El bar que emplea a 22 personas con discapacidad.
Menú principal, ¡la inclusión!
A sólo 45 kilómetros de Río Cuarto, Otro Punto visitó el “Café 1904” de Las Acequias, un emprendimiento municipal que convirtió una antigua esquina del pueblo en un espacio de gastronomía e inclusión laboral. Allí, 22 personas con discapacidad encontraron su primera experiencia de trabajo y una oportunidad para demostrar que la inclusión se construye todos los días.
La esquina es una de las más pintorescas del pueblo. El edificio es antiguo pero está completamente remodelado. Conserva sus aberturas de madera, y por dentro lo caracteriza un diseño vintage. Las lámparas de yute, los cuadros de distintos colores. Las fotos que muestran la historia de la localidad acompañan a quienes cruzan la puerta. Pero el verdadero sello del café no está en su estilo, sino en las personas con discapacidad que encontraron allí una oportunidad para trabajar, crecer y demostrar que la inclusión se construye. Que es un trabajo colectivo.
En Las Acequias abrió sus puertas Café 1904, un emprendimiento municipal que lleva el nombre del año de fundación de la localidad y que nació con un objetivo que va mucho más allá de ofrecer desayunos y meriendas: generar oportunidades de trabajo para personas con discapacidad. Cada mañana, detrás de la barra hay mucho más que tazas de café recién servido. Hay manos que aprenden un oficio, sonrisas que vencen los nervios del primer día de trabajo y personas que, por primera vez, encuentran una oportunidad laboral en su propio pueblo. El proyecto comenzó a gestarse hace dos años con una fuerte impronta social. Gracias a un subsidio provincial de 15 millones de pesos, el municipio pudo equipar por completo el café y restaurar el edificio donde hoy funciona el espacio. “El fin siempre fue la inclusión laboral para personas con discapacidad. Desde ahí surge este proyecto que venimos trabajando hace dos años”, explicó Natalia Magallanes, encargada del café, psicomotricista y presidenta del Consejo de Discapacidad.

Actualmente participan 22 personas con discapacidad, además del personal fijo de cocina, atención al público y organización. El salón fue diseñado especialmente para facilitar el trabajo de quienes forman parte del proyecto. Natalia recorre y muestra orgullosa cada rincón. Todo fue decorado con las manos de muchas personas. Ella hizo cada lámpara que ilumina el lugar. El café cuenta con amplios espacios de circulación y una distribución adaptada para que cada uno pueda desempeñarse de manera cómoda y segura.
Para muchos de ellos, esta experiencia representa su primer empleo formal. “Cuando terminan el secundario, muchos chicos con discapacidad no encuentran una oferta laboral. Tener este espacio significa su primer encuentro con el trabajo. Es un desafío para nosotros coordinarlo, pero también acompañarlos para que se sientan cómodos y disfruten de esta experiencia”, señaló Natalia. Cada participante cumple jornadas de entre dos y cuatro horas semanales, con horarios flexibles que se adaptan a sus tratamientos, rehabilitaciones y demás actividades. La incorporación se realiza de manera gradual, priorizando el bienestar de cada trabajador. El equipo está conformado por personas con distintas discapacidades, entre ellas discapacidad intelectual, parálisis cerebral y usuarios de silla de ruedas. En cada caso se evalúan las capacidades y preferencias individuales para asignar tareas acordes. Algunos son asistentes de cocina, o llevan las cartas a los clientes, la función de otros es alcanzar las tazas o pedidos. Todo según lo que puedan dar, pero siempre con alguna tarea específica, para que puedan realizarla completamente.

“Trabajamos de manera articulada con el Taller Hormiguita. Analizamos qué puede hacer cada persona para evitar frustraciones y que todos encuentren un lugar donde desarrollarse”, explicó. La intención es que los trabajadores puedan acceder al programa nacional Promover si se encuentra vigente. En caso contrario, el municipio abona directamente las jornadas laborales, además de garantizar el seguro correspondiente para cada participante. A poco más de un mes de su apertura, el balance es muy positivo. Los fines de semana comenzaron las primeras experiencias laborales de los participantes y próximamente se incorporarán también durante la semana. “Aprendemos todos los días. La gastronomía tiene su complejidad, pero el acompañamiento a los chicos es lo más importante. Vamos creciendo junto con ellos”, afirmó Natalia.

¡Hacía falta!
Además del valor social, Café 1904 cubre una necesidad que existía en la localidad. Hasta ahora, muchos vecinos debían trasladarse a Río Cuarto para disfrutar de un espacio de ocio, para disfrutar algún fin de semana o un café diario. “La respuesta de la gente fue muy buena. No teníamos un servicio así en el pueblo. Hoy los vecinos pueden venir a desayunar o merendar acá, y además saben que están apoyando un proyecto de inclusión”, destacó. Cada cliente que entra busca un desayuno, una merienda o un momento para compartir. Sin embargo, casi sin darse cuenta, también participa de una experiencia que transforma miradas. Porque la inclusión se construye en los pequeños gestos cotidianos, en un delantal que se coloca por primera vez, en un pedido que sale bien, en la alegría de quien descubre que puede trabajar, aportar y sentirse parte. Porque la inclusión es la sonrisa de cada uno de estos chicos que pueden encontrar aquí su lugar.

Desde el municipio aclaran que el objetivo principal no es generar ganancias, sino sostener el funcionamiento del espacio y cubrir sus costos operativos. “No buscamos que sea un emprendimiento recaudatorio. Lo importante es que pueda mantenerse en funcionamiento y seguir brindando oportunidades laborales”, concluyó.
Así, Café 1904 se convierte en mucho más que una cafetería. Es un lugar donde el trabajo, la inclusión y la comunidad se encuentran para demostrar que una oportunidad puede cambiar una realidad. Quizás por eso el mayor logro no sea el café que sirve, sino la certeza que deja en cada jornada: cuando una comunidad decide abrir oportunidades, la discapacidad deja de ser el centro de la historia y empieza a serlo la persona. Y es por eso mismo que desde el municipio no ocultan su entusiasmo y su deseo de que esta iniciativa pueda replicarse en otros lugares, llevando este modelo de inclusión a más comunidades que lo necesitan.













