Se fue abril que, lejos de tornasolar el alma otoñal de la época, cala dolorosamente hasta los huesos.
El correlato Mileista se cuela, o lo dejan colar, en los gobiernos provinciales y también municipales. Más allá de las particularidades ensayadas para justificar la deshumanización que se evidencia en cada accionar, reafirma la crueldad de un modelo asfixiante.
Durante abril todo fue doloroso. El Señor del Mal, el presidente Milei, dijo que la economía vuela, que la inflación está controlada y la pobreza bajó y como si fuera poco, la Fórmula 1 está en la Argentina. Si, eso dijo y remarcó: “Volvimos a ser un país normal”.
Tal vez entienda como normalidad, el accionar despiadado sobre los jubilados, a los que llama “viejos meados” o sobre los discapacitados que peyorativamente denomina “idiotas” o “imbéciles”. Las últimas marchas y expresiones desesperadas sobre la realidad que atraviesan estos sectores, no le movió el amperímetro de su humanidad ni de su responsabilidad gobernante.
Como esta casta. Ahora sabemos que este gobierno es la verdadera casta, todos actúan igual. Manuel Adorni, el que se deslomaba y ahora es un pobre muchacho que acompaña el mismísimo presidente para hacerle de barra brava durante su informe de gestión lo mostró a la perfección. Insólito, jamás en la Argentina pasó algo semejante, mientras se acababa de decretar la restricción de gas natural en industrias y estaciones de servicio.
En Córdoba aún no se siente, pero llegará. Como llega el accionar copia y pegue de Milei en la provincia y en los municipios. Ya se hablan de bancos de horas para seguir precarizando los trabajadores.
Lo que no llega en Córdoba es el respeto institucional. El avasallamiento que manifiesta el oficialismo de Llaryora en la legislatura, no tiene tampoco precedentes.
Les recuerdo que vuelven, una vez más en 20 años, a matar a Nora Dalmasso. Ahora en un Jury. No importa Nora. Importan los nombres.
Y sigo: en este dolido Río Cuarto hay alarmas en la escuelas, más intentos de suicidios de jóvenes, más inseguridad y panorama desolador con empresas y comercios que cierran. Sumo: desde el municipio se anuncia un cambio que cambia lugares y resta políticas públicas. 17 empleados de Correo Argentino son despedidos, como don Guillermo con 30 años de servicio. En esta ciudad que orgullosamente se autodenomina “Imperio” se multiplican las ollas populares y las organizaciones sociales y religiosas vuelven como en los 90 a hacerse cargo ante el retiro del Estado de las funciones básicas.
No se le ocurra enfermarse el fin de semana, si va a un S24 lo atenderá un personal de seguridad tercerizado que le preguntará qué le pasa y qué le duele y llamará a un médico por celular y si tiene suerte, podrá atenderlo. No hay más personal municipal para recibir a enfermos como eran antes. Eso sí, el cemento seguirá intentando tapar la ciudad que duele.
Ah! Si Ud, o alguien que conoce, es víctima de violencia de género, ¡que sea en horario de atención por favor! No hay más guardias. Hay que alinearse con el “no hay más plata de Milei” y en esa línea empezar a soslayar (o desaparecer) lo que tenga visos de derechos humanos, Género, Diversidad, inclusión en estos ámbitos.
Es de no creer que después de tantos años de luchar por igualdad de oportunidades, derechos que nos incluyan estemos ante este panorama.
La escucha, el abordaje profesional de un equipo, la necesaria asistencia alimentaria, el techo ante el desamparo de la huida urgente de una situación de violencia, el acompañamiento… Lo que no se ve, ni se dice por el debido cuidado, desfallece.
Recuerdo que durante la gestión del intendente Rins, se pusieron en marcha las áreas de Niñez y Mujer, con fuerte impronta de incorporar ese sustento como política pública. En su momento, fui convocada para poner en marcha el Área Mujer y la creación de los primeros programas que implicaban reparar desigualdades, especialmente a las mujeres víctimas de violencia y con jefatura de hogar. Enorme trabajo con todas las organizaciones de mujeres de la ciudad. El intendente Jure profundizó estas políticas y lo que fueron áreas crecieron, se sostuvieron, dieron respuestas y contención a una población tan sensible como vulnerable. Hoy, con las cartas a la vista, vemos que se reducen a la mínima expresión. Estos grandes logros que fueron productos de un colectivo valiosísimo con años de experiencia, trabajo responsable y serio se desmantela y vuelvo a afirmar: lo que no se menciona, no se escribe no existe. Lo que se desaparece también. En esta alineación salvaje que argumenta que es necesario ajustarse a los tiempos que corren deduzco y digo: Milei=Llaryora=De Rivas.

