Daniel Provens, una vida dedicada al teatro
“A los talleres se va a jugar, no a juzgar”
Es actor, director, dramaturgo, docente y productor y lleva más de cuatro décadas vinculado al teatro. Daniel Provens se inició arriba del escenario y con el tiempo encontró en la dirección y la producción un lugar para acompañar cada puesta en escena.
Foto de portada: Santiago Mellano
El vínculo con el teatro nació en su adolescencia, en La Carlota. Daniel Provens recuerda que una de las primeras cosas que despertó su curiosidad fue mirar, junto a su mamá, la novela Rolando Rivas, Taxista. Tiempo después se incorporó al grupo de teatro municipal de su ciudad y, en 1984, realizó su debut. Desde entonces, la actuación dio paso a la escritura, la dirección y la producción, facetas que sigue llevando adelante en la actualidad.
Provens dirige el Elenco Independiente de Comedias y coordina dos talleres de teatro en Río Cuarto, uno en Banda Norte y otro en el centro. Cada año presentan distintas propuestas en el Teatrino de la Trapalanda, una sala que acompaña el trabajo del grupo desde mediados de los años noventa.
-¿Qué lugar ocupa hoy el teatro en tu vida?
-Mirá, para definirlo concretamente en lo artístico, el teatro es mi gran pasión. Yo creo que cada persona, además de su vida y de su familia, tiene una pasión, un anhelo, sueños de ser algo. Lo mío empezó desde muy chiquito y, gracias a Dios, a la insistencia y a la pasión por el teatro, hoy puedo concretar esos sueños que de chico anhelaba.

-¿Cómo se despertó esa pasión por el teatro?
Cuando nosotros éramos chicos no había muchas oportunidades de estudiar teatro en las localidades. Yo soy de La Carlota y, cuando tenía 13 o 14 años, había quedado prendido todos los martes con una novela muy exitosa de esa época, Rolando Rivas, Taxista. La veía con mi mamá y eso me cautivó. Veía a los actores y pensaba: ¿Cómo se puede llegar a eso? Con el tiempo empecé en el grupo de teatro municipal de La Carlota. Eso fue en 1982 y en 1984 fue mi debut. Desde ahí no paré más. Muchos años estuve solamente en la actuación. Después me fui formando, empecé a escribir obras de teatro, me asocié a Argentores y más tarde empecé a dirigir. En los últimos años me aboqué exclusivamente a la dirección y a la producción de obras. Ya el escenario como actor lo tuve que dejar un poco de lado. Desde atrás de escena veo todo lo que pasa dentro del escenario ahora.
Si bien disfruta actuar cuando surge la oportunidad, reconoce que encuentra un desafío distinto detrás de escena. “Disfruto más estar en la parte operativa. Me gusta manejar el sonido, los efectos, la puesta en escena, observar qué pasa y qué está faltando. Esa parte me apasiona más y además la hago más relajado porque no tengo que estar expuesto al público durante toda la función.”, explica el director.
-¿Extrañás ese rol del actor?
-Todo se extraña. Por ahí surgen algunas cuestiones que tienen que ver con reemplazos de algún actor o de algún personaje y salir a hacer la obra reemplazando a alguien también me sigue gustando. Pero hoy me ocupo exclusivamente de la producción y de los talleres de teatro. Tengo dos talleres, uno en Banda Norte y otro en el centro, donde hacemos muestras en el Teatrino de Trapalanda dos o tres veces al año. Esto empezó en 1995, cuando se habilitó esa sala. Desde entonces, todos los años presentamos distintas propuestas teatrales.

El director explica que no se trata de haber dejado la actuación de lado por completo, sino de una cuestión práctica. Para él, dirigir una puesta y ocuparse de toda la parte técnica requiere una concentración absoluta. “Si estás haciendo la parte técnica no podés estar actuando al mismo tiempo. Para que las cosas salgan bien, cada uno tiene que estar concentrado en el rol que le toca”, comenta.
