Walter Degiovanni: Más de cuatro décadas dedicadas a la arquitectura

El arquitecto y creador de Degiovanni & Asociados, Walter Degiovanni lleva más de cuarenta años proyectando, dirigiendo y acompañando obras. En diálogo con Otro Punto, repasó sus comienzos y contó cómo fueron cambiando las viviendas, los materiales y las tendencias en arquitectura.

Fotos: Javier Raiden

Llegamos al estudio ubicado en Roma 1363. Walter nos recibe y comentamos sobre que en esa cuadra hay muchas casas con esculturas: una de un perro y la famosa del mate. “Tendría que poner una cuchara mezcladora y un balde en mi entrada”, dice entre risas el arquitecto, a lo que le decimos que sería una excelente idea.

De dibujar sobre una mesita de luz en una pensión de Córdoba a consolidar un estudio con más de cuatro décadas de trayectoria, pasó bastante tiempo. Sin embargo, Degiovanni sigue encontrando en el papel una forma de pensar los proyectos. En su lugar de trabajo  hay papeles, bocetos de planos, dibujos hechos a mano, escuadras y lápices.

Tiene 71 años y si bien ya no se ocupa de lo administrativo,  participa de las primeras reuniones con clientes, acompaña algunas decisiones y sigue de cerca lo que ocurre en el estudio. Hoy trabaja junto a Mercedes Degiovanni, Federico Canteros, Marcos Benzi y Paula Hernández. Todos son arquitectos y se reparten las responsabilidades de cada proyecto. Walter fue delegando especialmente en Mercedes, su hija, y en Federico, que lleva cerca de quince años trabajando allí.

Con más de cuatro décadas mirando cómo vive la gente, Degiovanni asegura que una de las transformaciones más claras está puertas adentro de las casas. Cambiaron las familias, las costumbres y, con ellas, también los espacios que se diseñan.

–¿Qué transformaciones notás en la arquitectura de las viviendas actuales?

-Lo que cambió la forma de vida de la gente. Antes hacíamos el living comedor, la cocina separada, un comedor diario, un estar diario. Hoy los chicos se juntan donde están, en la cocina, con una barra, todo integrado en el mismo ambiente.

El arquitecto pone como ejemplo el quincho. Durante años se pensó como un espacio separado, generalmente ubicado al fondo de la vivienda. Hoy, en cambio, muchas familias buscan incorporarlo al funcionamiento cotidiano de la casa: un lugar para recibir amigos, pero también para que los chicos jueguen, hagan los deberes o simplemente compartir tiempo en familia. “Han cambiado las familias y las formas de ser”, resume.

Para Walter, sin embargo, seguir una tendencia no alcanza. Antes de pensar cómo se verá una vivienda, en el estudio ponen el foco en cómo va a funcionar.

–¿Cuáles son las tendencias en la arquitectura de las viviendas?

–Hay un poco de todo. Hay un estilo que podríamos llamar clásico moderno, ya no tanto el cubo, todo cuadrado y vidriado. Yo creo que también se está volviendo un poco a otras formas. De hecho, ahora estoy haciendo una obra en Loma Alta y dije: voy a volver a mis raíces, con cosas que proyectaba en los años 80, como los techos inclinados. Pero para mí, más allá del estilo, es fundamental situarse en el lugar donde uno está, ver el terreno, la orientación y las condiciones que tiene. Después viene la parte morfológica, el estilo.

En Río Cuarto, explica, la amplitud térmica obliga a prestar especial atención a las aislaciones. “Podés tener una excelente calefacción, pero si tenés filtraciones de aire, una mampostería que no es térmica o un techo mal aislado, vas a perder temperatura”, señala.

Ese interés por encontrar distintas soluciones también estuvo presente a lo largo de su carrera. Walter cuenta que siempre le gustó probar materiales y sistemas constructivos nuevos. Uno de los ejemplos que menciona es el Hotel San Antonio, frente al Hospital, donde trabajaron con estructura pretensada y divisiones interiores realizadas mediante construcción en seco.

También recuerda una obra desarrollada para una empresa al sur de Río Cuarto en la que prácticamente no utilizaron construcción húmeda e incorporaron cisternas para aprovechar el agua de lluvia. “Siempre me gustó tratar de innovar”, afirma.

En ese sentido, también señala el impacto ambiental que puede generar una obra tradicional. Habla de la cantidad de escombros, arena, cemento y traslados que implica una construcción y considera que los sistemas en seco pueden ser una alternativa interesante cuando están correctamente ejecutados.

Pero mientras los materiales y las formas de construir avanzaron, también lo hicieron las herramientas del arquitecto. Walter atravesó el paso del tablero a la computadora y hoy observa cómo el resto del equipo trabaja prácticamente de manera digital. Lejos de resistirse a esos cambios, empezó incluso a interesarse por la inteligencia artificial.

–¿Qué lugar puede tener la inteligencia artificial en la arquitectura?

–Como elemento de ayuda. Para acelerar un proyecto, para mejorar una presentación, para esas cosas. Pero no como elemento que te diseñe, porque ahí se pierde la creación. Como una herramienta.

Walter reconoce la velocidad que permiten las nuevas tecnologías, aunque por ahora él sigue volviendo al papel. Dibujar, borrar y volver a empezar le da algo que considera importante: tiempo para pensar.

