Los Milei tienen frente a las provincias, y en especial en Córdoba, una decisión que tomar. Pueden intentar convertir el voto libertario en poder territorial o preservar un electorado decisivo para su reelección. Pero las dos estrategias no necesariamente conducen al mismo lugar.
Hay una pregunta que probablemente empiece a ordenar buena parte de la política cordobesa en los próximos meses: ¿qué quiere realmente Javier Milei de Córdoba en 2027?
La respuesta más evidente sería: ganarla. La Libertad Avanza viene construyendo cierta estructura, acercando intendentes y buscando transformar una adhesión que hasta ahora fue fundamentalmente nacional en poder territorial. Bornoroni aparece como la figura más directamente vinculada a ese armado y como el más probable candidato a gobernador. La lógica pareciera centrarse en que si Milei quiere que su proyecto sobreviva a su propia presidencia, necesita gobernadores, intendentes, legisladores y dirigentes propios. Necesita que La Libertad Avanza deje de ser solamente Milei.
Córdoba sería, además, un lugar bastante razonable para intentarlo. Fue una provincia decisiva para su llegada a la presidencia y conserva un electorado con el que el discurso libertario tiene afinidad. Por eso, disputar seriamente la gobernación tendría un valor que va mucho más allá de Córdoba ya que significaría demostrar que el fenómeno Milei puede transformarse en una fuerza política con territorio.
Pero, en el andar de la política, nunca existe un solo camino.
Milei llegará a 2027 con la prioridad de ser reelegido por encima de todos los demás objetivos. Y para entonces deberá decidir cuánto capital político está dispuesto a invertir en elecciones provinciales que pueden fortalecer su partido, pero también abrir conflictos con dirigentes cuyos votantes necesitará pocos meses después.
Ahí aparece Córdoba.
Las últimas mediciones muestran un escenario bastante menos cómodo para el presidente que aquel que encontró en 2023. Su imagen ya no tiene la misma fortaleza y, al mismo tiempo, Martín Llaryora conserva niveles sostenidos de valoración. No es un dato menor; una cosa es competir por la provincia cuando el viento nacional empuja y otra, muy distinta, es hacerlo cuando una derrota puede debilitar la imagen presidencial antes de la elección que verdaderamente define la continuidad del proyecto libertario.
Planteo la hipótesis en forma de interrogante: ¿Milei terminará priorizando octubre por sobre la elección provincial?
Eso no supone necesariamente un acuerdo formal con Llaryora… pero, se podría permitir que La Libertad Avanza compita en Córdoba sin convertir esa elección en una batalla nacional a todo o nada. Y el cordobesismo, a su vez, podría evitar transformarse meses después en el principal adversario del presidente.
Lo que sí sabemos es que Milei necesita los votos de Córdoba. Son muchos y, sobre todo, no son exclusivamente libertarios. Para ser reelecto necesitará reconstruir aquella mayoría que en 2023 reunió electores propios, votantes de Juntos por el Cambio y una parte importante del electorado cordobés que históricamente acompañó al peronismo provincial pero rechazó al kirchnerismo. Allí está probablemente el núcleo del problema ya que una confrontación feroz con Llaryora por la provincia puede ayudar a construir LLA, pero también puede alejar a una porción del electorado que Milei necesitará después para su propia elección.
Por eso 2027 puede obligarlo a elegir entre dos formas de construir poder. Una es territorial: competir para ganar Córdoba, consolidar a Bornoroni o a quien finalmente represente a LLA y comenzar a poblar el mapa argentino de gobernadores libertarios.
La otra es presidencial: administrar las disputas provinciales, evitar guerras innecesarias y concentrar todos los esfuerzos en construir la mayoría que le permita permanecer cuatro años más en la Casa Rosada. Por ahora, Milei parece inclinarse por la primera. La Libertad Avanza se mueve, arma territorio y dice que quiere gobernar Córdoba. Pero todavía falta mucho.