Con el paso de los años Provens cambió su manera de entender la dirección. Más allá de la puesta en escena o de la elección de una obra, considera que el mayor desafío es construir un grupo que funcione como equipo y dice: “Soy un privilegiado porque el elenco que formé hace muchos años sigue siendo prácticamente el mismo. Eso quiere decir que no hay egos, no hay estrellato, no hay envidias ni rivalidades”.
En los talleres, en cambio, cada año llegan personas nuevas y comienza otro proceso. Para él, lo primero es generar un espacio donde todos puedan sentirse cómodos. “La persona que llega al grupo se tiene que sentir relajada e ir a jugar, no a juzgar”, comenta el productor.
Para Provens, una obra no se sostiene únicamente en quien tiene mayor cantidad de texto. Por el contrario, cree que cada personaje tiene una función indispensable dentro de la historia.
-¿Cuál es el mayor desafío que te sigue planteando la dirección y cómo es dirigir un elenco para que todos vayan en la misma dirección?
-No es fácil. En mi caso soy un privilegiado porque el elenco que formé hace muchos años sigue siendo prácticamente el mismo. Eso quiere decir que no hay egos, no hay estrellato, no hay envidias ni rivalidades. En los talleres sí ingresa gente nueva todos los años y el desafío es que se adapten al grupo, que se sientan cómodos, que vayan a jugar y no a juzgar. Además hay que entender que no todos pueden ser protagonistas. En una obra no es mejor actor el que tiene toda la letra. A veces hay actores que poco texto y logra ganarse el respeto del público. Todos los personajes hacen la historia. Cada uno tiene un conflicto que ayuda a desarrollar y resolver la obra.
Esa misma mirada la traslada a su trabajo como dramaturgo y director. Cuando dirige textos propios, aprovecha los ensayos para modificar escenas, ajustar diálogos o incorporar propuestas del elenco. “Los ensayos sirven para descubrir qué sobra, qué falta y qué ideas nuevas aparecen. Cuando el autor soy yo, esos cambios pueden hacerse en el momento y me gusta que todos aporten.”

La magia del teatro, dice Daniel Provens, aparece cuando se apagan las luces de la sala y comienza una función que nunca volverá a repetirse exactamente igual. Puede ser el mismo elenco, el mismo texto y la misma escenografía, pero siempre habrá algo diferente. Esa posibilidad de que cada presentación sea única es una de las razones por las que, después de tantos años, sigue eligiendo el escenario por encima de cualquier otro formato.
-¿Qué creés que tiene el teatro que no tienen otras artes?
-La magia es ir a probar lo que pasa ahí, en vivo y en directo, y saber que cada función es diferente y que cada uno llega diferente a cada presentación. Cuando se encienden las luces, lo que se vive detrás de escena y dentro del escenario solamente se puede expresar cuando lo vivís. Hay que experimentar, hay que subir, hay que ser, hay que dejarse llevar, hay que jugar, dejar los tabúes, los miedos y las inseguridades que todos tenemos. El teatro te ayuda a liberarte, a hacer catarsis y a encontrarte con el otro que también tiene tus mismas dificultades y tus mismos miedos.
“Por eso, si tengo que elegir entre el teatro, el cine y la televisión, sigo eligiendo el teatro porque es el vivo y en directo. El público te ve ahí, la emoción ocurre ahí y los aplausos están ahí para vos. En cambio, en el cine o la televisión uno ve algo que ya está editado”, explica Provens y agrega: “Nunca una función de teatro es igual a la otra. Podés ver diez veces la misma obra y siempre va a ser diferente”.
Claro que esa espontaneidad también implica convivir con los errores. Olvidos, silencios o pequeños imprevistos forman parte de cualquier función. Con la experiencia, el director aprendió que muchas veces el público ni siquiera los percibe. “Cuando uno se equivoca arriba del escenario, el público no sabe que te equivocaste. En una comedia es más fácil improvisar. Distinto es cuando hacés textos poéticos, como García Lorca o Shakespeare. Ahí cada palabra tiene un peso muy especial y no la podés reemplazar”, comenta.
