El último adiós al hombre de la garita
La nota que Otro Punto publicó el 23 de enero lo sacó del anonimato. Durante más de un año, Julio Alberto Irusta durmió en la parada de colectivos del Hospital Central, postrado en su silla de ruedas y frente a la mirada impasible de la ciudad. Trabajó en el campo desde la infancia, y en su etapa final vivió en situación de calle. Pocas horas después de que su testimonio se hiciera público, falleció por una infección severa.



