Tras presentar en Miami una muestra fotográfica del recorrido de sus obras “El Camino de D10S” y “Los Campeones del Mundo”, el muralista Gastón Liberto repasa la travesía artística que comenzó dentro de la casa de Diego Maradona y que se extenderá por diez países. Murales, viajes, participación comunitaria, fútbol e identidad argentina conviven en un proyecto que ya lo llevó por distintos rincones del mundo. En diálogo desde Estados Unidos, el artista habló sobre el origen de la iniciativa, su manera de entender el arte y el sueño de convertir todo el recorrido en un libro.

“Bueno, ya estoy, ya armé el mate”, dice Gastón Liberto apenas atiende el teléfono desde Miami. El artista se encuentra en Estados Unidos en pleno Mundial en donde presentó en el Consulado General y Centro de Promoción Argentino, una exposición fotográfica del recorrido de sus murales.
La propuesta reúne distintas etapas de su trabajo alrededor de figuras que forman parte de la identidad popular argentina. Diego Maradona y Lionel Messi ocupan un lugar central, pero también aparecen Mario Alberto Kempes, nuestro Pablo Aimar y Carlos “la Mona” Jiménez. El fútbol funciona como puerta de entrada, aunque detrás de cada mural hay historias, viajes y emociones que van mucho más allá de un potrero.
“Más allá de toda la fiebre del fútbol, está lo que queda de nuestra cultura a través del arte”, explica. Para Liberto, sus obras hablan de una identidad que puede encontrarse en la Selección, en la música cordobesa y en aquellos personajes capaces de representar a una comunidad entera.
El proyecto más ambicioso de su carrera (así lo define el propio artista) se llama “El Camino de D10S”: diez murales sobre Maradona en diez países. El recorrido contempla Argentina, Estados Unidos, España, Italia, Qatar, Brasil, Japón, México, Inglaterra y Bangladesh. Algunas de esas obras ya fueron realizadas y otras permanecen como destinos pendientes dentro de una aventura que nació casi de manera inesperada.

Todo comenzó en Villa Devoto, dentro de la casa que había sido el hogar de Maradona y su familia. El inmueble estaba siendo restaurado y Liberto fue convocado para intervenir uno de sus espacios. Al principio, cuenta Gastón, fue un proyecto autogestionado y luego se sumaron algunas empresas y marcas como auspiciantes. El trabajo tenía una condición: ser confidencial. Por contrato, Gastón podía formar su propio equipo, pero solamente con personas de máxima confianza. Convocó a tres de sus amigos, dos llamados Diego (uno de Córdoba, el otro de Buenos Aires) y Federico, de Río Cuarto. Todos dejaron lo que tenían que hacer y viajaron para acompañarlo durante diez días.
“Imagínate cuando les conté, dejaron todo. Diego el de Córdoba cuando le dije para ir a pintar, el tiene una empresa de mantenimiento de piscinas, ni lo dudó, me dijo esta nos la llevamos para el cajón”, dice Gastón.
-Y no es para menos, me recuerda al cordobés que pensó que había ganado la quiniela y dejó el trabajo jaja
-Sí tal cual, algo así jaja. Estábamos pintando, nos miramos y decíamos: loco estamos en la casa de Maradona. No lo podíamos creer. No era su casa, era su hogar. Toda esa energía se sentía. Estábamos solos en la casa, en la pileta, en el patio, en el quincho donde comía asados con su padre. Estaban las plantas de burrito que tenía don Diego, fue increíble.
“Nosotros estamos parando en capital e íbamos todos los días a Villa Devoto y tomábamos el tren. El tren donde se cruza la gente que va de provincia a capital, es la argentinidad en su máxima expresión. Maradona estuvo en todo el mundo pero terminó en Argentina, valoraba nuestro país. Sentir esas emociones e identidad argentina fue algo único”, cuenta aún emocionado el artista.
Gastón y sus amigos no solo se llevaron la experiencia de pintar sino que conocieron un montón de anécdotas del diez. Claudio, quien había cuidado la propiedad durante décadas, compartía permanentemente recuerdos e historias familiares. Cada rincón parecía conservar una parte de la vida de Maradona: el lugar donde se reunía con sus padres, donde volvía después de vivir en distintas partes del mundo y donde encontraba nuevamente su hogar. “Se sentía la energía del Diego ahí”, sostuvo Liberto.
“Me preguntaba por qué me había llegado ese proyecto a mí. Hay artistas argentinos que admiro muchísimo, con una estructura enorme, y de repente me tocaba entrar a la casa de Maradona. Lo sentí como una misión”, explica.
El primer mural se convirtió en el punto de partida de “El Camino de D10S”. A partir de ahí comenzó a reconstruir distintos momentos de la vida del diez.

