Francia y una Navidad sin demasiados festejos

Mal año para la Quinta República francesa. A finales de 2025, Francia atraviesa una de las crisis institucionales y financieras más severas. La parálisis política, derivada de una Asamblea Nacional fragmentada desde 2024, ha llevado al país al borde de un colapso administrativo y ha debilitado profundamente el liderazgo del presidente Emmanuel Macron.

El país ha experimentado una inestabilidad inédita con una rápida sucesión de jefes de gobierno. Tras las caídas de Michel Barnier y François Bayrou debido a disputas presupuestarias, el actual primer ministro, Sébastien Lecornu, ha tenido que renunciar y ser renombrado en un intento desesperado por mantener el orden.

A diciembre de 2025, el gobierno se ve obligado a recurrir a una ley especial de emergencia para evitar un cierre de la administración pública. Esta medida permite prorrogar los niveles de gasto e impuestos de 2025 hacia enero de 2026, ante la incapacidad del Parlamento de aprobar un nuevo presupuesto.

La economía francesa muestra signos de agotamiento significativos: por ejemplo, las previsiones de crecimiento para finales de 2025 sitúan el PIB entre el 0,7% y el 0,9%, una desaceleración respecto al año anterior; déficit y deuda: Francia cerrará 2025 con un déficit público del 5,4% del PIB. La deuda pública ha escalado hasta aproximadamente el 116% del PIB, consolidando a Francia como uno de los países más endeudados de la Unión Europea y bajo el escrutinio constante de las agencias de calificación; respecto del mercado laboral, se estima que el desempleo se profundizará hasta el 8,5% a finales de este año.

Pero tal vez lo más preocupante es el clima social. La sociedad francesa manifiesta una profunda “fatiga social”. El surgimiento de movimientos ciudadanos como “Bloqueemos todo” refleja el descontento ante las medidas de ajuste y la desconexión percibida con la clase política. De hecho, el gobierno tuvo que cambiar dos veces en diez meses su pretensión de congelar las jubilaciones y pensiones y subir las edades para dejar de trabajar. Fue tal el rechazo que el gobierno debió pactar con la izquierda de La Francia Insumisa para lograr al menos aprobar la Ley de Emergencia.

De todas formas, el presidente Macron busca logros en el ámbito internacional para procurar mejorar su desempeño dentro del país; en el plano exterior, aunque Macron intenta mantener su relevancia con anuncios como la construcción de un nuevo portaaviones nuclear para sustituir al Charles de Gaulle (que insumirá € 10.000 millones), la influencia de Francia en regiones como África continúa menguando. Y su pretensión de aparecer como el mayor sostén del mandatario ucraniano Zelenski, lo han llevado a varios sinsabores con sus socios de la OTAN y de la Unión Europea.

Más recientemente, Macron confrontó con la UE por la firma del Acuerdo de Libre Comercio con el MERCOSUR, logrando que la lideresa italiana Meloni lo apoye para posponerlo hasta enero venidero. Pero nada indica que la UE vaya a rechazar la firma de un acuerdo que convertirá al mismo en el área de libre comercio más importante del mundo. Habrá que ver cómo una Francia con estrechez presupuestaria y pronunciado déficit logra imponer medidas paraarancelarias y contentar de alguna manera al sector agropecuario que se encuentra en pie de guerra.

La inestabilidad interna preocupa seriamente a sus socios europeos, ya que el bloqueo en París debilita la capacidad de respuesta de la UE ante desafíos globales y la presión de nuevas políticas arancelarias externas. Es que una Francia debilitada deja a Alemania un liderazgo sin discusiones en la UE luego de la salida del Reino Unido.

Lamentablemente, por el lado del Mercosur las fracturas ideológicas planteadas por elpresidente argentino, que aparece como el ariete de Trump para confrontar con Lula, podrían llegar a darle algo de aire a un Macron que busca desesperadamente que el sector externo le permita llegar a un final de mandato que parece cada día más lejano.

Tal vez sea la oportunidad que los aliados del presidente argentino están esperando; desgastar a Macron y obligarlo a un adelanto de elecciones generales para el venidero 2026, donde todo parece indicar que la gente de Marine Le Pen se alzará por primera vez con el premio mayor, el Palacio del Eliseo.

Compartir

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio