Apuestas on line: uno de cada cinco adolescentes, en zona de riesgo

En escuelas de Río Cuarto

El viernes, en el Polo Científico y Tecnológico de la Ciudad de Río Cuarto se presentó un informe sobre juego problemático en adolescentes, un proyecto de investigación que surge en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNRC en vinculación con la Defensoría del Pueblo.

Este viernes, en el Polo Científico y Tecnológico de Río Cuarto, se encendió la alerta: el 19% de los adolescentes presenta indicadores de riesgo vinculados al juego problemático.

¿Cuándo el juego deja de ser un juego? Esa es la cuestión que indagó el proyecto de la Universidad Nacional de Río Cuarto y la Defensoría del Pueblo. Se trata de una investigación sobre la predisposición al uso (y abuso) de los casinos on line y de los sitios de apuesta, entre estudiantes de siete escuelas de la ciudad.

En tiempos donde El Dibu Martínez, el Kun Agüero o influencers como Carito Muller, Sofi Papetti o Eli Molina promueven desde la tele y en las redes el consumo de estas plataformas con promesas de jugosas recompensas, basta con escribir una palabra en el buscador del celular, crear un usuario, y aceptar términos que nadie lee para correr el riesgo de quedar entrampado. Un clic, después otro, y otro más, y en cuestión de un suspiro, el peligro de la adicción acecha.

El estudio fue desarrollado desde el Laboratorio de Economía Aplicada, un espacio que trabaja en la generación, adaptación y replicación de protocolos internacionales validados para el análisis de conductas en contextos reales. Actualmente, el 86% de estos laboratorios se concentra en Europa y Estados Unidos, y hoy comienza a tomar fuerza la posibilidad de consolidar un laboratorio de estas características en Río Cuarto, lo que significaría una oportunidad para producir conocimiento propio con estándares internacionales. Este tipo de estudio observa cómo toman decisiones los estudiantes bajo incentivos y condiciones controladas.

La investigación se realizó en 7 escuelas, cuyos nombres no fueron mencionados, ni tampoco los barrios a los que pertenecen. 267 estudiantes de entre 15 y 17 años completaron los formularios y participaron de actividades que sirvieron como método de recolección de datos. Incluso se realizaron casinos online falsos para estudiar cómo los adolescentes iban actuando según sus recompensas. Algunos arriesgaban todo, otros eran más precavidos. El estudio evaluó patrones de decisión vinculados con la preferencia por recompensas inmediatas, la disposición de asumir riesgos y la consideración de consecuencias futuras.  La facultad de Ciencias Económicas de la UNRC, lejos de quedarse en puras estadísticas, eligió realizar este estudio para poder ayudar a crear nuevas políticas públicas acertadas. El director de este proyecto es el docente investigador Juan Munt, y lo lleva a cabo con la doctorada Analía Rodriguez y la tesista de grado Julia Mazzone. “Este proyecto es esperanzador porque cuando el dato se queda como dato y no se aplica para la sociedad, queda en la frontera”, dijo al respecto la rectora de la UNRC, Marisa Rovera.  En la presentación también estuvieron presentes el decano de la Facultad de Ciencias Económicas, Guillermo Mana y el Defensor del Pueblo, Daniel Frangie.

Entre los resultados que se desprenden de la investigación, el 19% de los estudiantes evaluados presentaron indicadores de riesgo o juego problemático. La diferencia de género es marcada: de ese 19%; el 37.2% son varones y el 5.3% mujeres. Si bien el tema enciende una luz de alerta en la sociedad, el estudio no indica que la problemática esté generalizada ni fuera de control. Al contrario, los investigadores vieron que el fenómeno no puede atribuirse a un único grupo social ni explicarse a partir de una variable aislada. Se trata de una realidad transversal y contextual. Juan Munt mencionó que “se juega más por legitimación social, que por una predisposición individual.”.

No es un detalle menor el contraste entre entre escuelas, lo que indica que el contexto institucional y territorial influye en la incidencia de las plataformas. En algunas escuelas se advierten cerca de 9 casos de riesgo cada 100, mientras que otras superan los 35 cada 100. Esto habilita la creación de estrategias diferenciadas para cada necesidad.Julia Mazzone comentó que además de recoger datos, brindaron talleres de concientización abordando el tema, en el marco de un proyecto de extensión académica.

El impulso y el entorno

Uno de los datos que más llamó la atención es que el riesgo aumenta en aquellos casos en los que los adolescentes no pueden identificar el grado de escolaridad alcanzado por su madre. El hallazgo no señala causalidades directas, pero sí evidencia que el entorno familiar y los vínculos cotidianos también cumplen un papel clave en la construcción de conductas. “El entorno importa más que la impulsividad”, explica Juan Munt.

La doctora Analía Rodríguez fue la encargada de delinear posibles políticas públicas basadas en la evidencia recolectada. Entre las principales propuestas mencionó la necesidad de fortalecer la alfabetización digital y económica en adolescentes para fortalecer la comprensión, incorporar en las plataformas mecanismos visibles que indiquen límites de gasto y tiempo de uso, y avanzar en la regulación de estímulos que incentivan el consumo constante, como las propagandas y anuncios que llegan al teléfono. La conclusión es clara: el Estado y las familias pueden (y deben) actuar sobre las condiciones estructurales que moldean las decisiones de los adolescentes.

Una frase quedó resonando cuando la presentación llegaba a su fin. ¿Qué tipo de empujones están recibiendo nuestros estudiantes y jóvenes?, preguntó Rodríguez. ¿Qué propagandas ven? ¿Qué anuncian influencers y futbolistas? La problemática ya no es lejana ni abstracta. Está al alcance de la mano. Entra en las habitaciones a través del celular, se filtra en las escuelas, circula en los grupos de amigos y aparece en las reuniones familiares. Se vuelve cotidiana. Aunque las cifras en la ciudad no indiquen un escenario fuera de control, el estudio invita a no naturalizar el fenómeno. Estar alerta es el primer paso.

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