“¿Cuándo dejamos de pedir permiso?” se estrenó en la pantalla grande del Centro Cultural Leonardo Favio. El documental, dirigido por la riocuartense Liliana María Sánchez, convierte experiencias íntimas de 20 mujeres de habla hispana en una reflexión colectiva sobre lo que significa ser mujer a través de distintas generaciones.
A los 50 años Liliana Sánchez decidió volver a hacerse una pregunta que había quedado enterrada por el paso del tiempo, el trabajo y la maternidad: “¿Qué es lo que yo siempre quise hacer?”. La respuesta la llevó a embarcarse en una aventura que duró poco más de siete años y que el jueves por la noche tuvo su más emotiva parada: el estreno de ópera prima como directora “¿Cuándo dejamos de pedir permiso?”.
Quedaban los últimos vestigios del atardecer cuando el frío ya se había apoderado de la ciudad. Dentro del Centro Cultural Leonardo Favio la calidez iba ganando terreno a fuerza de abrazos. Antes de que las butacas de la sala de cine comenzaran a ocuparse, el ingreso se transformó en una especie de pasarela improvisada. Por allí pasaron familiares, amigos, amigas, algunas de las protagonistas y el equipo técnico que le dio vida al documental para detenerse a saludar a la directora riocuartense, minutos antes de que las luces se apagaran para la proyección de su primer film.

Ese momento, cuando la sala quedó a oscuras, los murmullos de un público que colmó el lugar se silenciaron y la pantalla se iluminó, marcó la materialización de un sueño que Liliana había postergado. Y que finalmente se había permitido concretar.
Durante parte de su vida, canalizó su vocación y amor por el cine estudiando y ejerciendo como comunicadora. Como quien pone en pausa un sueño, pero no se olvida de él, trabajó en televisión y en la producción de cortometrajes. Detrás de ese parate había una frase familiar con la que cargaba: primero estaba el deber y después el placer. Por eso, no fue hasta el 2018 que se sumergió nuevamente en libros y guiones, esta vez con la firme intención de ser directora de su documental.
“Era algo que me había quedado pendiente. Recién a los 50, en una etapa diferente de mi vida, me pregunté cuántas cosas había elegido realmente y en cuántas había respondido a lo que se esperaba de mí. Yo sabía que me había pasado a mí y quería saber qué habían vivido otras mujeres. Además, me di cuenta de que yo ya no le pido permiso más a nadie y ahí me largué”, relató sobre el puntapié del documental que seguirá en la cartelera del Leonardo Favio este viernes, sábado, martes y el miércoles.
Una conversación que incluye a todos
La pregunta que se hizo en su introspección – ¿Cuándo dejamos de pedir permiso? – terminó convirtiéndose en el núcleo de un largometraje tan íntimo como colectivo, que reúne las voces de veinte mujeres de habla hispana, de distintas geografías y de edades diversas.
– ¿Cuál era la búsqueda detrás de esta polifonía de voces?
– Yo sabía que a todas algo nos había pasado. Y que la mayoría habíamos crecido, jóvenes o no tan jóvenes, en una sociedad donde desde que nacemos nos dicen cómo tenemos que ser. Las primeras entrevistas fueron a cuatro generaciones de una misma familia. Desde la bisabuela hasta la bisnieta. Y después me di cuenta de que era necesario sumar un montón de voces más, salir del tupper en el que yo misma me había metido y, justo ahí, las entrevistadas me empezaron a encontrar a mí.

– Son 20 mujeres las que aparecen, ¿cuándo decidiste frenar las entrevistas?
– Cada vez me iban surgiendo más entrevistadas y yo pensaba ‘estas son las que dejaron de pedir permiso’ y seguía. Hasta que al final ya no tenía más plata para viajar -dice entre risas-, tenía muchas entrevistas y me obligué a terminar el rodaje. Entonces me pasé el verano chequeando cada una de las entrevistas, revisando el sonido, si la imagen estaba o no en foco y ahí me decidí a buscar una montajista.
A lo largo de una hora y media, las protagonistas narran sus vivencias, sus permisos y las prohibiciones que atravesaron para vivir como mujeres. Pero también hablan de sus libertades y conquistas, porque la esperanza termina siendo el gran telón de fondo. Olivia (8) y Pilar (5), las participantes más pequeñas, son las encargadas de encarnar ese mensaje con intervenciones espontáneas y recordarle a quien observa que, para las nuevas generaciones, el peso de los mandatos ya empezó a desarmarse.
Libertad, deseo, profesiones, cuerpos, juegos en la niñez, culpa, maternidad, violencias y sueños son algunos de los ejes sobre los que gira una conversación intergeneracional -la entrevistada más grande, “Yeya”, tenía 95 años y la más chica, “Pili” tiene 5-. La frontera entre la obra y la butaca se desdibuja, el diálogo cercano y pausado de cada una -un respiro necesario frente al vértigo de los tiempos que corren- traspasa la pantalla y empuja, inevitablemente, al espectador a ser parte de la charla. Y a verse reflejado en la historia de un otro.

