Perpetua al femicida de Mackenna

“Me hago cargo del desastre y pido perdón a todo el pueblo”

Oscar Alberto Diaz, un pintor de 66 años, admitió en la justicia que asesinó de un escopetazo a su ex pareja, Ivanna Mónica Guardia. La misma noche del 6 de marzo de 2025, quiso disparar contra su nieto pero el proyectil no salió. El testimonio del hijo de la pareja fue crucial para llegar a la máxima condena.

Primero fue el disparo. Después, el silencio.
Un año más tarde, la Justicia puso un nombre jurídico a esa escena: prisión perpetua.

Antes de escuchar la sentencia, Oscar Alberto Díaz dejó un mensaje entre lágrimas que resonó en la sala.
 “Soy consciente y me hago cargo del desastre que he hecho, le quiero pedir perdón a mi familia, a mi querido pueblo”

El 6 de marzo de 2025, cerca de las 22:15, una cena familiar en una vivienda de Vicuña Mackenna terminó en un homicidio y en un intento de asesinato.

Según la reconstrucción del expediente judicial, Díaz ingresó a la casa de su hijo, donde se encontraban reunidos su ex pareja, Ivanna Mónica Guardia, su hijo Elias, su nuera y sus nietos. Llevaba una escopeta.

De acuerdo a los testimonios, al entrar reprochó no haber sido invitado a un asado al mediodía. Inmediatamente después, apuntó contra Guardia y disparó a corta distancia. La mujer murió en el lugar como consecuencia de las lesiones provocadas por el disparo.

La secuencia continuó en el patio de la vivienda contigua. Mientras el resto de la familia escapaba hacia la calle, uno de los nietos, de 12 años, corrió hacia el fondo e intentó huir trepando una medianera. En ese momento, según la acusación, Díaz volvió a accionar el arma en dirección al niño. Esta vez, el disparo no se concretó porque el cartucho falló.

“El nono me disparó”, declaró el menor en la investigación.

Las pericias balísticas confirmaron que el arma fue recargada tras el primer disparo y que los cartuchos encontrados en el lugar correspondían a dos accionamientos. Para la acusación, esto evidenció una clara intención homicida también respecto del niño, frustrada únicamente por una falla técnica.

Después del ataque, Díaz huyó hacia su vivienda, ingresó, tomó su vehículo y se dio a la fuga, fue detenido minutos más tarde en inmediaciones de la ruta nacional 7. Fue encontrado descalzo, vestido, recostado en el arroyo “El ají” en una zona de pastizales, y trasladado bajo custodia policial.

El expediente también reconstruyó el contexto previo al hecho. Testigos señalaron que la relación entre Díaz y Guardia estaba atravesada por conflictos y situaciones de violencia psicológica: control, celos, hostigamiento y conductas obsesivas que continuaron incluso después de la separación. La fiscalía encuadró el caso como un hecho de violencia de género.

Elias Ivan Diaz, hijo de la víctima y victimario, declaró según consta en el expediente judicial, que ambos padres siempre tuvieron una relación algo conflictiva, que si bien el nunca presenció hechos de violencia física de parte de su padre a su madre,si violencia psicológica. Detalló que su padre siempre la menospreciaba, la reducía, le decía que no servía para nada, que no sabía cocinar. Declaró también, que su padre se comportaba como una persona muy controladora, sabía los horarios en que su madre llegaba a su casa, los horarios de su trabajo, seguía sus movimientos. Y siempre aparecía. disimuladamente, caminando por donde ella estaba.

Durante el proceso se incorporaron testimonios presenciales, informes médicos, pericias técnicas y registros del recorrido de fuga. También se valoraron antecedentes de conductas previas del acusado. Con ese conjunto probatorio, el tribunal consideró acreditada la responsabilidad penal de Díaz y descartó que se tratara de un hecho impulsivo. Por el contrario, entendió que hubo una conducta previa sostenida y un accionar consciente.

Finalmente, fue condenado a prisión perpetua como autor de homicidio doblemente calificado por el vínculo y por mediar violencia de género, tentativa de homicidio calificado y tenencia ilegal de arma de fuego. En la sala, donde se reconstruyó cada momento de esa noche, entre lágrimas, la sentencia sólo cerró el proceso judicial. Para la familia, el impacto de esa noche continúa.

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