El Cuarteto, Patrimonio Cultural de la Humanidad
¡No lo pueden parar!
El cuarteto cordobés fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, un reconocimiento histórico para la música popular argentina. Nacido en los años 40 con el tunga-tunga de Leonor Marzano y expandido por figuras como La Mona, Chébere, Tru-la-lá y Rodrigo, hoy vive una nueva etapa gracias a artistas como Euge Quevedo, Lore Jiménez, Magui Olave, La K’onga, Q’Lokura y Banda XXI. La distinción celebra más de 80 años de identidad, baile y tradición cordobesa que hoy se proyecta al mundo. En Otro Punto repasamos el significado de este reconocimiento y te contamos la historia del cuarteto y sus máximos referentes.

El cuarteto cordobés, uno de los géneros musicales más emblemáticos de la Argentina, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, un hito que marca un antes y un después para la música popular del país. La distinción fue anunciada durante la vigésima reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, celebrada en Nueva Delhi (India), donde se evaluaron candidaturas de 68 elementos provenientes de 78 Estados.
Este reconocimiento no solo posiciona al cuarteto en el escenario cultural internacional, sino que también confirma su valor como expresión viva, identitaria y profundamente arraigada en el corazón de Córdoba y de millones de argentinos.

Desde la Secretaría de Cultura de la Nación, encabezada por Leonardo Cifelli, expresaron su satisfacción por la inclusión del cuarteto en la lista de la UNESCO, que ya reconoce otras manifestaciones argentinas como el Tango, el Filete porteño y el Chamamé.
La subsecretaria de Patrimonio Cultural, Liliana Barela, enfatizó que este proceso “difunde una de nuestras manifestaciones hacia el exterior y promueve la curiosidad y el turismo”.
Un género nacido para el baile
En sus primeros años, el cuarteto nació como una expresión popular profundamente arraigada en los barrios de Córdoba. A comienzos de los años 40, pequeños conjuntos llamados cuartetos característicos (integrados por piano, violín, acordeón y contrabajo) animaban reuniones familiares, fiestas barriales y celebraciones comunitarias. Estos grupos interpretaban pasodobles, tarantelas, rancheras y otros ritmos europeos, pero con un tempo más vivo y un acento rítmico particular que invitaba a bailar.
Ese estilo quedó definido gracias a Leonor Marzano, pianista del Cuarteto Leo, quien marcó el famoso tunga-tunga, base rítmica que se convirtió en el corazón del género. La fundación del Cuarteto Leo en 1943, junto a Miguel Marzano, es recordada como el punto de partida formal del cuarteto cordobés.
Durante esta etapa inicial, el cuarteto era un fenómeno estrictamente local, ligado a la vida cotidiana de trabajadores y familias humildes. Su expansión se dio de boca en boca y a través de los primeros bailes, donde la música en vivo empezaba a reunir multitudes. Ese clima de cultura popular fue el terreno en el que surgió una figura que marcaría para siempre la identidad del género: Carlos “La Mona” Jiménez.

Aunque La Mona comenzó su carrera a fines de los 60, su irrupción se nutre directamente de esta primera etapa del cuarteto. Él retomó la esencia del tunga-tunga y la transformó en un estilo propio. Desde muy joven, absorbió la herencia de los cuartetos característicos y le imprimió una energía moderna que cambiaría la historia del género. Su presencia sobre el escenario, su forma de interpretar y su conexión con la gente ayudaron a darle al cuarteto una nueva dimensión, abriendo el camino a la popularidad nacional que luego alcanzaría.
Así, los primeros años del cuarteto no solo sentaron las bases musicales del género, sino que también crearon el contexto cultural que posibilitó el surgimiento de artistas decisivos que, apoyados en estas bases, llevaron el cuarteto desde los clubes barriales hasta convertirse en un fenómeno argentino reconocido en todo el mundo.
Los bailes cuarteteros hoy son una fiesta que reúne a jóvenes, familias y amigos de todos los barrios. La forma de bailarlo y la interacción con los artistas, marcada por el “tunga-tunga”, forman parte de un ritual social que trasciende generaciones.
El cuarteto no es solo música: es baile, lenguaje, pertenencia y memoria afectiva. Atraviesa estadios, fiestas populares, reuniones familiares y celebraciones barriales.
La distinción de la UNESCO reconoce justamente esa vitalidad y esa capacidad de reinventarse con cada nueva generación.

Córdoba, la cuna del cuarteto
El cuarteto cordobés es un género que se ha ido construyendo gracias a una serie de artistas que, en cada época, marcaron su identidad y ayudaron a expandirlo. Desde sus comienzos, el nombre de Leonor Marzano se vuelve indispensable, porque tal como mencionábamos anteriormente, fue quien creó el ritmo característico del género. Ese estilo, nacido en los años 40, fue el punto de partida para que nuevas generaciones lo fueran transformando y llevando a públicos cada vez más grandes.
Entre esos artistas que dieron forma al género se encuentran figuras emblemáticas como Carlitos “Pato” Rolán, una de las primeras voces que conquistó los bailes con su estilo cálido y cercano. En los 70, las Chichí revolucionaron el cuarteto: una banda conformada por mujeres que llenaron los bailes de toda la región. Las Chichí estaban acompañadas por los músicos de Chébere, que por entonces daban sus primeros pasos. Con el tiempo, Chébere se consagró en el género con arreglos novedosos y una estética más profesionalizada. En Chébere, uno de los artistas destacados fue el compositor y cantante Sebastián, conocido como “El monstruo cordobés”.
En los 70 surgió también Bernardo Antonio Bevilacqua, conocido como el “Pibe de Oro”, quien a los 16 años formó su banda llamada “Berna y su conjunto juvenil”: en esa formación cantaba nada más ni nada menos que La Mona Jiménez, quien en ese momento tenía 15 años.

