Di Santo, Miralles y Pizarro en la cuerda floja
Jury con final abierto
A sólo días del veredicto que puede avalar la tarea de los fiscales en la Causa Dalmasso o terminar con una o varias destituciones, todo es incertidumbre. El clima en la defensa es de cauto optimismo; en tanto que la querella aseguró que se va “con un sabor amargo” y que la familia Macarrón “está muy dolida”. ¿El fallo será estrictamente jurídico o habrá decisión política?
Director periodístico de Otro Punto
“El primer día perdíamos por goleada, a los dos días ya estábamos en partido, y después de lo que pasó el lunes estamos convencidos de que si el fallo es jurídico, no debería haber condena para los fiscales”, la frase futbolera expresa el estado de ánimo de los abogados defensores de Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro que por estas horas, a solo días de que se produzcan los alegatos y se llegue a un veredicto que puede terminar con una o varias destituciones, es de cauto optimismo.
¿Qué pasó el primer día del Jury? Ese martes 21 de abril Facundo Macarrón entró con gesto adusto a la sala de juzgamiento de la Lesgislatura cordobesa, incineró con la mirada a los tres fiscales y expuso el dolor y la impotencia que significó haber estado durante años bajo sospecha de haber asesinado a su propia madre. A su testimonio, le siguió el de su padre, el traumatólogo Marcelo Macarrón que usó un tono confesional –dijo que durante años cayó en el alcoholismo a causa de la persecución que sufrió- y aseguró que le repugna la tarea de “estos tres fiscales que hicieron prescribir la investigación”. Concretamente, el traumatólogo les reprochó que apuntarán en contra de él y de su hijo en lugar de tomarle el ADN a uno de los operarios con indicio de presencia en la escena del crimen, el parquetista Roberto Bárzola.

Los querellantes resaltaron que Jávega logró lo que sus antecesores no consiguieron durante años.
La mañana de ese mismo martes, Javier Di Santo había tenido una crisis de llanto frente al Jury y había remarcado que la pista de Bárzola nunca había sido obvia como lo dice la acusación, ni para él ni para ninguno de los investigadores que pasaron por la causa Dalmasso. A tal punto es así, dijo, que el fiscal (Jávega) que casi dos décadas después dio con el ADN que estaba en el lazo con el que ahorcaron a Nora Dalmasso, en realidad obtuvo esa prueba de manera fortuita, luego de una “excursión de pesca” de ADN que incluía inicialmente a 80 hombres y mujeres, muchas de las cuales sólo tenían en común haber asistido a la fiesta de cumpleaños que se celebró en la casa de los Macarrón, una semana antes del crimen.

“Ninguno que realmente me conozca puede decir que soy prejuicioso”, se defendió Di Santo, antes de quebrarse.
La “goleada” de la primera jornada se cerró con una frase que Macarrón destinó a Di Santo y que parecía diseñada a medida para los titulares de los portales periodísticos: “Por qué no lloró hace 19 años como lloré yo”, lo desafió.
El apoyo de Tribunales
La balanza, claramente inclinada a favor de la acusación en esa primera jornada, empezó a equilibrarse los días que siguieron cuando quienes dieron su testimonio fueron funcionarios judiciales que trabajaron con los fiscales, como la exmagistrada Nora Sucaría de reconocida trayectoria en los tribunales riocuartenses. “De Javier Di Santo sólo puedo decir que es un ser humano excepcional y, como profesional es impecable”, recalcó. En el mismo sentido, declararon antiguos colaboradores de los fiscales y el jefe policial Gustavo Della Mea. Si esos testimonios resultaron previsibles, la que sorprendió con una encendida defensa del “profesionalismo con el que se preservó la prueba en la escena del crimen”, fue la genetista a cargo del Ceprocor Nidia Modesti, quien no sólo reconoció la labor investigativa sino que advirtió que no hay que adelantarse a sacar conclusiones en relación a la culpabilidad o no de un crimen, por el hecho de tener un ADN positivo.

