Las encuestas que comenzaron a circular esbozan algunas hipótesis tanto incómodas como reveladoras para el proyecto libertario. Javier Milei sigue siendo competitivo no tanto por fortaleza propia, sino por la debilidad de la oposición. Pero el plan económico que lo llevó al poder puede convertirse también en el límite de su reelección.
El estudio de la consultora Synopsis muestra con claridad que casi el 50% de los argentinos afirma que “no le gusta nada” Milei, mientras que otro 29% confirma que “no le gusta del todo, pero no hay algo mejor”. Es decir, el oficialismo sobrevive más por ausencia de alternativa que por enamoramiento social. Esto expone la verdadera discusión política del próximo año y medio.
Milei ganó en 2023 montado sobre una sociedad agotada por una inflación anual excesiva, salarios destruidos y una sensación de desorden absoluto. La inflación era la angustia cotidiana, la pérdida de horizonte, el constante miedo a no poder llegar a fin de mes. Y en ese clima, Milei apareció como la esperanza.
¿Qué pasa cuando el problema deja de ser solamente la inflación y pasa a ser la falta de consumo, empleo y recuperación del ingreso? Porque las nuevas encuestas empiezan a mostrar exactamente eso; hay relevamientos que ya señalan que las principales preocupaciones comienzan a ser la economía en general, el empleo y la pobreza. Es decir, la sociedad dejó de discutir únicamente precios y empezó a discutir calidad de vida, y ahí Milei entra en una zona de riesgo político.
Su modelo económico funciona, hasta ahora, sobre un consumo deprimido. La desaceleración inflacionaria se sostiene, en gran parte, porque la gente compra menos, porque el mercado interno está planchado y porque los salarios todavía no recuperan capacidad real de consumo. Es un esquema macroeconómico pensado para estabilizar variables, pero no para expandir bienestar en el corto plazo.
El problema es que las elecciones no se ganan con equilibrio fiscal únicamente, sino cuando la sociedad siente que vive mejor. La política argentina tiene una constante histórica bastante clara: ningún oficialismo logra sostenerse electoralmente durante demasiado tiempo si el poder adquisitivo no mejora de manera perceptible.
Si Milei intenta recuperar rápidamente ingresos y consumo, aumenta la demanda, se recalienta la economía y reaparece presión inflacionaria. Pero si mantiene el actual esquema de ajuste y salarios contenidos para evitar rebrote de precios, estabiliza la macro pero erosiona su base electoral. Complicado tablero de juego.
La inflación fue el combustible que lo llevó a la Casa Rosada, pero ahora necesita exactamente lo contrario para ser reelegido. Necesita una sociedad con capacidad de consumir, proyectar y sentir alivio económico, y los números muestran que todavía está lejos de eso.
El dato más interesante de Synopsis no es el 18,5% que votaría a Milei “sí o sí”. Lo verdaderamente importante es que existe otro 18,7% que lo votaría solamente porque “no ve alternativa”. Ese electorado no pertenece emocionalmente a Milei, sino que está alquilado por la falta de una oposición competitiva. Por eso el oficialismo todavía conserva chances reales hacia 2027 aún con altos niveles de rechazo, ya que enfrente no aparece todavía una figura que sintetice el malestar económico sin reactivar los fantasmas del pasado reciente.
La encuesta también muestra que el 61,5% de los argentinos quiere “un cambio respecto a lo que está ocurriendo en el país”. Ese número debería encender fuertes alarmas en la Casa Rosada, porque revela que incluso en un escenario opositor fragmentado existe una mayoría social que no está conforme con el rumbo actual.
Milei todavía conserva centralidad política, conserva identidad y capacidad de polarización, pero ¿cuándo mejora la vida de la gente? Porque si la inflación fue la llave de entrada, el salario y el consumo serán la verdadera llave de su permanencia. Y hoy el Gobierno todavía no encuentra cómo resolver esa tensión.