Esa experiencia también aparece cada año en los talleres que coordina. Allí recibe personas que muchas veces llegan con miedo, inseguridades o convencidas de que no van a poder actuar.
-¿Ves la evolución de tus alumnos, por ejemplo que llegan siendo muy tímidos y luego terminan soltándose?
-Sí, pasa muchísimo. Hay personas que me dicen que van a ir solamente a probar una clase porque no saben si se van a animar. Después me escriben para decirme que les encantó y que quieren seguir. Cuando te enganchás con el grupo, después no te desprendés más.
Con el tiempo, explica, esos talleres dejan de ser solamente un espacio de aprendizaje. También se convierten en un lugar de encuentro. “Se arma como otra familia. Se juntan durante la semana, organizan cumpleaños, asados o salidas al teatro. Eso es muy lindo porque el grupo sigue unido más allá de la clase”, relata.
Para Provens, el teatro va mucho más allá de formar actores. Está convencido de que cualquier persona puede beneficiarse con esa experiencia, independientemente de la profesión que tenga. “Te ayuda a manejar el cuerpo con más soltura, a perder la vergüenza y a despertar la creatividad. Sirve para cualquier profesión porque te abre la cabeza. Trabajamos mucho con la improvisación, con el cuerpo, con los recuerdos y con el juego para que cada uno pueda desinhibirse y salir feliz de cada clase”, explica.
-¿Qué te gusta que el público se lleve después de ver una obra?
-Una reflexión. Todas las obras que hacemos tienen un mensaje. A cada uno le llegará de una manera distinta, pero si alguien sale pensando en algo, entonces la obra cumplió su objetivo.
Después de más de cuarenta años de recorrido, asegura que todavía sigue encontrando nuevos desafíos. Ya no piensa en los sueños que tenía cuando era adolescente, sino en seguir creando proyectos, escribiendo y formando actores.
“Hoy el sueño es el día a día. Tengo dos grupos de talleres, el elenco y nuevos proyectos. Cada representación es también una manera de cumplir ese sueño”, dice.

-¿Cómo ves la escena teatral actual en Río Cuarto?
-Hay muchos grupos independientes. No sé si todos tienen continuidad, porque a veces aparece una especie de decepción cuando no tenés apoyo o no tenés medios para el sustento económico. Acá es todo autogestión. Lo que hago yo es todo autogestión. No tenemos sponsor, no tenemos nada. Todo depende de lo que ingrese del público, que es el destinatario de cada producción.
En ese contexto, los talleres ocupan un lugar central. No solo porque representan un espacio de formación, sino porque también son el lugar donde descubre futuros integrantes del Elenco Independiente de Comedias. Calcula que, a lo largo de estos años, entre el elenco y los talleres pasaron alrededor de 120 o 130 personas. Actualmente, unas 40 integran los distintos espacios que coordina.
Lo que se viene: para agendar
La agenda de los próximos meses estará marcada por funciones, giras y propuestas de formación. Este viernes 31 de julio, el elenco llevará La Casa de Bernarda Alba a Mattaldi, en el marco de las fiestas patronales de la localidad. La función despedida de la obra en Río Cuarto será el viernes 9 de octubre en el Teatrino de Trapalanda.
Además, el viernes 7 de agosto llegará al Teatro Municipal el actor Luciano Cáceres, con la obra “Paraíso”. Mientras prepara nuevas funciones, seminarios y las muestras de fin de año, Daniel Provens continúa haciendo lo mismo que lo atrapó cuando era un adolescente en La Carlota: imaginar historias, reunir personas alrededor del teatro y seguir apostando a un arte que, tal como lo dice el productor función tras función, demuestra que nunca se repite de la misma manera.


