Sebastián Pages es contador público y desarrollista. En el oeste de Río Cuarto, impulsa un desarrollo residencial donde el paisaje, el verde y las nuevas formas de habitar ocupan un lugar central.
Cuando Sebastián Pages habla de Chacras del Oeste, piensa más allá de las obras, los lotes y los espacios verdes. Habla de quienes algún día van a construir su casa allí y de todo lo que empieza a proyectarse desde esa elección. “No es la venta de un lote, estás vendiendo un proyecto de vida”, resume.
La historia del proyecto empezó mirando hacia el oeste de Río Cuarto, cuando muchos de los barrios que hoy se están consolidando todavía no estaban allí. La ciudad comenzaba a crecer hacia ese sector y, junto a sus socios, decidieron proyectar allí un nuevo desarrollo.
“Vimos que había un desarrollo futuro”, recuerda. Primero llegó la negociación por el terreno, después las prefactibilidades y finalmente la compra y puesta en marcha del proyecto. Chacras del Oeste comenzó a tomar forma en octubre de 2023 y la proyección es finalizarlo en diciembre de 2027, para entregar las primeras posesiones entre enero y febrero de 2028.
Sebastián no llegó al desarrollo inmobiliario desde la arquitectura ni desde la construcción. Es contador público, recibido en la Universidad Nacional de Río Cuarto, y durante buena parte de su trayectoria profesional se desempeñó como gerente comercial. Su primera experiencia con un loteo comenzó en 2020, cuando junto a tres amigos desarrolló Los Espinillos, en Las Higueras. Tres años después apareció la oportunidad que terminaría convirtiéndose en Chacras del Oeste. Para él, justamente ahí está una de las diferencias entre desarrollar y simplemente construir.
“El desarrollador es como si fuese un emprendedor. No es lo mismo que un constructor”, explica. Mientras el constructor ejecuta una obra, sostiene, el desarrollista debe encontrar el lugar, anticipar hacia dónde puede crecer una ciudad, imaginar un proyecto y después llevarlo adelante.
En este caso, elegir el oeste tampoco fue solamente una cuestión de paisaje. El sector se encuentra dentro de lo que Sebastián explica como una “zona de anexión”, antiguamente destinada a usos agropecuarios y alcanzada luego por el crecimiento del ejido urbano. Esa condición es fundamental para obtener las factibilidades y extender los servicios necesarios.


Cuando el terreno marca el camino
Una de las decisiones centrales de Chacras del Oeste fue no forzar al terreno a entrar en una cuadrícula perfecta. La topografía existente terminó influyendo en la forma de las manzanas y también en las dimensiones de los lotes.
Por eso no todos son iguales ni responden al clásico rectángulo. Hay superficies que van aproximadamente desde los 680 hasta los 1.000 metros cuadrados, con frentes, fondos y formas diferentes según cada sector. “Se respetaron muchas cuestiones naturales que traía el terreno”, señala Sebastián.
Esa misma lógica aparece en el paisaje. Una antigua acequia elevada que atravesaba el predio, por ejemplo, no fue eliminada. Con asesoramiento paisajístico decidieron recuperarla y transformarla en un paseo en altura de unos 300 metros, incorporando durmientes, adoquines, forestación y terrazas.
-¿Qué importancia tiene el paisaje dentro del proyecto?
-Todo. Somos todos fanáticos del verde. Estamos forestando permanentemente y cuidando la forestación. Creo que la gente también lo valora a la hora de elegir un lote.
La naturaleza también atraviesa la manera en que fueron pensados los espacios para compartir. Chacras del Oeste cuenta con dos sectores verdes diferenciados. Uno de ellos integra un espacio de circulación y senderismo con el club house, mientras que otro concentra el área verde, deportiva y recreativa.
El club house fue pensado especialmente para el encuentro. Tendrá un espacio abierto central y un salón con capacidad para reuniones de alrededor de 40 o 50 personas, pero Sebastián marca una diferencia: no será un salón de fiestas ni estará destinado a grandes eventos.
“Es un barrio para vivir”, explica. La intención es que los espacios comunes acompañen la vida cotidiana sin alterar la tranquilidad que buscan para el lugar.
El sector deportivo contempla canchas de tenis y pádel y una plaza que tampoco fue pensada únicamente alrededor de los juegos tradicionales. El proyecto incorpora distintas propuestas de diseño y un anfiteatro para que el espacio pueda convertirse también en un lugar de encuentro. En total, Sebastián señala que el área verde ocupa casi tres hectáreas.
Cuando imagina ese sector terminado, habla de familias compartiendo, chicos jugando, personas haciendo deporte y vecinos recorriendo los senderos. Una postal futura que también explica qué buscan construir más allá de las viviendas.
Esa mirada responde, según observa, a cambios en la forma de elegir dónde vivir. “Hoy la gente valora mucho y quiere vivir en un entorno natural, de tranquilidad”, sostiene.
A esos dos elementos Sebastián suma otros que aparecen cada vez más en la elección de un lugar para vivir: seguridad, aire libre y verde. En Chacras del Oeste agrega además una característica propia del lugar: la vista hacia las sierras. La arquitectura, el paisaje y los espacios comunes terminan así formando parte de una misma idea: no pensar solamente dónde estará cada casa, sino qué ocurrirá alrededor de ellas y cómo se relacionarán quienes vivan allí con el entorno.


