Alberto Manara, al filo de la perpetua
Infierno en el 4to “B”
Un encuentro nocturno en un departamento del edificio Coronado, de Río Cuarto, acabó con heridas de cuchillos, un incendio ¿provocado? y la muerte por asfixia de Alexis Klavora. Por el hecho hoy está siendo juzgado su acompañante aquella madrugada del 1 de junio de 2025, un profesor de Literatura de 43 años que, en caso de ser condenado, recibirá la pena máxima.
Director Periodístico / Foto de portada: gentileza Victor Rapetti
Alberto Andrés Manara lleva las cejas prolijamente delineadas y el cabello castaño apuntalado por dos hebillas al tono y recogido en una coleta. Los anteojos de carey negro y una polera blanca completan el outfit elegido para una ocasión que, asegura, viene esperando desde hace un año y un mes, desde que fue conducido al pabellón de mujeres de la cárcel de Río Cuarto : el juicio por el que podría recibir la pena máxima.
“Él no veía la hora de que llegara este momento para defenderse y contar lo que pasó”, lo apuntaló el hombre sentado al lado del banquillo de los acusados, el abogado Esteban Bustos. “La primera vez que lo entrevisté lloró desconsoladamente y me dijo: “yo no maté a nadie”. Hizo lo que hubiese hecho cualquiera si se le abalanzaban con un cuchillo”, completó el joven de larga barba negra.

La mañana del lunes 3, cuando fue conducido frente a los jueces Carlos Castellanos, Pablo Bianchi y Gustavo Estevez, y los 12 jurado populares de la Cámara Segunda del Crimen de Río Cuarto, el primer movimiento de este profesor de literatura de 43 años estuvo cuidadosamente estudiado.
-Se me acusa de algo que no cometí. Yo no maté a Alexis. Durante la confrontación física sufrí lesiones que me podrían haber costado la vida. Siempre afronté mis responsabilidades pero me siento un corazón cautivo dentro del servicio penitenciario, un lugar donde nunca pensé que iba a estar.
Agregó que Alexis Klavora, el hombre que trabajaba en el bar Junior B y que apareció muerto en el baño del departamento cuarto “B” del Edificio Coronado, “estaba atravesando un momento de mucho dolor, y yo no pude disuadirlo para ayudarlo”. Y sobre el final se reservó una carta que, aseguró, usará en algún momento del juicio. “Pasaron cosas que ampliaré más adelante”, fue la enigmática frase que cerró la declaración, pues con su abogado , acordaron que no respondería preguntas.
La acusación del fiscal de instrucción Pablo Jávega, dice que el 1 de junio de 2025, luego de que Klavora regresara de su trabajo con una paga de 500 mil pesos, acordó encontrarse con Manara en el departamento de la calle Constitución 567. Allí estuvieron juntos entre las 2 de la madrugada y casi el mediodía, cuando se produjo el trágico final de Klavora.

En ese lapso, se produjo una fuerte discusión entre ambos que derivó en agresiones con cuchillos, trompadas y un colchón quemado, cuya combustión acabaría produciendo el fatal desenlace del ocupante del departamento. El cuadro con el que se toparon los bomberos cuando lograron voltear la puerta del 4to B fue desolador: Alexis Klavora estaba tendido ya sin vida, en el piso del baño tapado con una frazada y con la canilla de la ducha abierta. En su desesperado intento por pedir ayuda, creen que alcanzó a encaramarse a la pequeña ventana, pero no logró salvarse.
Estos hechos son incontrovertidos, de una y de otra parte. Pero difieren claramente cuando se habla de lo que pasó después de la pelea. Desde la fiscalía de instrucción a cargo de Rosario Fernández y la querella asumida por el cordobés Carlos Torres, aseguran que Manara, luego de abandonar malherido a Klavora, se llevó el llavero electrónico y lo dejó encerrado en un departamento que ya había empezado a incendiarse.

La sospecha de quienes sostienen la acusación es que, además del llavero, Manara se llevó el celular, la mochila, una notebook y el dinero que Klavora tenía consigo y, para ocultar el robo y la agresión con un cuchillo tramontina, provocó el incendio. Tal como está expresada la acusación, el delito que se le atribuye es homicidio criminis causae, una figura que –en caso de que se corrobore- contempla como única pena posible la prisión perpetua.
En la otra vereda, la defensa asegura que Manara resultó con heridas punzantes en su cuerpo lo que acreditaría que también fue agredido con un cuchillo, y plantean la pelea como una lucha por la supervivencia. Así lo dijo textual, el acusado, el mediodía del miércoles cuando volvió a usar su derecho a declarar.
-Soy absolutamente inocente de la muerte de Alexis. Si de algo soy responsable, es de la pelea. Fue una cuestión de supervivencia, yo peleé por mi vida. Podría haber muerto tranquilamente, pero no provoqué ningún incendio. –Recalcó.