En el 84 nació Tru-la-lá, grupo clave que impulsó una enorme renovación, aportando vocalistas y sonidos que se convirtieron en referencia obligada. En Tru-la-lá dieron sus primeros pasos dentro de la música varios artistas reconocidos como “Marito” (Mario Gutiérrez), Gary, Javier Carlos Brizuela, Cristian Abel Amato, Pablo Ravasollo, Claudio Toledo, Jean Carlos, Ale Ceberio, Sandro Gómez, entre otros.
A finales de los 90, Rodrigo “El Potro” Bueno llevó ese impulso aún más lejos: su carisma y su llegada nacional abrieron definitivamente las puertas del género a todo el país. Rodrigo expandió también el llamado “Merenteto”: un subgénero musical que fusiona el cuarteto con el merengue dominicano. Jean Carlos es otro de los artistas referentes de este subgénero musical.
Hoy, el cuarteto vive una etapa de enorme vitalidad con artistas que combinan tradición, modernidad y una fuerte presencia en plataformas digitales. Ulises Bueno, Damián Córdoba, Cachumba, La Barra (que en julio de 2025 anunció su separación), Lore Jiménez, LBC junto a Euge Quevedo, Magui Olave, La K’onga, Q’Lokura, Banda XXI y Luck Ra son solo algunos de los nombres más destacados de esta nueva generación. Cada uno aporta un estilo propio y acerca el cuarteto a un público más amplio.
Gracias a todas estas figuras, los pioneros que crearon el lenguaje del cuarteto, las leyendas que lo hicieron masivo y los artistas actuales que lo renuevan constantemente, el género se mantiene vivo, vigente y cada vez más expandido. Su impacto en redes, festivales y rankings demuestra que el género continúa evolucionando sin perder su esencia.

Referentes riocuartenses
La ciudad de Río Cuarto ha aportado nombres fundamentales al crecimiento del cuarteto, convirtiéndose en uno de los polos más importantes del género fuera de la capital provincial. Río Cuarto se ha consolidado como cuna de talento cuartetero, inspirando a nuevas bandas y bailarines, y fortaleciendo el lazo cultural entre el sur provincial y la tradición cuartetera cordobesa.
Uno de estos referentes es una figura histórica del cuarteto, Miguel “Conejito” Alejandro. El cantante dejó una huella profunda en el desarrollo del género desde el sur cordobés. Además de su carrera como solista, el artista creó la agrupación Banda XXI: una de las bandas más influyentes del cuarteto moderno, que llevó el género a nuevas generaciones y consolidó una identidad musical que fusiona lo tradicional con lo contemporáneos.
A mediados de los 80, en nuestra ciudad, apareció la agrupación “Los Laras”, que fue un suceso para la época, con la voz inconfundible de Jorge “Toro” Quevedo.
Otro Punto dialogó con Marcos Gómez, cantante y compositor de Banda XXI, para hablar sobre el reconocimiento del cuarteto a nivel internacional. “Estamos celebrando que nuestro género, el cuarteto, pasó a ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por decisión de la UNESCO. Es un reconocimiento enorme a nuestra música popular cordobesa, que ha crecido, se ha expandido por el país y en los últimos años cruzó fronteras para convertirse en una música internacional”, sostuvo el cantante.
Gómez destacó el impacto cultural de la distinción y el rol de los artistas en este nuevo escenario: “Este reconocimiento es un mimo muy grande para nuestra identidad. También nos da una responsabilidad mayor: el mundo ahora va a conocer este lenguaje musical que nació en Córdoba, como una mezcla de diversas culturas europeas. Estamos felices. Que viva nuestra cultura cordobesa y la música nacional, que está de fiesta”.

Otro Punto también habló con Natalia Barraco, integrante de Los Soplafortune y docente que se hizo viral por enseñar cuarteto en las aulas. “La noticia me puso muy feliz y orgullosa. Es un logro que los artistas se merecían porque este género forma parte de nuestra identidad cultural. Como docente y música quiero seguir investigándolo porque al cuarteto hay que valorarlo y no puede pasar desapercibido”, sostuvo la artista y docente.
La presentación para la UNESCO, titulada “Cuarteto, Música, Letra y Danza en la Ciudad de Córdoba”, fue elaborada por especialistas y autoridades desde 2022, y presentada formalmente en 2024 por la Municipalidad de Córdoba y el Estado Nacional, luego de la evaluación del Comité Argentino del Patrimonio Cultural Inmaterial.
La declaración del cuarteto como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad es un homenaje a la creatividad, la identidad y la alegría que este género ha sembrado durante más de ochenta años.
El cuarteto está de fiesta y Córdoba lo sabe, ¡Bien ahí!