“Como amiga, te acompañé desde que arrancaste a pensarlo. Todos estos años te escuchamos hablar del documental, pero siento que hay un antes y un después. Cada cosa que escuché la viví, y eso me dejó regulando”, dijo una de las espectadoras, al terminar la función. Entre risas, remató: “No sé si esta noche duermo. Me quedo pensando”.
– ¿Es una película documental solo para mujeres?
– Yo digo que es para personas. El objetivo es que todos la podamos ver y preguntarnos qué nos pasó o qué le pasó a la persona que tenemos al lado. Quiero que genere diálogo.
Independiente y autogestivo
¿Se puede hacer cine con poco presupuesto? La respuesta se puede encontrar hoy a las 19, este sábado y martes a las 20.30 y el miércoles 27 de mayo a las 18 en la cartelera del Favio. Sánchez recorrió Río Cuarto, Mendoza, España, Villa Cañada del Sauce, México y Nicaragua acompañada de una cámara pequeña, un trípode y un micrófono corbatero. Además, sus ganas de hacer cine. Nada más.

El proceso de rodaje de “¿Cuándo dejamos de pedir permiso?” fue un trabajo artesanal. Hay una larga lista de actividades que se deben hacer para filmar un documental: coordinar la entrevista con cada protagonista, encontrar un buen lugar, colocar la cámara y enfocar – cuidando de que el trípode que la sostiene esté derecho -, grabar el sonido y revisar que “pique”. Seguramente alguna tarea más falte en ese listado. Una vez que la técnica está asegurada, al rol de operadora se agrega el de confidente: preguntar, sostener la mirada y escuchar atentamente para que cada mujer que estaba frente a cámara pudiera contar su historia. Todo pasaba al mismo tiempo y era orquestado solo por “Lili”.
El resultado fueron más de 800 minutos de grabación. Lo que es igual a 13 horas 20 minutos que debían, en el montaje, reducirse a una o dos horas. Hacer un largometraje, en el momento que los ojos se posan en las series de capítulos cortos y fáciles de consumir, fue un acierto de la directora.
El humor de las mujeres que ponen su voz, la musicalización en estudio y un montaje que fluye ágilmente lograron que durante la proyección no hubiera caras iluminadas por el brillo de un celular. Una especie de milagro moderno.
“Cuando terminé de ver todas las entrevistas lo que me pasó fue que me pregunté cómo hacía para darle, después de seis años de trabajo, mi bebé a alguien más. Necesitaba una montajista. Y ahí encontré a Mayra Flores, que es un orgullo total, porque armamos un equipazo. Ella se re copó y así empezó a tomar forma”, contó la directora sobre Mayra, quien se sumó sin dudarlo.
El cine independiente, cuando el propósito es noble, tiene el poder de sumar voluntades en el camino. “Me faltaba la música y no sabía a quién pedirle. Y un día escuché a Sofía Palacios (del dúo Don Hilario y Niña del Monte) y supe que se la tenía que pedir a ella. Así que junto a Horacio Baggini se pusieron e hicieron un tema precioso”, comentó Liliana.
Sin querer spoilear, las animaciones son una parte fundamental del documental. Para ellas se incorporaron al equipo Abril Medinaceli -quien fue una de las entrevistadas- y Leo Fagiano que hicieron todas las animaciones de puño y letra. En tiempos de Inteligencias Artificiales, para la directora, primó la “inteligencia artesanal”.
Respirar profundo
Anoche, cuando ya estaban todas las butacas ocupadas, Liliana entró a la sala en una bicicleta. Siempre creyó que no haber tenido una en su infancia había sido una cuestión económica, hasta que una de las entrevistadas destapó la prohibición que se escondía detrás de esa ausencia. “Encarní, ella es hija de un primo hermano de mi papá, me dijo que no tuvo bicicleta porque para su padre ‘las niñas bonitas no andan en bicicleta’. Y ahí entendí por qué yo no había tenido una, pero también me hizo empezar a darme cuenta de que somos más parecidas de lo que creemos”, cuenta, sin perder su cálido tono de voz.
– En lo personal, ¿esta aventura de siete años te dio respuesta a la pregunta que le da vida a este documental?
– Yo creo que la respuesta está en el hecho de ver que cuando yo solamente nombro el título, veo las caras y se quedan pensando. Y esa es una gran respuesta. Porque descubrirte en algo que no te habías preguntado, y que ahora sí podés preguntarte te permite abrir otras puertas. A mí me permitió aprender a respirar profundo y que no me falte el aire.
Para Liliana, sumergirse en este proyecto, escuchar a otras mujeres, encontrar el eco de su propia historia en ellas y cumplir el sueño de hacer cine fue aprender a sanar y liberarse de cargas y mandatos que la habían acompañado toda su vida. Su intención es que esto le suceda también al espectador. De allí que el mensaje de esperanza es necesario, porque demuestra que existe un horizonte de posibilidades cercano que, más allá de las edades y latitudes, es para todos.
La invitación del documental es tan incómoda como necesaria. Usted, lector, aún está a tiempo de descubrirlo en la pantalla grande.
FICHA TÉCNICA
Título: ¿Cuándo dejamos de pedir permiso?
Género: Cine documental
País: Argentina
Duración: 90 minutos
Equipo técnico:
– Idea, guion, producción, cámara, sonido directo y dirección: Liliana María Sánchez
– Montaje, sonido en estudio y color: Mayra Soledad Flores
– Animaciones: Abril Medinaceli y Leo Fagiano
– Diseño gráfico: Laura Porta – Producción y distribución: Proyecto L

