Entrevista a: Graciela Bonino

Vivir la arquitectura, habitar las ideas

Con más de tres décadas de trayectoria, la arquitecta riocuartense, Graciela Bonino, habló con Otro Punto sobre una profesión que eligió y atraviesa su vida.

Fotos: Santiago Mellaano

Graciela Bonino habla de arquitectura y enseguida queda claro que para ella la profesión difícilmente termina cuando sale del estudio. Mirar edificios, espacios, materiales y detalles es su pasión. Lo hace durante sus viajes, actividades cotidianas e incluso cuando practica algún deporte. Cualquier lugar puede disparar una idea, que después encuentra su lugar en un proyecto.

“Veo la vida a través de la arquitectura”, resume.

Nació en Río Cuarto y desde chica tuvo claro qué quería estudiar. Se trasladó a Córdoba para cursar la carrera, en la Universidad Católica de Córdoba y se recibió en 1987. Durante ese tiempo también trabajó con José Ignacio “Togo” Díaz, uno de los arquitectos al que reconoce, como determinante en su formación.

“Fue un maestro de la arquitectura argentina que imprimió dentro de mi personalidad como arquitecta, muchas bases de la arquitectura”, recuerda.

Con él, comenzó trabajando en casas, hoteles y edificios y participó luego en proyectos de distintas escalas, entre ellos el Córdoba Shopping Center. Esa experiencia, sumada al paso por empresas constructoras de Córdoba, sería parte del bagaje con el que algunos años después regresaría a su ciudad.

En la década del 90 volvió a Río Cuarto junto al arquitecto Jorge Compagnucci. Eran pareja desde muy jóvenes, habían estudiado la misma carrera y aunque cada uno transito sus inicios, con sus propios equipos y experiencias laborales, al regresar a nuestra ciudad, decidieron formar juntos el estudio Bonino Compagnucci Arquitectos.

“Cada uno tiene su rol. Siempre me dediqué especialmente al diseño y Jorge, a la diagramación y al seguimiento de obra. Las bases de los proyectos e ideas generadoras se debaten en común, pero mi especialidad esta más vinculada al diseño y al desarrollo del proyecto creativo”, cuenta.

El primer proyecto del estudio en la ciudad fue el edificio Torre de la Villa, en 1990. Después llegarían otros edificios, casas urbanas y en countries , instituciones y tipologías de distintas escalas. Bonino menciona construcciones destacadas como Torre Olazábal, que se convirtió en una referencia dentro de un sector de la ciudad que comenzaba a transformarse.

Más de tres décadas después, el estudio sigue en crecimiento y formación constante.

Actualmente está integrado por Graciela, Jorge y Josefina Compagnucci, su hija, además de arquitectos y profesionales especialistas que se incorporan de acuerdo con los requerimientos de cada proyecto.

Pero si algo se ha mantenido en el tiempo, explica Graciela, es una forma de pensar y sentir la Arquitectura.

–¿Cómo fueron cambiando las tendencias a lo largo de estos años?

–Creo que la arquitectura siempre se sustenta en puntos elementales: generar el mejor espacio, la funcionalidad y responder a un programa, que es lo que nuestro cliente nos plantea. Cuando esos tres puntos se resuelven, la obra es un éxito.

Las formas, en cambio, sí fueron cambiando. Bonino observa que actualmente predominan líneas más simples y que algunos recursos clásicos fueron quedando atrás. Sin embargo, hay una palabra que aparece varias veces durante la conversación: espacialidad.

“La espacialidad es la base de una buena arquitectura”, sostiene.

En Bonino Compagnucci, esta idea se combinó desde los primeros años con un propósito, una fuerte relación de sus proyectos entre el espacio interior y exterior y la búsqueda de obras sólidas y con carácter.

“Nuestra línea de diseño siempre apuntó a generar obras que no fueran tendencias o vanguardias del momento, sino que tuvieran un carácter atemporal. Que a medida que pase el tiempo perduren y no marquen una época. Creo que eso terminó dándole una identidad al estudio”.

A eso se suma algo que Graciela menciona una y otra vez: el detalle.

Para cada proyecto realizan reuniones con los clientes, a quienes buscan conocer mucho más que la cantidad de habitaciones o los metros cuadrados que necesita una vivienda. El análisis que realizan, se basa en cuestionar cómo viven, qué actividades realizan, cuáles son sus hobbies, si disfrutan cocinar, escuchar música, practicar algún deporte y cuál es la relación que sueñan con el paisaje natural.

–¿Por qué es tan importante conocer a quien va a habitar esa casa?

–Porque el arquitecto termina diseñándoles la vida de alguna manera. Esas charlas son la base de datos, para que después nosotros podamos dar  la solución correcta al proyecto de cada cliente.

En estos últimos años cambió la manera de vivir dentro de una vivienda. Los ambientes dejaron de tener límites rígidos, los espacios comenzaron a integrarse y la casa asumió funciones que antes ocurrían en otros lugares.

En el año 2019 se profundizó aún más esa transformación.

“La gente empezó a vivir mucho más su casa como oficina, como lugar de trabajo, de juegos, y de reunión de familia. Eso hizo que los proyectos empezaran a flexibilizar un montón de espacios y las respuestas fueran realmente muy diversas”, explica.

Para Graciela, arquitectura, interiorismo, iluminación y paisaje se proyectan como un conjunto global. En el estudio trabajamos los proyectos de manera integral incorporando especialistas para cada caso particular.