Luego llegó Miami. En Wynwood pintó al Diego del Mundial de Estados Unidos 1994, con la recordada camiseta azul de rombos negros. En aquel momento todavía no había demasiados murales futboleros en la ciudad y Gastón sostuvo que hubo algo de anticipación en esa apuesta.
“Creo que fui visionario. En ese momento vinimos solamente dos artistas argentinos. Uno era Maxi Bagnasco, a quien admiro mucho, y después estaba yo con el mural de Maradona”, señala el artista.
La obra contó con la ayuda de artistas locales y con la participación de personas que se acercaban durante el proceso. Esa dimensión colectiva se repitió en otros lugares y terminó convirtiéndose en una de las características principales de su trabajo.
En Villa Fiorito, donde nació Maradona, realizó una intervención para la escuela de fútbol social Diego Armando Maravilla. La propuesta sumó también a Rodrigo Bueno, como símbolo del vínculo entre Córdoba y Diego. Participaron chicos del barrio, artistas y vecinos.
“Fue mágico. Me gusta que se acerquen artistas del lugar y que participe la gente. Maradona les despierta cosas a todos”, cuenta el muralista.
Esta experiencia se repitió en Barcelona. Mientras trabajaba, distintas personas se acercaban para contarle encuentros, recuerdos y anécdotas vinculadas al futbolista. Algunos lo reconocían por su etapa en el club, otros, como un símbolo de la cultura latinoamericana.
Para Gastón, esa capacidad explica por qué el Diego continúa atravesando generaciones, idiomas y fronteras.
“Maradona trasciende lo deportivo. Es una figura mundial que genera algo mucho más profundo que el fútbol”, sostuvo Liberto.
En Río Grande realizó otro de los murales más cargados de significado. La obra representó al Diego de 1982 y estuvo vinculada con los veteranos de Malvinas. La ubicación, frente a las islas, convirtió al proyecto en un homenaje atravesado por la memoria nacional.
Más tarde llegó Nápoles, donde pintó para la curva del club italiano. El contacto con los hinchas le permitió conocer otra forma de vivir del diez: la napolitana. En ese momento comprobó nuevamente que Diego no pertenece solamente a la historia argentina, aunque su figura conserve una manera profundamente argentina de entender la pasión.
Cada destino fue aportando una capa distinta al proyecto. Las obras no buscan repetir una misma imagen, sino recuperar momentos particulares de la vida de Maradona y relacionarlos con los lugares donde fueron realizadas.
–¿Qué te dejaron esos viajes?
–Me llevaron a conocer otras formas de compartir nuestra cultura y nuestro sentir. Es algo único. Algunos proyectos los puedo hacer gracias a auspiciantes pero fue algo que nació porque yo así lo sentía, también tienen que ver con hacerlo por gusto y por una misión.
En Miami, además de “El Camino de D10S”, Liberto presentó parte de su trabajo dedicado a los campeones del mundo. Allí aparece el mural realizado en Río Cuarto con Messi, Maradona, Kempes y Aimar.
Gastón conoció a Pablo Aimar, quien firmó una camiseta y pudo observar el retrato que el artista realizó por encargo de la Municipalidad de Río Cuarto. Con Messi todavía no tuvo un encuentro personal, aunque está convencido de que llegará.

