo de heridas, de bifurcaciones, de apegos y dependencias. Los árboles son humanos: respiran, sufren y resisten. En el fondo, siempre estoy hablando de eso: de lo humano”, cuenta.

Actualmente, la artista se encuentra dedicada de lleno a la producción y al desarrollo de nuevos proyectos tanto en Buenos Aires como en Río Cuarto. Alterna entre ambas ciudades, aprovechando su participación en clínicas de arte y espacios de formación, además de continuar enviando propuestas a concursos y salones nacionales. En el último tiempo expuso en la Casa de Córdoba y en La Rural, dentro de una feria organizada por la Casa de Córdoba en Buenos Aires, y recientemente presentó un proyecto en el Centro Cultural Recoleta. También trabaja junto a un curador en la capital, desde donde planifica su agenda expositiva y futuras presentaciones.

Paralelamente, sigue muy activa en el intercambio con otros artistas a través de redes sociales, donde considera que se han acortado las distancias y se fortalecen los vínculos creativos a nivel global (a nivel internacional expuso en Miami, Palm Beach, Francia, entre otros lugares)

“El arte me ha ayudado a transitar la vida. Me enseñó a darle valor al tiempo, al esfuerzo, a los procesos”, dice la artista. Homenajear a Alfonsín fue, en cierto modo, homenajear también eso: la constancia y coherencia. Él defendió la democracia con palabras; y en el caso de Lara, con hierro.

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