De Loredo, jugando con fuego

De Loredo parece apostar al tiempo. A que Bornoroni y Juez lleguen a la elección con menos fuerza si el gobierno nacional pierde respaldo, y a que Llaryora enfrente un electorado más impaciente con un peronismo que acumula casi tres décadas al frente de Córdoba. Entre ambos desgastes podría abrirse una oportunidad para su candidatura.

El martes asumieron las nuevas autoridades de la Unión Cívica Radical de Córdoba y, en el acto, Rodrigo de Loredo volvió a confirmar su candidatura a gobernador. Matías Gvozdenovich quedó al frente del Comité Provincia y Miguel Nicolás asumió la conducción de Capital, pero el protagonista político de la noche fue el dirigente que no necesitó ocupar un cargo partidario para mostrar quién conduce. La renovación de autoridades le dio el escenario para presentar propuestas y proyectarse hacia 2027.

De Loredo consiguió ordenar buena parte del poder interno detrás de su proyecto y ahora enfrenta la difícil tarea de convertir ese control en votos. Su posición me permite una lectura donde lo veo manteniendo abiertas dos posibilidades que pueden terminar siendo incompatibles. Acercarse a los libertarios para integrar una alternativa con chances de derrotar al peronismo y conservar suficiente autonomía para disputarles el liderazgo si el impulso nacional pierde fuerza.

El acercamiento es público; en una entrevista reciente con un medio cordobés, el dirigente aseguró que podía darle a Milei un triunfo en Córdoba y planteó una alianza con Gabriel Bornoroni y Luis Juez, al mismo tiempo que volvió a ratificar que quiere encabezar el próximo gobierno provincial. La tensión es obvia, ya que ofrece unidad, pero sigue construyendo una candidatura propia.

No hay nada excepcional en que un dirigente aspire a conducir una coalición; el problema aparece cuando la unidad se presenta como una necesidad histórica y la candidatura personal permanece fuera de discusión. Si todos deben ceder para terminar con el peronismo, también debe quedar claro qué está dispuesto a ceder quien convoca.

La hipótesis que ayuda a entender sus movimientos es que De Loredo apuesta al tiempo. A que Bornoroni y Juez lleguen a la elección con menos fuerza si el gobierno nacional pierde respaldo, y a que Llaryora enfrente un electorado más impaciente con un peronismo que acumula casi tres décadas al frente de Córdoba. Entre ambos desgastes podría abrirse una oportunidad para una candidatura radical.

Es una apuesta, claro. Una eventual caída de la imagen de Milei no trasladaría automáticamente esos votos a De Loredo. Tampoco el cansancio con el oficialismo provincial garantiza que los cordobeses elijan al radicalismo. El descontento puede tomar otros caminos, incluso reforzar la búsqueda de una opción libertaria.

El dirigente parece buscar un lugar desde el cual pueda beneficiarse de una alianza si Milei conserva potencia, pero también presentarse como alternativa si esa potencia se debilita. Pero, como todo en la política, nada es lineal. Cuanto más se acerque al proyecto libertario, más difícil será despegarse de sus costos y cuanta más distancia conserve, menos motivos tendrán los libertarios para aceptar su conducción.

Del otro lado está Llaryora. Una oposición dividida le ofrece al oficialismo provincial una ventaja evidente al competir sus adversarios entre sí antes de concentrar sus esfuerzos en disputarle el gobierno. Eso no prueba un entendimiento entre el gobernador y De Loredo, pero si describe un efecto político que puede producirse incluso cuando ambos se confrontan de manera abierta.

La apuesta radical sería transformar esa división en una competencia entre tres fuerzas con posibilidades de ganar. Un peronismo desgastado, una oferta libertaria afectada por los costos nacionales y un De Loredo capaz de reunir identidad partidaria, estructura territorial y votos independientes. En ese cuadro, la Gobernación podría parecer más cercana.

Pero tres candidaturas no hacen tres tercios, se necesita volumen electoral, y el material de votos reciente no acompaña dicho volumen.

Entonces… juguemos con fuego. Si la opción libertaria se consolida, De Loredo quedará expuesto a la presión de sumarse. Si el peronismo conserva competitividad, una candidatura radical separada podría contribuir a su continuidad. Si ambos se debilitan, todavía tendrá que convencer a los votantes de que él representa una salida. En estos tiempos, aún puede seguir administrando la ambigüedad, pero lo que no puede hacer es suponer que todos los movimientos del tablero terminarán favoreciéndolo. La debilidad ajena abre oportunidades, pero no construye por sí sola una mayoría propia.

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