Optimizar Forestal: árboles que siguen de pie

Eduardo Castro es ingeniero agrónomo y uno de los responsables de la firma cordobesa, que conduce junto a su socio, Luis Argüello Pitt. Su vínculo con la actividad empezó de chico, plantando junto a su abuelo, y con los años se convirtió en un proyecto que hoy produce alrededor de 1,2 millones de plantines anuales.

Cuando Eduardo Castro era chico, su abuelo le pagaba 30 centavos de dólar por cada roble que plantaba en el campo familiar de Yacanto. Era una tarea de infancia que terminó marcando bastante más que aquellos primeros árboles: algunos siguen en pie más de 30 años después y él terminó dedicando su vida profesional a la actividad forestal.

Hoy Eduardo es ingeniero agrónomo y uno de los responsables de Optimizar Forestal, junto a su socio, el también ingeniero agrónomo Luis Argüello Pitt. La empresa cordobesa produce alrededor de 1,2 millones de plantines al año, desarrolla proyectos para campos, municipios, ciudades y obras, y reúne a cerca de 30 colaboradores. En 2010, Eduardo se instaló en Yacanto de Calamuchita y allí comenzó a darle forma a un proyecto que fue creciendo mucho más allá de un vivero. “La producción de plantas es el 5% de nuestro trabajo”, explica.

Aquella experiencia con su abuelo también dejó otra marca: la forma de pensar los tiempos. “Yo no pienso los proyectos a corto plazo, no pienso a seis meses, no pienso al año”, cuenta. Para Eduardo, plantar supone imaginar qué puede pasar dentro de 20, 30 o 40 años, una mirada que hoy aplica tanto al campo como al diseño de ciudades y nuevos desarrollos.

“Ver crecer una planta para mí no tiene precio. El ser humano tiene marchas y contramarchas, sube, baja, retrocede. La naturaleza siempre va para adelante”, dice.

Ese interés por la actividad también apareció temprano. Durante la secundaria armó su propio vivero y, después de recibirse, siguió buscando un lugar dentro de un sector que por entonces tenía pocos actores y todavía mucho por desarrollar.

“Siempre me llamó la atención lo distinto, todo lo que no estaba hecho, todo lo que estaba por hacer”, explica. Cuando comenzó a mirar el sector con mayor profundidad, encontraba vacíos en cuestiones como la elección de especies, la producción de madera, el análisis económico y las posibilidades de diversificar los sistemas productivos de Córdoba.

Con el tiempo, esa primera mirada se amplió. Empezaron a aparecer problemáticas como la erosión, los excesos hídricos, la recuperación de ambientes o la necesidad de incorporar árboles a sistemas ganaderos. La forestación comenzó entonces a pensarse no solamente como una actividad productiva, sino también como una herramienta para resolver problemas concretos.

Mucho más que producir plantas

Optimizar trabaja desde la elección de las especies y el análisis del ambiente hasta la implantación y el seguimiento posterior. Muchos de sus proyectos son de cinco, diez o quince hectáreas y requieren acompañamiento para que la forestación se incorpore realmente al funcionamiento de cada establecimiento.

-¿Qué diferencia a Optimizar de un vivero tradicional?

-Un vivero forestal produce plantas. Yo siempre digo que la producción de plantas es el 5% de nuestro trabajo. En una provincia donde no existe una cultura forestal marcada, nosotros primero somos promotores de esta alternativa.

Para Eduardo, uno de los mayores desafíos está justamente en mostrar para qué puede servir una intervención forestal y sostenerla en el tiempo. “El desafío es no solamente plantar e irse, sino estar ahí para dar una respuesta”, resume.

Entre las especies con las que más trabajan aparece el algarrobo. Eduardo destaca su capacidad de adaptación a diferentes ambientes, su resistencia a las sequías y a las altas temperaturas, la fijación de nitrógeno y las posibilidades que ofrece dentro de sistemas silvopastoriles.

Según explica, puede aportar sombra y confort para el ganado, pero también favorecer las pasturas y adaptarse a ambientes donde otras alternativas encuentran mayores dificultades.

