¿Sepultó Colombia el proceso de Paz?
La victoria de la ultraderecha marca el final de la idea de priorizar la paz por enci-ma de la seguridad.
La victoria de la ultraderecha marca el final de la idea de priorizar la paz por enci-ma de la seguridad.
Pese a la necesidad de Trump de abandonar el Golfo, la llave del cese del fuego la tiene un Netanyahu cuya legitimidad depende de mantener sus ataques a Líbano
La interminable segunda vuelta en Perú muestra dos países, dos proyectos, dos sociedades que, en muchos aspectos, son incompatibles entre sí.
¿Puede entenderse la victoria eventual de la extrema derecha en Colombia sólo co-mo un cambio político más? Tal vez sea demasiado lo que la sociedad colombiana arriesga con el “cambio”; derechos y paz.
El plan político de Manuel Belgrano sigue teniendo plena vigencia en estos turbu-lentos días. La visión idílica y escolar del prócer oblitera su faceta más disruptiva.
Bolivia vuelve a ser el epicentro de una profunda convulsión política y social. Ape-nas unos meses después de haber asumido la presidencia, el gobierno del Presidente Rodrigo Paz Pereira se encuentra contra las cuerdas, jaqueado por una severa cri-sis económica y una ola de protestas que amenaza con paralizar al país.
La atención global se concentra de manera unánime en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, donde se desarrolla la cumbre decisiva entre el presidente estadounidense Donald Trump y el mandatario chino Xi Jinping.
La reciente filtración de un memorando interno del Pentágono ha sacudido los cimientos de la diplomacia en el Atlántico Sur. Según informes de Reuters, la administración de Donald Trump evaluaba reconsiderar su histórico apoyo al Reino Unido sobre las Islas Malvinas como una medida de presión tras la negativa de Londres de acompañar plenamente las operaciones militares estadounidenses contra Irán.
La reciente visita de Estado de Carlos III a la Casa Blanca no será recordada por la pompa de sus cenas de gala ni por la reafirmación de la “relación especial” entre Londres y Washington. Por el contrario, el encuentro ha quedado marcado en la crónica diplomá-tica como un ejercicio de funambulismo político donde el peso de la historia y las ten-siones del presente convirtieron cada gesto en un campo minado.
La pregunta sobre la viabilidad de una convivencia pacífica en la región no es nue-va, pero en abril de 2026 adquiere una urgencia desgarradora.