¿Por qué tiene esa arquitectura? ¿Qué funcionó entre sus paredes? ¿Qué secretos guarda uno de los edificios más emblemáticos de Río Cuarto? En diálogo con Otro Punto, la arquitecta, artista textil y gestora cultural Marité Gentile da respuesta a esas preguntas y explica por qué preservar este edificio también es conservar parte de la historia y la identidad de la ciudad.
Fotos: Santiago Mellano

Con su torre coronada por una cúpula y una fachada que forma parte del paisaje cotidiano de los riocuartenses, el Palacio Municipal es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Miles de personas pasan cada día frente a él, aunque pocas conocen la historia que guarda entre sus paredes. Detrás de ese lugar hay casi un siglo de historia, decisiones políticas que marcaron el crecimiento de Río Cuarto y una arquitectura pensada para representar a la ciudad.
Su construcción fue impulsada por el entonces intendente Vicente Mójica, por eso también se lo conoce como Palacio Mójica. El proyecto fue iniciado por el reconocido arquitecto Alejandro Bustillo y luego continuado por Carlos Zambrano y el ingeniero riocuartense Santos Cocco, quienes firmaron los planos definitivos. El edificio fue inaugurado el 25 de mayo de 1932.
“El 25 de mayo es el cumpleaños del Palacio Municipal”, resumió Marité Gentile al comenzar el recorrido por la historia del edificio.
El Palacio se convirtió rápidamente en el escenario de la vida institucional de Río Cuarto. Para Gentile, ese espacio funciona como un verdadero ágora, comparable con las plazas de las antiguas ciudades donde se desarrollaba la vida política y social.
“Tiene mucha importancia institucional porque en esa plaza se desarrollaron los actos políticos más importantes de la ciudad”, explicó la arquitecta.
Según explica Marité, la propia plaza también fue cambiando con el paso del tiempo. Tuvo palmeras, distintos diseños paisajísticos y una plaza seca inspirada en la idea de la polis griega, hasta llegar a la actual Plaza Olmos de la Juventud, que continúa siendo uno de los principales puntos de encuentro de los riocuartenses y sobre todo como su nombre lo indica, de jóvenes.
Gentile define al edificio como una obra neoclásica con rasgos eclécticos, donde distintos elementos de la arquitectura clásica se combinan para construir una imagen sobria, pero imponente. “Es muy sencillo, es muy austero, pero tiene una presencia”, describió la gestora cultural.
La fachada está organizada a partir de una simetría absoluta. La entrada principal se destaca por una escalinata, un atrio con columnas de doble altura y un tímpano triangular que refuerza el carácter institucional de la construcción. Según explicó Marité, las columnas también combinan distintos estilos: presentan un fuste liso propio del orden dórico, mientras que los capiteles incorporan volutas inspiradas en el estilo jónico.
“No copia nada, sino que va tomando elementos y los va rearmando”, explicó al referirse al lenguaje arquitectónico del edificio.
La torre central termina de darle identidad a la obra. Se eleva por encima del resto de la construcción y culmina en una pequeña cúpula visible desde distintos puntos del centro. Allí también aparece una curiosidad: aunque el proyecto original contemplaba la instalación de un reloj, recién en 2022 se colocó uno respetando aquella idea prevista desde el comienzo.


“Siempre estuvo previsto un reloj, que recién se puso en 2022”, recuerda la arquitecta.
Con el paso de las décadas, el edificio fue incorporando algunos cambios para adaptarse a las nuevas necesidades administrativas. Sin embargo, según explica Marité, esas modificaciones no alteraron la esencia de la obra ni su identidad arquitectónica.
Más allá de esas adaptaciones, el edificio conserva buena parte de sus elementos originales. Los techos altos, las carpinterías de madera, la escalera monumental y la iluminación natural siguen formando parte de un recorrido que, para Gentile, refleja la calidad con la que fue construido. “Es una obra construida con materiales muy nobles. Permanece prácticamente con su planta y con su tipología original. Yo creo que es una de las obras de la ciudad que está más preservada y forma parte del patrimonio de Río Cuarto”, dice la profesional.
Entre los espacios más representativos aparece el Salón Blanco, que a lo largo de los años fue escenario de distintas actividades institucionales y culturales. “El Salón Blanco sigue siendo un salón espectacular, con muy buena acústica”, destacó la arquitecta. En ese lugar se realizaron conciertos, muestras de arte, actos oficiales y diferentes propuestas culturales que acercaron el edificio a la comunidad.
Durante buena parte de su historia, además, el edificio no solo fue sede del gobierno municipal. En su interior también funcionaron el Registro Civil y el Concejo Deliberante. “Ahí se casaba la gente”, recordó Gentile, al mencionar uno de los tantos usos que tuvo el edificio a lo largo de los años.
Pero el Palacio también fue escenario de hechos que quedaron grabados en la memoria de la ciudad.
La arquitecta recordó que el 17 de diciembre de 1966 la Comedia de Río Cuarto presentó en el lugar una función al aire libre de Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello. El atrio y las columnatas se transformaron en escenario y la plaza fue ocupada por el público. También se realizaron allí distintos actos políticos que marcaron la historia democrática de la ciudad y hasta imágenes mucho más antiguas, cuando frente a la plaza funcionaba una terminal de ómnibus y una parada de mateos, de coches de plaza con caballos.



–¿Qué representa conservar edificios como este?
– Nosotros tenemos un patrimonio modesto, pero rico. El patrimonio no es solo un edificio, el patrimonio se hace por tramos también. Lo que queda construido nos trasciende, porque nos cuenta nuestra historia, que es como una foto de familia.
Para Gentile, preservar el patrimonio no significa impedir que la ciudad crezca. Todo lo contrario. Considera que los edificios históricos pueden adaptarse a las nuevas necesidades, siempre que esa transformación respete aquello que les da identidad. Por eso cree que conocer esos lugares también debería formar parte de la educación. “Creo que sería muy importante que en las escuelas primarias una materia que se llame patrimonio, cómo conocemos y cómo habitamos nuestra ciudad “, dice la arquitecta.
Para ella, el Palacio Municipal es apenas una parte de un recorrido mucho más amplio que incluye al Teatro Municipal, la Escuela Normal, la Catedral, la Sociedad Italiana, entre otras construcciones que todavía conservan la memoria de distintas épocas de la ciudad.

– Sobre lo arquitectónico, ¿cómo ves hoy a Río Cuarto?
– Lo que veo es que hay muchísimas excepciones al código y eso hace que no sea una ciudad ordenada.
–¿Cómo pensás que se podría mejorar esto?
– Yo creo que es un trabajo en conjunto. La ciudad es un ente vivo y va creciendo. Se podría hacer una refuncionalización y pensar la ciudad para los años posteriores, pero realmente para todos los ciudadanos.
“Me gusta mi ciudad. Yo nací acá. Veo los árboles que van floreciendo… Hay una memoria olfativa, una memoria de tacto, una memoria visual y una memoria de hechos. También eso hay que cultivarlo, y hay que hacerlo desde los niños”, expresa Marité.
Después de casi un siglo frente a la plaza, el Palacio Municipal sigue siendo uno de los edificios más reconocibles de Río Cuarto. Su valor está en su arquitectura pero también está en las historias que atravesaron sus pasillos, en los acontecimientos que tuvieron lugar frente a sus columnas y en la memoria colectiva de un edificio que forma parte de la identidad de los riocuartenses.