“La casa no tiene límites, siempre es pensada integrando totalmente al paisaje. En nuestros proyectos incorporamos el afuera como parte del interiorismo”.

El estudio de la iluminación, el uso de la luz natural y las visuales, también forman parte de esa búsqueda. No solamente como una cuestión estética, sino por la incidencia que   los espacios tienen sobre quienes los habitan.

“Espacialidad y funcionalidad van de la mano”, sintetiza.

Esa transformación de las viviendas ocurrió al mismo tiempo que Río Cuarto fue extendiendo sus propios límites. Bonino identifica a la década del 2000 como un período de fuerte crecimiento en cantidad de metros cuadrados construidos y señala que el desarrollo de countries y barrios cerrados permitió la aparición de nuevas tipologías.

Hoy mira especialmente hacia el oeste.

–¿Cómo ves a Río Cuarto desde lo arquitectónico?

–La ciudad en estos últimos años, ha tenido un desarrollo, sobre todo en la zona oeste, muy impactante que ha generado un nuevo polo dentro de la trama urbana. Río Cuarto, por su ubicación estratégica dentro de la Argentina, es un nudo regional muy importante y lo seguirá siendo en su desarrollo urbanístico futuro.

A lo largo del camino, el estudio proyecto en nuestra ciudad tipologías de viviendas urbanas y en countries,  como así también diversos edificios e instituciones ,en distintos puntos de la ciudad .Graciela menciona proyectos en  emprendimientos como Rio Cuarto Golf Club, Country San Esteban , Riverside, Soles,  La Angelita , Golf Sur, La Macarena y Loma Alta; proyectos de oficinas y clínicas , espacios de ocio, educacionales, comerciales , y  de Colegios Institucionales y obras fuera de la ciudad, tanto en la provincia de Córdoba,  Buenos Aires y distintas localidades de la región, Villa del Dique, Villa Gral Belgrano,  Mackenna, San Basilio, Laboulaye, Del campillo, Alejandro Roca,   y áreas rurales de la zona.

Cuando se le pregunta cuál fue la obra más desafiante, evita elegir una.

“Cada obra la tomamos con la misma intensidad según su complejidad. No podría definir una sola, de todas las que hemos realizado a lo largo de este tiempo”.

En el estudio también fueron cambiando las herramientas. Graciela atravesó distintas etapas de la profesión y hoy observa cómo la realidad virtual y la inteligencia artificial se incorporaron al proceso de diseño.

Pero hay algo que todavía comienza de la misma manera.

“El croquis es la herramienta básica de nuestras ideas. Sigue siendo la célula inicial del proceso de diseño que después termina definiéndose con la realidad virtual. El origen, sigue siendo ese primer trazo, que define el gesto de un proyecto”.

 Los cambios tecnológicos son parte del proceso de diseño. “Cada día te levantas y tenés una nueva herramienta en la mano”, dice. Para ella, capacitarse, investigar y actualizarse es parte del trabajo, porque también cambian las inquietudes con las que llegan los clientes.

Esa búsqueda fue una constante para Graciela y Jorge. A lo largo de los años viajaron a Ferias de diseño ( Milan Design Week, Casacor , Dara ID, Bienales de Arquitectura) recorrieron obras de los grandes maestros por el mundo, siempre buscando nuevas referencias para traer esas experiencias al trabajo cotidiano.

“Somos los dos muy apasionados de la arquitectura. Eso creo que mantuvo ese pilar y esa consistencia, siempre ir atrás del mismo objetivo. Nos divierten las mismas cosas, viajar a congresos, ferias, capacitarnos, ver obras e investigar”.

La arquitectura también estaba, de alguna manera, mucho antes. Graciela recuerda haber crecido cerca del estudio de su tía arquitecta, y habla de una familia atravesada por distintas expresiones artísticas. Su abuela paterna pintaba y menciona además a familiares que vinieron de Italia, ligados históricamente a la construcción de Río Cuarto. Con el tiempo, esa historia también alcanzó a una nueva generación: Josefina eligió la arquitectura y hoy forma parte del estudio familiar.

Para Graciela, sin embargo, la profesión nunca quedó reducida a un trabajo.

“Lo mejor que te puede pasar en la vida es vivir del hobby que te apasiona. En mi caso lo vivo así: venir al estudio para mí es disfrutar”.

Quizás una de las señales más concretas de todo este recorrido aparezca hoy del otro lado del escritorio. Después de más de tres décadas, algunos de quienes llegan al estudio son los hijos de aquellos primeros clientes.

“Ya estamos trabajando para la segunda generación. Que los hijos vengan y te digan ‘acordarte que a mí me gusta eso que hiciste en la casa de…’ es muy gratificante porque significa que lo hiciste bien”.

Graciela dice que recuerda los proyectos, los procesos y a las personas que estuvieron detrás de cada uno. Y aunque reconoce que siempre encuentra algo que podría haber hecho diferente, hay una sensación que continúa funcionando como impulso: entrar a un espacio que alguna vez existió solamente en su cabeza y encontrarlo construido.

10. El camino es mirar, dibujar y estudiar. La arquitectura aparece en un edificio, durante un viaje, en un detalle, en un paisaje o sobre un papel. Porque para Graciela la arquitectura es más que una profesión: es una pasión que atraviesa su manera de mirar el mundo.

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