Las primeras movidas hacia 2027 exponen un conjunto de dirigentes con aspiraciones de poder y, al mismo tiempo, tanta incertidumbre sobre quién conduce cada espacio. Entre el avance libertario, las tensiones del radicalismo y el desafío del cordobesismo, la verdadera disputa empieza a ser por el liderazgo.

De cara al 2027, en la provincia de Córdoba nunca hubo tantos dirigentes competitivos y, al mismo tiempo, tanta incertidumbre sobre quién representa realmente a cada espacio. Pareciera que hoy todos tienen candidatos, pero pocos tienen un proyecto.
El peronismo tiene a Martín Llaryora gobernando una provincia que hace casi tres décadas es administrada por la misma fuerza política. La Libertad Avanza tiene el viento nacional a favor y una marca electoral poderosa. El radicalismo conserva esa estructura territorial tan necesaria para encarar una elección. Luis Juez sigue siendo uno de los dirigentes con mayor nivel de conocimiento y De Loredo mantiene aspiraciones provinciales.
Sin embargo, ninguno de esos espacios tiene hoy resuelta la pregunta más importante: ¿quién conduce?
En las últimas horas, hubo un movimiento interesante en el tablero. La frase de Luis Juez de que podría volver a competir por la intendencia de Córdoba Capital parece, en principio, un paso hacia atrás, pero, en realidad podría ser exactamente lo contrario. Porque si Gabriel Bornoroni termina siendo el candidato libertario a gobernador y Juez acepta disputar nuevamente la ciudad, La Libertad Avanza estaría construyendo por primera vez una estrategia provincial integral y no una simple sumatoria de candidaturas. Esa posibilidad fue explicitada por el propio Juez y quedó reforzada con la foto junto a Bornoroni y Diego Santilli, donde hablaron de construir “una alternativa potente” para Córdoba.
Esta idea muestra de que el sillón de la ciudad capital vuelve a ser el corazón político de cualquier proyecto provincial, y en esta circunstancia, Juez pasa a transformarse en el principal ordenador territorial del mileísmo cordobés.
¿Y entonces qué hace De Loredo? Ahí aparece el gran problema del radicalismo. Durante años Rodrigo De Loredo fue el candidato natural de la oposición. Hoy sigue siendo uno de los dirigentes con mayor instalación, pero ya no monopoliza ese lugar. Primero porque Milei modificó completamente el mapa opositor, segundo porque dentro del propio radicalismo empezó a emerger una discusión que ya no es solamente electoral sino identitaria.
Ya lo expresa Luis Quiroga en reiteradas entrevistas como posible candidato a presidir la UCR. Su planteo gira en torno a que el radicalismo dejó de construir un proyecto colectivo para transformarse en una organización donde predominan los proyectos personales.
Ese debate es mucho más importante de lo que parece, porque mientras unos discuten cómo acercarse a Milei, otros están discutiendo si el radicalismo todavía sabe qué significa ser radical.
Si miramos a La Libertad Avanza, este espacio tiene un problema distinto ya que por primera vez puede ganar Córdoba. ¿Será un proyecto libertario puro? ¿O terminará absorbiendo buena parte del viejo esquema opositor?
Porque una cosa es ganar una elección presidencial; otra muy distinta es gobernar municipios, departamentos y una provincia donde la política territorial sigue teniendo enorme peso.
Mientras tanto, Llaryora juega el otro partido. Muchos creen que el principal desafío del gobernador será enfrentar a Milei en su tierra, pero puede que no. Tal vez el verdadero desafío sea mantener unido al peronismo para lograr la continuidad política. Y para eso probablemente deba hacer algo que nunca hizo con tanta intensidad: negociar y sobre todo, ceder. ¿Cuánto pragmatismo está dispuesto a tolerar el cordobesismo sin perder su identidad? En un escenario donde abundan los candidatos y escasean las certezas, la verdadera disputa de 2027 será por el liderazgo. Porque Córdoba no elegirá solamente entre dirigentes; elegirá quién tiene un proyecto para gobernar y quién apenas llegó con una candidatura.

