Diez años después, vuelve la carrera que deja huellas

La Maratón de Colegios Secundarios regresa a Río Cuarto este domingo 25 de octubre, después de una década sin realizarse. Abigail Florit, ganadora en 2013, recuerda cómo aquella experiencia marcó su adolescencia y reflexiona sobre el deporte como espacio de aprendizaje, pertenencia y formación para los jóvenes.

Fotos: Laura Scott

En una carrera, la meta parece estar siempre adelante. Hay que llegar primero y cruzarla. Pero hay experiencias que no terminan cuando se acaba el recorrido. Se quedan en los vínculos que nacen, en los caminos que se abren y en las decisiones que, con el tiempo, encuentran su origen en aquel momento. Para Abigail Florit, la Maratón de Colegios Secundarios fue una de esas experiencias. En 2013, cuando todavía era estudiante, Abigail participó de la competencia y ganó. Más de diez años después, sigue recordándola como una etapa de su vida en la que el deporte comenzó a ocupar un lugar importante. Este domingo 25 de octubre, la maratón volverá a las calles de Río Cuarto después de una década sin realizarse. Y para ella, el regreso representa mucho más que recuperar una actividad deportiva: significa volver a abrir una puerta para que otros chicos y chicas puedan encontrar su propio camino.

Su vínculo con el deporte había comenzado mucho antes de aquella carrera. Durante su infancia, el Club Banda Norte fue uno de los espacios que formaron parte de su rutina. Cerca de su casa, junto a su hermano y con el acompañamiento de sus padres, encontró distintas actividades. Hizo gimnasia artística, natación y pasó por varias disciplinas. “Con mi hermano vivíamos en el club, aveces ibamos 2 o 3 horas antes de entrenar y nos quedábamos jugando”, recuerda entre risas. La calle fuera de su casa era asfaltada y de mucho tránsito, por lo que necesitaban un espacio tranquilo para poder estar afuera. Y el club eso fue.

Con el tiempo, algunas de esas actividades dejaron de ser solamente un pasatiempo. Sus profesores reconocieron sus habilidades en disciplinas como la natación y el básquet, y ella fue encontrando en el movimiento una forma de desarrollarse. Más adelante, dejó la natación y se volcó al atletismo.

En la secundaria, la maratón le ofreció la posibilidad de competir con otros chicos de su edad. Recuerda que casi era la única de su curso que corría, pero el atletismo también le permitió conocer jóvenes de otras escuelas y construir amistades en ese mundo . El deporte fue ampliando todo. En una etapa atravesada por cambios, amistades y búsquedas personales, correr también significó encontrar un grupo, sostener una rutina y compartir una meta. Su hermano, que también corría, formó parte de ese recorrido.

Años después, esa relación con el deporte tomó otra forma. Abigail se recibió de profesora de Educación Física y trabajó en natación, como guardavidas y en colonias de verano. Actualmente, da clases de Pilates y algunas clases particulares de natación. Ya no ve al deporte solamente como una actividad que se practica, sino como una herramienta que puede acompañar el crecimiento de niños y adolescentes.

Aprender a jugar, aprender a convivir

Durante 2024 y 2025, Abigail trabajó como preceptora en el Colegio Cristo Rey. En ese espacio compartió el día a día con estudiantes secundarios y escuchó una inquietud que terminaría convirtiéndose en un impulso para recuperar las competencias entre escuelas. “Che, profe, ¿no puede hablar con la directora para que nos deje participar?”, recuerda que le decían. Abigail comenzó a transmitir esa inquietud y a acompañar el planteo de los docentes de Educación Física.

El pedido mostraba para Abigail que, para los estudiantes, competir no era únicamente una cuestión de resultados. También había ganas de representar a su colegio, encontrarse con otros jóvenes y formar parte de una experiencia colectiva. A partir de eso, se impulsaron cambios en las clases de Educación Física y se retomaron actividades deportivas entre cursos y entre instituciones. La competencia puede ser una motivación para aprender, siempre que no quede solamente en ganar o perder, cree.

En un partido, explica, los estudiantes deben poner en práctica mucho más que una técnica. Necesitan observar a sus compañeros, reconocer los espacios, defender, avanzar y tomar decisiones en equipo. Lo que se aprende durante una clase adquiere otra dimensión cuando aparece una situación real de juego, con otros enfrente y un objetivo compartido.

La mujer que nunca deja de sonreír, también cree que el deporte puede enseñar disciplina, respeto, perseverancia y tolerancia a la frustración. Aprender a perder, volver a intentarlo, aceptar las diferencias y entender que el resultado depende de un equipo son experiencias que pueden trasladarse a otros ámbitos de la vida.

Para Abigail, además, la actividad física tiene una importancia particular durante la adolescencia. En su experiencia educativa observó estudiantes con hábitos cada vez más sedentarios y chicos que se cansaban rápidamente al realizar esfuerzos físicos. Frente a esa realidad, considera que la escuela cumple una función fundamental, especialmente para quienes no tienen la posibilidad económica de practicar una actividad fuera del horario escolar.

La clave está en acompañar la búsqueda. En un club, una escuela o un grupo de entrenamiento, el deporte puede convertirse en un espacio de pertenencia: un lugar al que ir, personas con quienes compartir y una actividad que ayude a construir hábitos y vínculos.

Una carrera que vuelve a empezar

La Maratón de Colegios Secundarios regresará este domingo 25 de octubre, desde las 9, en el Polideportivo Municipal N.º 2. La propuesta será gratuita y tendrá dos recorridos: uno de un kilómetro para estudiantes de sexto grado de primaria y otro de cuatro kilómetros para alumnos del nivel secundario.

La iniciativa recupera una competencia que durante años reunió a estudiantes de distintas instituciones. Su vuelta también recupera la posibilidad de que nuevas generaciones vivan una experiencia que, para algunos, puede quedar en el recuerdo de una mañana de carrera y, para otros, convertirse en el comienzo de algo más.

La historia de Abigail se cruza con la de otros jóvenes que encontraron en aquella maratón un punto de partida. Juan Cruz Florit, su hermano, contó que decidió estudiar Educación Física a partir de esa experiencia y que hoy ya tiene su título universitario. Brian Burgos, por su parte, recordó que comenzó atletismo gracias a la competencia y valoró su regreso como una oportunidad para incentivar la actividad física entre los jóvenes.

Son recorridos diferentes, unidos por una carrera que dejó de ser solamente una competencia para convertirse en parte de una historia personal. Abigail ya no es aquella estudiante que se preparaba para correr. Pero es una mujer marcada por el deporte. No espera que todos descubran una vocación ni que el deporte se convierta en el centro de sus vidas. Desea, más bien, que puedan probar, compartir, aprender y encontrar una actividad en la que se sientan parte. Diez años después, la maratón vuelve a empezar. La meta estará en las calles, pero lo que cada estudiante se lleve de esa experiencia no podrá medirse. A veces, una carrera deja una medalla; otras, una amistad, una rutina o una pregunta que acompaña durante años. Y, de vez en cuando, también deja una huella capaz de cambiar el rumbo de una vida.

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