Desde el Ceprocor, llegó un apoyo impensado. La genetista Nidia Modesti valoró la tarea de Di Santo en la preservación de la prueba.
Súperlunes
El lunes 27 de abril, el día que para la defensa de los fiscales la balanza se inclinó a su favor, fue la maratónica jornada que se inició pasado el mediodía y se extendió hasta entrada la noche en la Lesgislatura.
Y tuvo de todo.
Arrancó con dos exfiscales generales, Gustavo Vidal Lascano y Darío Vezzaro quienes, sin reconocerlo, evidenciaron que desde el momento en que los canales de todo el país colocaron en prime time el crimen de la Villa Golf, la causa Dalmasso quedó intervenida desde los despachos ubicados a 220 kilómetros de Río Cuarto. Al primero, a Vidal Lascano, no le quedó más opción que reconocer que quien aparecía en una foto de fines de 2006 junto a los fiscales Di Santo y Moine, afuera de una cafetería céntrica de Río Cuarto, era él mismo. Y agregó que otro de los rostros reconocibles en aquella imagen tomada por el diario Clarín era el de Javier Sánchez, el hombre de rostro imperturbable que estaba a escasos metros en el Jury, al lado de la fiscal adjunta Bettina Croppi. ¿Qué hacían en aquella época en la ciudad que se había transformado en el epicentro de la prensa nacional? “A Río Cuarto viajé en dos o tres oportunidades”, admitió y el motivo dijo que fue brindar un respaldo a los fiscales en una causa complicada por la repercusión mediática que tuvo. Eso sí, descartó haber tomado cualquier decisión en la causa Dalmasso.
La intervención de Darío Vezzaro fue más impactante aún. El exfiscal general fue consultado por el estudio privado que en los días posteriores al crimen le habría encargado el ex vocero de la familia Macarrón, Daniel Lacase al investigador retirado del FBI con apellido de whisky escocés. Ese estudio, según declaró en 2025 la esposa de Stephen Paul Walker, apuntaba claramente que quien debía ser señalado como sospechoso entre los operarios no era Gastón Zárate sino Bárzola. La testigo, cuyo nombre es Mariana Azar, aseguró que en el año 2007 el informe había sido entregado en mano a Vezzaro y a los abogados querellantes que entonces tenía la familia Macarrón, Tirso Pereyra y Benjamín Zonzini, y según entendía, ni uno ni otros lo incorporaron a la causa que investigaba Di Santo.
¿Qué dijo sobre ese curioso episodio Vezzaro? “Sí, mantuve una reunión con la doctora Mariana Azar, esposa de Walker, en una confitería en Buenos Aires. Me contó que dos abogados le encargan la elaboración de un caso, se ve que le dieron el expediente y ellos arriban a algunas conclusiones que esta doctora Azar, me comunicó. Entonces, la sugerencia mía fue “preséntelo en la causa”. Si es una cuestión privada y es a solicitud de dos abogados particulares, lo tienen que agregar a la causa ellos, no yo”, remarcó.
El tramo final de las testimoniales, tuvo como protagonista a Julio Rivero, el fiscal de cámara que pidió la absolución de Marcelo Macarrón y en su alegato acuñó una frase… ¿premonitoria?: “el asesino de Nora Dalmasso está en el lazo de la bata”, había dicho en el cierre de aquel juicio. En esa misma alocución también señaló que quien la mató mantuvo relaciones sexuales consentidas. Pero hoy, -con el diario del lunes (Subirachs dixit)- dijo que su percepción cambió y así lo aclaró frente al Jury. Dijo que quien lo había convencido de eso fue el forense Mario Vignolo. “Era presidente de la Sociedad Argentina, se exhibía como una eminencia, un capo”, dijo Rivero y agregó: “Nora Dalmasso realizó toda su rutina cotidiana previa a entregarse al descanso. Esta persona arremete y la mata. Y en el medio hay un acontecer sexual, un quehacer sexual que firmemente Vignolo sostenía como una actividad sexual consentida. Eso es lo que seguramente yo dije en el alegato”. Hoy, conocida la identidad del nuevo sospechoso, Rivero tomó distancia de aquellas palabras.