El trabajo de Optimizar también fue creciendo en escala. La empresa participó junto a The Nature Conservancy y Nativas de un proyecto de restauración en el Gran Chaco, con intervenciones en Santa Fe y Santiago del Estero.

Optimizar estuvo a cargo de la ejecución de una iniciativa de alrededor de 80 mil plantas, destinada a generar corredores biológicos que permitan conectar sectores de bosque dentro de campos productivos y favorecer la circulación de fauna.

Eduardo lo define como “un granito”, pero destaca que este tipo de experiencias permiten mostrar otras formas de producir y empezar a incorporar esa mirada entre los productores.

Árboles y arquitectura sustentable

El trabajo de Optimizar fue saliendo del campo y llegando también a municipios, zonas periurbanas, parques industriales, accesos, espacios recreativos y sectores vinculados al tratamiento de residuos y efluentes.

Ahí aparece una de las ideas que Eduardo busca instalar con más fuerza: dejar de pensar al árbol como algo que se agrega cuando el resto del proyecto ya está terminado.

“Hay que considerarlo como parte de la infraestructura civil. Es parte de la obra, es un ítem más de una obra”, sostiene.

¿En qué momento debería pensarse la forestación dentro de un proyecto arquitectónico?

-Nosotros intervenimos en parte del diseño urbanístico. La forestación es un buen elemento en el macrodiseño de las ciudades y en la funcionalidad de cada uno de los espacios.

Eduardo plantea que esa mirada puede aplicarse tanto a grandes desarrollos como a una vivienda particular. También introduce el concepto de compensación: medir el impacto que genera una construcción y pensar de qué manera parte de esa huella puede compensarse mediante soluciones basadas en la naturaleza. “Si no entran en mi terreno, los planto en mi barrio o en las inmediaciones de mi barrio”, ejemplifica.

-¿Qué cambia cuando una ciudad tiene una buena planificación del verde?

-No es lo mismo un lugar donde hay asfalto y da la radiación del sol directo que una cuadra que está tapada de árboles. Actúan como moderadores climáticos y eso reduce muchísimo la demanda energética. Pero esa es una arista, hay varias: también están la recreación y la calidad de vida”.

En encuentros vinculados al arbolado urbano, cuenta, se trabaja con una referencia que propone que al menos el 30% de la superficie de las ciudades tenga cobertura verde, que desde distintos puntos puedan verse tres árboles adultos y que exista un espacio verde consolidado a no más de 300 metros.

Para Eduardo, todavía hay mucho por hacer sin necesidad de modificar lo que ya está construido. Accesos, zonas periurbanas, parques industriales, plantas de tratamiento, áreas de tránsito pesado y nuevas urbanizaciones aparecen entre los espacios donde se puede sumar infraestructura verde desde el comienzo.

En Córdoba, además, cualquier planificación de este tipo tiene otro tema inevitable: los incendios.

Eduardo sostiene que el riesgo de fuego también debería contemplarse al diseñar jardines, urbanizaciones y forestaciones, especialmente en zonas serranas. No alcanza con decidir qué especie plantar. Habla de mantenimiento, manejo de la biomasa, cortafuegos, caminos de acceso, lugares estratégicos para abastecerse de agua, equipamiento y capacitación. “Hay que abordarlas todas, hay que abordarlas de manera conjunta”, plantea.

Hoy Optimizar mantiene su vivero principal en Yacanto y otro espacio de apoyo en La Granja. Eduardo reconoce que los últimos años fueron difíciles para la actividad y aclara que producir 1,2 millones de ejemplares no significa necesariamente venderlos todos.

Aun con otra escala y proyectos muy distintos a aquellos primeros robles, vuelve una y otra vez a la misma idea que aprendió de chico: plantar implica mirar más allá del presente.

“Optimizar se llama Optimizar porque estamos todo el tiempo parados sobre la optimización de recursos para lograr un fin”, explica. Y lo resume en pocas palabras: “No es la planta puesta, es todo lo que hay detrás”.

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