Rolando Pierangeli, el hincha número 1 del Celeste
A los 93 años, sigue con la camiseta puesta
Desde los 10 que es parte de la familia del club. Junto a su hermano, fueron jugadores y hasta salieron campeones. Cuando dejó de gambetear, y la vida lo llevó por otros caminos, nunca dejó de alentar al “Celeste”. De la mano de su nieta, va todos los domingos a la cancha y es el hincha más longevo. Las lágrimas por el ascenso y la certeza de que no hay edad para las pasiones.

Una calurosa tarde de diciembre nos envuelve. En barrio Alberdi, algunos vecinos se acomodan con sus reposeras en la vereda, y respiran el aire de verano. Un ritual que casi ha desaparecido. Pero este barrio es particular; tiene su idiosincrasia y la preserva, ante todo. A paso ligero, detrás de una puerta de reja blanca, aparece Rolando. Nos saluda con afecto y nos invita a pasar. Lleva puesto un short negro, zapatillas al tono y una remera celeste, obvio, de Estudiantes. Unos sillones marrones nos cobijan durante la charla. La historia de Rolando, alias “Tito”, con el club de Avenida España comienza en 1943, cuando tenía 10 años. Se hizo socio y arrancó siendo cadete del club. “Éramos chicos, íbamos a hacer gimnasia, colaborar en la biblioteca, y poco a poco me fui metiendo en las inferiores. Mi hermano ya jugaba cuando yo empecé”, recuerda con nostalgia. Su hermano, José Raúl Pierangeli, reconocido delantero de Estudiantes, fue quien lo llevó a asociarse, y a partir de allí, Tito no concibió su vida sin la camiseta. Llegó a la Primera División siendo volante. “Salimos campeones en el 53´ con la reserva y en primera, porque jugaba en los dos. En el 55´ también levantamos la copa, estaba mi hermano jugando. Fueron tiempos hermosos”, dice con alegría y agrega: “Yo jugaba de 4, marcador de punta derecho. Por eso el otro día el gol que le hace Estudiantes de la Plata a Gimnasia, si yo hubiese estado jugando, no lo hacían”, dice mientras suelta una carcajada al aire.

Sin falsa modestia, dice que cree que es el hincha más viejo de la ciudad, “Imaginate querida: tengo 93 y sigo yendo a la cancha, porque me encanta. Si no me lleva La Belu, mi nieta, me lleva mi hija. Voy todos los domingos”. Tito, en voz alta, recuerda a sus compañeros de equipo de la época: Sisali, Rivero, el” Turco” Miguel. “Éramos amigos, como hermanos. De la época, han muerto todos menos yo, porque mi hermano falleció hace poco. Yo soy uno de los sobrevivientes”, menciona con un dejo de tristeza.
Flotando entre recuerdos, a Rolando se le comienzan a mojar los ojos. “Nunca fui figura como Sisali, ni Rivero, ni principal. Pero siempre disfruté de jugar. Un día me dijeron que había sido el mejor hombre de la cancha: fue en Córdoba, en un partido que jugó Belgrano y Talleres contra Estudiantes y Atenas, un combinado. Me dio una alegría cuando me lo dijeron”, se emociona.
Otro camino
Sobre un aparador, con las puertas de vidrio, descansan fotos en blanco y negro y algunas pocas a color. También recortes de diario prolijamente cortados. Con sus dedos, nos indica dónde está él, en el tumulto de jugadores posando alrededor de una pelota. Allí, se advierte a los futbolistas de la época con camisa. “Se jugaba con camisa abrochada con botones. No era remera como ahora”, dice mientras agudiza la mirada sobre la imagen.
Tito cuenta que dejó de jugar joven, a los 28. Menciona que tuvo inconvenientes con un dirigente del club de la época y que esta situación lo alejó de la cancha, incluso como hincha, por unos años. Pero volvió. También, cuenta que tuvo un problema en su rodilla, se lesionó los meniscos y debía operarse. “Jugué dos partidos seguidos, uno por día, y me lesioné. Antes, las canchas no eran como ahora. Te raspabas todo por la arena”.

El hincha de Estudiantes dice que arrancó a trabajar en el Grand Hotel desde su inauguración. “Estuve por 19 años y después, 20 años más en el hotel Crillón. Iban a instalar el teléfono en el Grand Hotel y ahí empecé, era telefonista. Fui conserje, portero, hice de todo. Trabajaba entre 12 y 14 horas diarias”. Así, cuenta que su vida fue por otro lado, pero, nunca, se alejó demasiado de la pelota. “Uno puede cambiar de todo, menos de pasión”.
El corazón y el ascenso
La puerta del living está abierta a la calle. Desde el sillón donde estamos sentados se advierte la enredadera que se sujeta con furia a la pared. Mientras que Tito se toca una y otra vez la camiseta celeste que lleva puesta, reflexiona sobre cómo ha ido cambiando el fútbol. “Ha cambiado mucho todo. Son otras jugadas. Ahora se hacen muchos pases, se juega para atrás con el arquero. Ahora no gambetean como antes…”, reconoce y pondera lo bien que jugó el Celeste esta temporada que lo llevó derechito al ascenso. “Jugó muy bien el equipo. Hay muy buenos jugadores que son figura. Juegan en equipo. Lo del ascenso ha sido una alegría muy grande para todos”, cuenta con euforia antes de que se le escape la emoción en forma de llanto. Un llanto sereno, que no disimula. Por momentos, quedamos en silencio. Mira para arriba, y dice: “Es muy lindo lo que pasó. Es una alegría para mi corazón. Todavía sueño con la camiseta con el 4 atrás”, dice con un hilo de aliento.

Asegura que la alegría “que le han dado estos chicos con el ascenso es total”. Y promete seguir yendo a la cancha. Como siempre lo hizo. “Hasta que me muera voy a seguir a Estudiantes”.
Rolando Pierangeli ya no corre por la banda izquierda, pero sigue llegando. Cada domingo. Con paso más lento y el corazón intacto, vuelve a ponerse la camiseta. Es memoria viva del club. En tiempos donde todo parece descartable, Tito recuerda, sin decirlo, que hay amores que duran toda la vida.


