La espera que no se apaga

Tras más de un año sin respuestas, Mónica Lourdes Matus (61) demandó a la Municipalidad de Río Cuarto porque nunca le permitió despedir los restos de su hijo. Denuncia errores en la identificación de la persona fallecida, la inhumación en una fosa común y que no lo dejaron reconocer a su familiar.

La mañana gris de un viernes casi otoñal transcurre despacio en la cocina de la calle Uriarte al sur de la ciudad. Mónica Matus (61) y su hija Sofía (29) están sentadas, tomando mate, hablando de lo mismo desde hace meses, desde hace más de un año. A veces las palabras se cortan, los recuerdos vuelven y ambas lloran.

No hay apuro.

El reloj parece haberse detenido. Detrás de Mónica, sobre la cocina, una vela encendida se derrite lentamente. La cera cae, minuto a minuto, marcando un tiempo que avanza implacable. La llama se mueve, pero no se apaga. Esa vela, es parte de la casa, de la espera, de un duelo que todavía no encuentra cierre.

“La última vez que vi a mi hijo, él me dijo: ‘me voy a tomar el colectivo de las 11, si no lo alcanzo me vuelvo, y nunca más volvió”, recuerda Mónica. La frase quedó suspendida en el tiempo, como la última certeza antes de la incertidumbre. Días después, cuando buscaba respuestas, asegura que recibió una explicación que todavía la desgarra: “El Fiscal de turno me dijo que lo tomó como una persona de la calle y por eso no buscaron a su familia”.

Hace más de un año que Mónica intenta hacer algo que, para ella, no debería requerir explicaciones ni trámites interminables: identificar los restos de su hijo, reconocer su cuerpo y darle sepultura. Según consta en la documentación, la muerte se produjo por un traumatismo cráneo encefálico como consecuencia de un golpe en la vía pública. Desde entonces, el tiempo del duelo quedó suspendido en un territorio ajeno, gobernado por expedientes, burocracias administrativas y respuestas que nunca terminan de llegar. Ante ese silencio que parece eterno y la acumulación de respuestas negativas, decidió llevar su reclamo a la Justicia e iniciar una demanda contra la Municipalidad de Río Cuarto.

Según consta en la presentación judicial, su hijo,  Juan Antonio Maturano (36), se fue de su casa en enero de 2024 y no regresó. La búsqueda comenzó de manera inmediata, con recorridos y consultas que no arrojaron información concreta. Con el pasar de los días, la familia tomó conocimiento de que se había asentado el fallecimiento de una persona, aunque bajo un nombre que no coincidía con el del joven. Esa primera identificación errónea marcó el inicio de una serie de irregularidades que, según sostiene la familia, nunca fueron debidamente aclaradas.

La partida de defunción consignaba inicialmente el nombre de “Juan Maldonado” (sic). Tiempo después, ese dato fue rectificado y se dejó constancia de que los restos correspondían a Juan Antonio Maturano, hijo de Mónica. Para entonces, el cuerpo ya habría sido inhumado en una fosa común del Cementerio de la Concepción. La corrección administrativa cerró el trámite en los papeles, pero no resolvió la situación de fondo: Mónica nunca pudo ver el cuerpo ni reconocerlo, ni constatar que los restos enterrados fueran efectivamente los de su hijo.

Ese punto atraviesa toda la demanda. Matus sostiene que la muerte fue asentada, corregida y archivada sin que se garantizara el derecho básico de la familia a identificar el cuerpo. Por ese motivo, solicitó que se ordene una prueba de ADN sobre los restos que, en un primer momento, habían sido registrados con otro nombre. También pidió que, una vez confirmada la identidad, se autorice el traslado del cuerpo al Cementerio Parque Perpetual, donde la familia ya adquirió una parcela para darle sepultura. No se trata, según plantea, de un pedido excepcional, sino de la posibilidad de cerrar un duelo que permanece abierto.

Durante meses, Mónica junto a su hija, repitieron el mismo recorrido por distintas dependencias del Estado,  Fiscalía, Cementerio, Municipalidad.  Volvieron una y otra vez, dejando constancia de su pedido, esperando una respuesta que permitiera avanzar. Según relata, en ninguno de esos ámbitos obtuvo una solución concreta ni una decisión que destrabara la situación.

En una de sus visitas al Cementerio de la Concepción, advirtió que el cajón donde se encontrarían los restos no estaba completamente cubierto con tierra. Hizo el reclamo correspondiente, pero no obtuvo respuesta. Ante esa situación, decidió cubrirlo ella misma. La escena quedó registrada en una fotografía que hoy forma parte de la demanda judicial y que da cuenta del estado en el que, según sostiene, se encontraba la sepultura.

Cuando solicitó la exhumación para poder identificar los restos, la respuesta volvió a ser negativa. De acuerdo a lo que consta en el escrito, un empleado del cementerio calificó el procedimiento como “insalubre” y se negó a realizarlo.

Tras más de diez visitas a la Municipalidad y ante la ausencia de respuestas efectivas, Mónica recurrió al asesoramiento jurídico. Presentó un escrito dirigido al Intendente y recibió una contestación formal en el marco de un expediente administrativo. Según sostiene, esa respuesta no resolvió su situación ni habilitó los pasos necesarios para identificar los restos, lo que la llevó finalmente a iniciar la acción judicial contra la Municipalidad de Río Cuarto.

Su abogado Enrique Novo, representante de la familia, fue contundente al referirse al caso: “Es un hecho inconcebible e inhumano lo que le están haciendo a esta familia” y agregó “Ya no se trata de leyes, se trata de humanidad”.

En la demanda, la mujer afirma que el trato recibido estuvo atravesado por su situación socioeconómica. “Esto me ocurrió por ser pobre, y no por otra cosa”, expresa en el escrito. Sostiene que su reclamo fue minimizado y que fue tratada de manera despectiva,  “como si estuviera buscando una moto secuestrada y no el cuerpo de mi hijo”.

A más de un año de la muerte del joven, Mónica sigue sin poder identificar sus restos ni darle sepultura. En la demanda sostiene que esta imposibilidad le impide cerrar el duelo y la obliga a revivir la pérdida cada vez que intenta obtener una respuesta. Mientras tanto, el tiempo sigue su curso, los días pasan y la espera se vuelve rutina. Como en la cocina de su casa, donde la vela se consume despacio, la cera cae y la llama, todavía, resiste.

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4 comentarios en “La espera que no se apaga”

  1. Ángeles maturano

    “JUSTICIA”, simplemente es eso…Es difícil atravesar esta situación y aún más estando lejos,la pérdida de mi hno,la falta de respeto ante el caso y principalmente la ausencia de humanidad,hacen que los silencio pesen más,las palabras de aliento ya no encuentren espacio y que lo único que quede sea aferrarse a la ESPERANZA,de únicamente tener un lugar digno donde poder ir a despedirse de un ser querido….💪🏻🫂

  2. Justicia por el dolor de mi hermana. Gracias por acompañar a su familia en éste pedido tan humano como entrañable.!!! Su pedido y su dolor infinito salen de sus entrañas,del mismo lugar de donde salió Juan.!!! Descansa en paz ni Juancito querido y Dios consuele a mí hermana y su familia. Mil gracias!!!

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