–¿Conociste a Messi o te gustaría conocerlo?
–No, me encantaría conocerlo. Creo que lo voy a conocer en algún momento porque se van a dar las cosas para que así sea. Me gustaría que esta parte artística, cultural y social pudiera llegar a Messi, a Julián Álvarez y a la nueva generación. Que sea algo más profundo que lo puramente comercial. Ahora estoy muy concentrado en la muestra y estoy haciendo varias acciones que pueden conectar. Tengo la suerte de estar justo acá, en Estados Unidos, durante el Mundial, así que todo lo que tenga que ver con la prensa y la difusión es muy importante para que eso suceda.
–¿Cómo se vive la figura de Messi en Estados Unidos durante el Mundial?
–Acá, en Florida, hay mucha comunidad latina. Hoy, por ejemplo, estuve con un brasileño que estaba muy contento de que Messi estuviera y de que Argentina siguiera ganando.

–Hace poco también hiciste otro mural de Messi en Río Cuarto, ¿cómo fue ese trabajo?, ¿cuánto tiempo llevó hacerlo?
–Fue para 495 y para el grupo Dioses del Oeste. Me pareció muy buena la apuesta porque fue antes del Mundial, adelantándose a todo lo que se venía. Me encantó el desafío porque la propuesta era intervenir toda la fachada de la esquina. Un trabajo muy dialogado con Ariel Ayala, uno de los dueños, siguiendo la estética del lugar, pero manteniendo un estilo realista. Estoy muy contento con esa obra porque era un gran desafío y creo que quedó muy bien. Lo hicimos con Julieta, mi mujer, y con mis hijos. Trabajamos todos juntos. Mateo hace la parte digital, mi hijo más grande pinta y Julieta y yo también pintamos. Somos un equipo de cuatro que ya sabemos cómo trabajar juntos. Con los elevadores y todo lo necesario, nos llevó cuatro días.
Los tiempos, sin embargo, cambian drásticamente según el lugar. El mural de Fiorito debió completarse en apenas seis horas debido a las condiciones de la zona. En Río Grande, en cambio, el principal obstáculo fue el clima: frío intenso y un viento que dificultaba sostener el trabajo.
“Cada mural tiene su dificultad. Algunos exigen muchísimo más que otros”, resume.
Su estilo es el realismo, aunque evita el hiperrealismo. No busca reproducir cada poro o cada pelo, sino conseguir una imagen de gran impacto, pensada también para quien la observa mientras camina o transita por el lugar.
En algunos trabajos incorpora la técnica del dripping, con chorreados de pintura que conviven con los rostros realistas y le permiten intervenir fachadas completas. Después de treinta años de trayectoria, siente que su lenguaje ya puede ser reconocido.