“Cuando vas pasando en limpio también vas pensando. Decís: esto también lo podría hacer así. Te da un poco más de tiempo”, explica.

Durante la charla surge el tema de cómo ve el crecimiento de la ciudad. Para él, Río Cuarto sigue teniendo mucho movimiento en materia de construcción y señala especialmente el crecimiento hacia el oeste, donde nuevos barrios fueron sumando viviendas, servicios, oficinas y propuestas comerciales.

–¿Cómo ves hoy a Río Cuarto desde lo arquitectónico?

–Creo que Río Cuarto siempre fue una “isla” en ese aspecto. Se construye mucho. Hoy todo el desarrollo se está dando hacia el sector oeste, se está armando como otra microciudad, como un pequeño satélite de lo que es Río Cuarto.

Degiovanni menciona barrios como Loma Alta y otros desarrollos de ese sector de la ciudad, donde además de viviendas empiezan a aparecer áreas comerciales y de oficinas. Entiende que parte de ese crecimiento tiene que ver con la búsqueda de espacios verdes y otra forma de vivir, aunque también observa que el movimiento hacia el oeste se produce en cierta medida en detrimento del centro.

Después de tantos años trabajando en la ciudad, también recuerda otros momentos de fuerte crecimiento. Durante la década del 80, señala, los créditos hipotecarios generaron una importante cantidad de construcciones y considera que nuevas herramientas de financiamiento pueden volver a mover el sector.

Los primeros planos

La relación de Walter con la arquitectura, sin embargo, empezó bastante antes de todos esos proyectos. De chico siempre le gustó dibujar, aunque al terminar el secundario todavía no tenía claro qué estudiar. En su familia tampoco había antecedentes vinculados con la construcción.

–¿Siempre supiste que ibas a ser arquitecto?

–En realidad dudaba entre Arquitectura y Veterinaria, nada que ver una cosa con la otra. Me hice un test vocacional y me dio 98 por ciento Arquitectura. A mí, por lo menos, me dio resultado.

Se fue a estudiar a Córdoba y vivió en una pensión. No tenía tablero propio y trabajaba sobre aquella mesita de luz que todavía recuerda.

En los últimos años de la carrera tuvo la posibilidad de trabajar en un estudio en el que Walter destaca especialmente la libertad con la que se trabajaba allí y reconoce que aquella experiencia también influyó en la forma en la que después manejó su propio estudio.

Se recibió en 1980 y poco después tuvo que cumplir con el servicio militar obligatorio. Fue destinado a la Marina en Buenos Aires y pudo seguir cerca de la profesión trabajando como dibujante en el Edificio Libertad, dentro del área de arquitectura e ingeniería.

Cuando regresó a Río Cuarto se asoció con otros profesionales y formó una empresa constructora. Durante casi tres décadas combinó el diseño y la dirección técnica con la ejecución de obras públicas y privadas. El estudio funcionó durante todos esos años dentro de la propia empresa. “En 2008 me separé de la empresa y me dediqué al estudio. En realidad fue cambiar de domicilio, nada más, porque el estudio siempre estuvo funcionando”, recuerda.

A lo largo de ese recorrido trabajó en viviendas, barrios, edificios y distintos proyectos comerciales. Entre ellos menciona el edificio Cabildo, frente a Plaza Roca, además del Hotel San Antonio y numerosas viviendas particulares. Cuando le preguntamos cuál es la obra que más le gusta de todas las que hizo, Walter responde sin elegir ninguna. “Antes cuando me preguntaban eso siempre decía: la que voy a hacer”, cuenta entre risas. Pero ahora dice que ya al menos de la parte administrativa está “jubilado”.

Se define como una persona detallista, perfeccionista e inconformista. Incluso después de terminar una obra suele encontrar algo que podría haber pensado de otra manera.

Esa atención también aparece cuando habla de la relación con los clientes. Según el proyecto, el estudio no solamente diseña y dirige, sino que también puede pedir presupuestos, acompañar la compra de materiales o administrar distintos aspectos de la obra.

–¿Qué creés que hace que la gente siga eligiendo el estudio con el paso de los años?

–La confianza. Nosotros hacemos mucho más, a veces, que una dirección técnica. Lo asesoramos y acompañamos al cliente en todo.

Walter cuenta que siempre presentan distintas opciones para que la decisión final quede en manos de quien está construyendo y asegura que no trabajan con porcentajes o comisiones de proveedores por recomendar determinados materiales. “Yo estoy cobrando por mi trabajo. Si hay un descuento, es para el cliente”, explica.

Con el paso de los años, buena parte de los nuevos trabajos comenzaron a llegar por recomendación de clientes anteriores. Walter lo relaciona directamente con la manera en la que intentaron trabajar desde el comienzo: estar presentes, acompañar cada obra y sostener una relación transparente con quien los contrata. “Primero está la honestidad en el servicio que uno va a dar y acompañar en todo momento al cliente. No tratamos de imponer, desarrollamos las cosas juntos”, resume. Después de más de cuarenta años, muchas cosas cambiaron en la arquitectura y también dentro del estudio. Walter, sin embargo, sigue encontrando intacta su pasión por la profesión y su transparencia y compromiso a la hora de llevar adelante un proyecto.

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