Rivero es el superior jerárquico de los tres fiscales en el banquillo. Afuera de la sala reconoció sentirse angustiado por tener que atestiguar en este proceso.
El locuaz funcionario, con gestos y frases elocuentes, desplegó sus dotes para captar la atención del auditorio y admitió frente al tribunal que la presión social por llegar a una condena se hacía sentir. “Que te digan “¿cuánto te pagaron?” ¿Eso es presión social?, y sí, es presión social. Hasta el día de hoy me pasa que voy a un juicio donde acusé a una persona equis por el hecho que fuese y la persona es condenada, y dice: “Otra vez vos, Rivero, ¿no te alcanzó con lo que te pagaron los Macarrón?””.
Del testimonio de Rivero, el más extenso de los que pasaron por el Jury, la defensa de los fiscales puede atesorar dos expresiones. Una en relación a la manera en que el fiscal Jávega halló el ADN: “En mi opinión la aparición de Bárzola es consecuencia no de una investigación exclusiva, sino de un hallazgo casual”, expresó. Eso da por tierra con la idea de que la sospecha que había en el expediente en contra de Bárzola era “obvia” y tan evidente que sólo la desidia y la mala intención de los fiscales pudo haberla pasado por alto.
En otro tramo Rivero avaló la honestidad con la que, en su opinión, se desempeñaron sus antecesores, hoy sentados en el banquillo. La pronunció en medio de un acalorado contrapunto con uno de los defensores, Emilio Andruet: “¿Usted leyó en la parte resolutiva de la sentencia que la Cámara dijera remitir los antecedentes al Ministerio Público Fiscal y o Jurado de Enjuiciamiento y o alguna Fiscalía de Instrucción para que se investigue la posible participación de los fiscales Miralles, Pizarro y Di Santo ante la supuesta comisión de delito o de causal de más desempeño de sus funciones? No. ¿Sabe por qué? Porque yo no lo pedí. ¿Y sabe por qué no lo pedí? No lo pedí porque no consideré que hubiera elementos para estimar que los colegas habían incurrido o en un delito de acción pública o era una causal de mal desempeño de sus funciones”, lanzó con las pulsaciones a mil.
Definición no apta para cardíacos
Desde el arranque con la cancha inclinada, hasta el final de la ronda de testimonios en la que el propio fiscal Pablo Jávega admitió que, antes de tomarle el ADN a Roberto Bárzola, no tenía ninguna línea investigativa en su contra hay un largo trecho que a los abogados defensores, les permite albergar un cauto optimismo sobre lo que pueda resolverse el 6 de mayo, (o el día siguiente, en caso de que los alegatos se lleven toda la jornada).

Julieta Rinalid, vicepresidenta de la Unicameral encabeza el tribunal que completan los legisladores Facundo Torres Lima (Hacemos Unidos por Córdoba), Miguel Nicolás (UCR) y Walter Gispert (Frente Cívico); y la vocal del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba, Aída Tarditti.
“No hay forma de sostener un mal desempeño o negligencia grave por parte de los fiscales. Quedó claro que en la primera parte de la investigación la primera línea investigativa fue contra los obreros”, dijo Andruet, uno de los defensores de Daniel Miralles.
-¿Por qué el fiscal Jávega logró una prueba que no encontraron los otros fiscales? –Le preguntó este periodista.
-Mire, el mismo Jávega dijo ante el jury la gravedad de lo que hizo porque a Bárzola inicialmente lo cita como testigo y sin un defensor para hacerle el examen de ADN y recién cuando desde el Ceprocor le informan que la muestra dio positivo, se lo cita nuevamente, esta vez con un abogado defensor. Esa prueba es nula, es lo que se conoce como “fruto del árbol envenenado”. Por otro lado, se está hablando de que ya tenemos al culpable. Lo que hoy hay contra Bárzola es lo mismo que antes comprometía a Macarrón, una prueba genética. ¿Y por eso vamos a decir que ya tenemos al asesino?
Enfrente, los abogados querellantes Gustavo Liebau y Mariángeles Mussolini, destacaron que se iban “con un sabor amargo” y que la familia Macarrón “está muy dolida” porque gran parte de la defensa de los fiscales se ocupó de denostar la labor de Jávega que, en definitiva, fue quien halló al dueño del ADN que estuvo años sin poder ser identificado en el cinto de la bata.
La fiscal Croppi y los defensores ya jugaron sus cartas. Ahora quienes seguirán con atención los alegatos y tendrán la decisión en sus manos serán los integrantes del jurado. ¿Será un fallo estrictamente político o habrá decisión política?

Carlos Pajman, el defensor de Luis Pizarro, dejó su percepción a Otro Punto. “No creo que vaya a haber un fallo político. Esto es un fallo jurídico y, si se quiere, político en tanto se juzga a funcionarios. Pero no creo que haya un interés político partidario, o del Ejecutivo. Al menos no se ha visto eso”. Otro de los defensores, Emilio Andruet, destacó que “si se mira la conformación del Jury, hay cuatro legisladores y un miembro del Tribunal Superior, entonces es más político que jurídico. Pero por más política que sea la decisión tampoco se puede escapar del marco jurídico. Si usted me pregunta a mí, jurídicamente los tres fiscales deben ser absueltos. Pero como esto es de naturaleza jurídica y política, puede pasar cualquier cosa”.