Un proyecto que también se construye en los papeles
Más allá de las obras que ya pueden verse, Sebastián se detiene en otra parte del desarrollo que considera igual de importante: la legal. Es un aspecto menos visible, pero que para él resulta fundamental para garantizar seguridad a quienes eligen el proyecto.
-¿Qué importancia tiene la seguridad jurídica dentro de un desarrollo de estas características?
-Para mí esa parte es tan importante como las obras. Este es el barrio y está la escritura, está la seguridad jurídica.
Chacras del Oeste se encuentra dentro del Programa de Escrituración de Loteos (PEL). Sebastián explica que el proceso contempla cinco etapas: prefactibilidad, factibilidad, licencia ambiental, garantía de aprobación y escrituración.
El proyecto comenzó ese recorrido en junio de 2025 y, según señala, actualmente se encuentra en la cuarta etapa. Para Sebastián, haber avanzado hasta allí en poco más de un año tiene que ver fundamentalmente con el trabajo de los profesionales involucrados y con el seguimiento permanente del proceso. Detrás de un emprendimiento de estas características conviven arquitectos, abogados, contadores, escribanos y proyectistas que deben trabajar en una misma dirección. Sebastián considera que coordinar ese entramado también forma parte de su tarea.
La confianza aparece entonces como otro punto central. Para él, en un desarrollo no solamente importa lo que se proyecta sobre el terreno, sino también quién está detrás, sus antecedentes y los profesionales que lo acompañan. Allí entran en juego valores como la cercanía, el acompañamiento y la credibilidad que se construye durante todo el proceso.
La parte comercial de Chacras del Oeste está a cargo de Jimena Briña, quien recibe las consultas y acompaña a quienes se acercan al desarrollo.

-¿Qué creés que los caracteriza como empresa?
-Fundamentalmente, quién lo desarrolla y quién lo comercializa. En este caso es Jimena, que aparte de ser mi pareja, lleva adelante la parte comercial.
Sebastián cuenta que buscan estar cerca de quienes llegan al proyecto y que ese acompañamiento no termina una vez tomada la decisión. Los sábados y domingos, dice, también suelen estar en el lugar, siguiendo de cerca lo que ocurre y atendiendo las necesidades que aparecen.
Jimena también trasladó a esta experiencia parte de su recorrido profesional. Durante muchos años se desempeñó en atención al cliente y allí aprendió a escuchar, acompañar y percibir las necesidades de cada persona. “Yo tengo eso de escuchar al cliente, de acompañar, ver, percibir lo que siente”, cuenta.
Para Sebastián, esa cercanía ayuda a construir la confianza que considera indispensable en un proyecto que todavía tiene varios años de desarrollo por delante. Quien elige un lote no está tomando solamente una decisión sobre un terreno: está imaginando una casa que todavía no existe y una forma de vida que empezará a construirse con el tiempo.
Por eso vuelve a una idea que atraviesa toda la charla: “No es la venta de un lote, estás vendiendo un proyecto de vida”.