A continuación, Manara se refirió a un aspecto doloroso de su infancia, acaso buscando obtener la empatía de los jurados populares que vienen siguiendo sin aliento los avatares de este juicio. Contó que durante su infancia en la localidad de Serrano, entre los 5 y los 8 años, fue abusado sexualmente por el sacerdote de la localidad en forma reiterada.
Y, como lo hiciera la primera vez, nuevamente en el final de su alocución, dejó una frase sugerente. “El motivo de la pelea con Alexis, lo voy a decir más adelante”.
El mismo miércoles quien dejó unas cuantas frases para analizar fue la amiga íntima de Manara, Leticia Soledad Rubino, quien al igual que el acusado es profesora de Literatura. La mujer de figura espigada y cabellos hasta la cintura expuso pormenorizadamente su encuentro con el acusado, a las pocas horas de que se produjera la muerte de Klavora.

Comentó que la madrugada del 4 de junio del año pasado, tenía varias llamadas perdidas de su amigo y mensajes de whatsapp en los que pedía verla con urgencia. Así fue como concretaron un encuentro en la casa de la testigo. Allí lo vio a Manara muy angustiado.
“Me contó que acababan de diagnosticarle una enfermedad grave, yo intenté tranquilizarlo, le dije que en la actualidad hay tratamientos y formas de sobrellevarla”, dijo Rubino. Cuidadosa, la testigo se cuidó de exponer más de la cuenta a su amigo, pero eso no hizo más que enardecer al vocal que preside el juicio. Con un tono destemplado, González Castellanos le exigió que concretara su testimonio “y no se fuera por las ramas”.
-Diga concretamente de qué enfermedad se trata, si sigue dando vueltas vamos a estar hasta mañana con usted. –Dijo alzando el tono.
¿Pudo haber sido ese el origen de la discusión en el departamento del 4to B? Por ahora es una elucubración, acaso eso se devele si Manara finalmente se decide a contar en la sala qué fue lo que motivó la encarnizada pelea con Klavora.
En otro tramo del testimonio, la testigo relató que Manara le pidió que le tirara las cartas del tarot. “En voz baja él me dice la palabra muerte y después la palabra siniestro. Entonces le digo “¡amigo, no me asustés!”, y él me insiste para que le diga si en las cartas veía si estaba vinculado con una muerte”.
Agregó que venía de tener una pelea violenta con “un varón”. “Me mostró las lesiones que tenía en una ceja, en el dedo pulgar de la mano y el abdomen. Cuando le pregunto cómo pasó eso, me dijo que no sabía. “No me acuerdo, no era yo”. Esas fueron sus palabras”, confió Rubino.
La testigo agregó que Manara le contó que el hombre con el que estaba se encontraba muy angustiado y había tomado “como 30 clonazepam”, y que en un momento sacó cuchillos, lo que la testigo interpretó como que lo había atacado con cuchillos. Y evocó otro tramo que le generó pavor:
-Y encima el fuego. –Me dice.
-¿Qué fuego? –Le pregunto.
-¡El fuego!
Rubino comentó que su amigo le contó que el otro chico tenía un cigarrillo encendido en la cama. “Cuando yo veó las noticias, ahí entiendo la relación con lo que me decía”, concluyó.
Mientras tanto, en el pabellón de mujeres…
Los jueces técnicos, pero sobre todos los jurados populares que tienen el voto mayoritario del tribunal, tienen una ardua tarea por delante: determinar si la persona sentada en el banquillo de los acusados es un frío homicida que luego de golpear a su acompañante, le prendió fuego al departamento y lo abandonó a su suerte cerrándole con llave la puerta de acceso, o si está frente a alguien que vio en riesgo su vida y huyó en defensa propia.
Inicialmente, el juicio iba a tener la instancia de alegatos y veredicto el jueves 6. Pero el tribunal consideró que aún deben escucharse otros testimonios antes de llegar a la etapa de las conclusiones.
Mientras tanto, los jueces y los jurados siguen reuniendo piezas para terminar de armar ese rompecabezas que hoy es la persona sentada en el banquillo. Una de esas piezas no está en la sala de juzgamiento de Tribunales, sino en el pabellón de mujeres de la cárcel de Río Cuarto. Desde allí, aportaron a Otro Punto, dos caras opuestas: mientras el personal encargado de la seguridad lo describe como “un interno de conducta ejemplar, muy querido por sus compañeras de pabellón”; otras voces que pidieron el anonimato lo describieron como una persona “agresiva y manipuladora”.
Cuando Otro Punto consultó en qué consistían esas conductas, confiaron. “Cuando se levantaba con los cables pelados no se lo podía ni mirar porque se ponía agresivo. En muchas oportunidades quiso pegarle a mujeres grandes”.
Más allá de las versiones contrapuestas sobre su personalidad, lo que el jurado tiene que definir por estas horas, no es quién es Alberto Manara o “Andy” como pide que lo llamen dentro del penal, si no qué hizo (¿y qué omitió hacer?) esa madrugada que se transformó en infierno.