–¿Creés que tus murales tienen una identidad propia?
–Sí, creo que dentro de mi estilo y de mi forma de trabajar hay una identidad. En los últimos seis o siete años me focalicé más en el fútbol y es por lo que la gente más me reconoce. Me parece valioso que, a través del deporte, muchas personas se acerquen al arte.
La llegada al Consulado Argentino en Miami tampoco fue inmediata. Liberto había viajado seis años atrás para participar de Art Basel y allí conoció a Juliana, agregada cultural, a quien le presentó su obra. El vínculo continuó durante sus visitas posteriores, entre ellas la realización del mural de Maradona en Wynwood y su participación en Qatar.
La relación fue creciendo hasta que recibió la invitación para presentar el proyecto en el marco del Mundial. Gastón conoce bien esos tiempos: fue secretario de Cultura en Reducción y cuenta con experiencia en gestión pública y en proyectos culturales.
En estos días, además de preparar la exposición, sigue los partidos en los fan fest de Miami. Las entradas resultan demasiado costosas, pero en South Beach encuentra a buena parte de la comunidad argentina reunida frente a las pantallas. Allí el Mundial se vive entre camisetas, banderas, músicos, artistas y familias.
La semifinal entre Argentina e Inglaterra adquirió para él un significado particular. En su mirada conviven el fútbol, la historia de Malvinas, el gol de la mano de Diego y el recuerdo del Mundial de 1994.
“Hay cuestiones de identidad que son más emocionales. Podemos tener pensamientos y opiniones diferentes, pero pasionalmente los argentinos compartimos muchas cosas. El arte registra esas emociones, que son más viscerales y trascienden el lenguaje”, afirma.
Más allá de la repercusión que alcanzaron sus murales futboleros, su relación con el arte comenzó mucho antes. Nació en Sierra Grande, pasó parte de su infancia en Tucumán y Santiago del Estero y luego vivió en Campana. Desde chico se detenía frente a las imágenes de las enciclopedias ilustradas que compraba su madre. Dibujaba y construía pequeñas esculturas con plastilina.
A los 19 años comenzó a estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes Líbero Pierini, en Río Cuarto. Allí, entre profesores, compañeros y un ambiente creativo, encontró algo más que una formación técnica: descubrió una forma de vivir.
Treinta años después, continúa estudiando. Recientemente recorrió España para investigar la obra de Velázquez, Picasso y Dalí. También comenzó a coordinar el área de Extensión de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Mendoza en Río Cuarto, donde busca trasladar su experiencia hacia la gestión, la investigación y el ámbito académico.
–¿Qué significa el arte para vos?
–Para mi el artista es la forma de poder transmitir y registrar, mediante un lenguaje visual, las emociones, el tiempo y la historia. Una obra es el registro físico de un momento.
Durante su viaje por España volvió especialmente sobre Las meninas, de Diego Velázquez. Le interesa la manera en que esa pintura incluye al espectador, altera la percepción y permite que alguien creado hace siglos vuelva a ocupar el presente cada vez que una persona se detiene frente al cuadro.
“Cuando leés un libro, escuchás a alguien que lo pensó y lo escribió hace trescientos años, pero en ese momento está con vos. Con la música pasa lo mismo. Mis hijos escuchan a los Beatles y no deja de ser presente ni de ser futuro”, reflexiona el artista.
En esa capacidad de permanecer encuentra buena parte de su motivación. Sus murales están expuestos al clima, al paso del tiempo y a las transformaciones de las ciudades. Necesitan una buena preparación de la pared, pinturas resistentes y capas de protección que deben renovarse. No son eternos, pero dejan una marca.
La gira todavía tiene estaciones por delante. Gastón quiere concretar las obras de Japón, México e Inglaterra, aunque evalúa también Irlanda por la cercanía afectiva de sus habitantes con Argentina. A ese recorrido se suman Brasil y Bangladesh dentro del mapa general del proyecto.
Su sueño es completar los diez países y transformar la experiencia en un libro. No solamente para reunir imágenes, sino para conservar las historias de las personas que pintaron, ayudaron, observaron y compartieron cada mural.
-¿Algún sueño por cumplir?
–Terminar el proyecto de Maradona es un sueño. Quiero hacer los murales que faltan y después poder convertir todo ese recorrido en un libro, para que quede como registro y como legado.

Cuando Otro Punto le pregunta si puede elegir alguna de sus obras como su favorita, vuelve inevitablemente al comienzo. Entre todas las paredes pintadas, todos los viajes y todas las figuras, el mural de Villa Devoto continúa ocupando un lugar único. Fue la primera puerta. La casa donde Maradona volvía, donde estaban sus padres y donde Gastón y sus amigos se detenían a mirarse casi sin creerlo y repetían que estaban pintando dentro del hogar de Diego. El recorrido todavía no terminó. Quedan países, murales y sueños por cumplir. Pero si algo deja claro Gastón es que, cuando el arte nace de la identidad, no conoce fronteras. Porque la argentinidad, al menos para él, no se explica: se pinta.

