Rumbo al Mundial de BMX en Australia
Alfonsina, sin freno
A los 15 años Alfonsina Romano tiene muy en claro lo que quiere. A los cinco años comenzó a practicar el deporte y a los 6, arrancó a competir. Fue seis veces campeona argentina y dos veces campeona latinoamericana. Participo de cuatro mundiales y en unos días parte a Australia, a medirse con las mejores del mundo en su categoría. Detrás de cada salto, cada curva y cada medalla hay años de entrenamiento, esfuerzo familiar y una convicción que no conoce frenos.

Es feriado en la ciudad. De esos días en los que cuesta recordar qué día de la semana es. El tiempo parece avanzar a otro ritmo: las horas se estiran y una extraña quietud se adueña de las calles. La casa es acogedora. Al llegar, nos reciben cálidamente Alfonsina Romano y sus padres, Carina y Raúl. También está Polo, el perro de la familia, imposible de ignorar. No solo por su tamaño, grande y de pelaje marrón lustroso, sino también por sus resonantes ladridos. Está decidido a participar de la entrevista. Detrás de un vidrio nos observa de reojo, como si desconfiara de la visita.
El mate comienza a circular mientras la conversación deja ver algo más que una historia deportiva. Detrás de cada competencia hay un proyecto familiar. Alfonsina pedalea en busca de sus sueños; sus padres la acompañan en cada paso, multiplicando esfuerzos para que el talento, la disciplina y las oportunidades puedan encontrarse en el mismo camino.

Sentada en la punta de la mesa, Alfonsina habla poco y observa todo. Sus gestos son suaves, de facciones finas, pelo lacio y pestañas largas que destacan sus ojos. Es tímida, pero firme cuando se trata de sus objetivos. A su alrededor, su familia acompaña en silencio ese recorrido.
Tenía cinco años cuando empezó a escribirse su historia. Aunque su vínculo con la bicicleta comenzó incluso antes: a los dos años y medio ya pedaleaba sin rueditas, como un anticipo de lo que vendría. “Cuando era chiquita veía a mi papá ganar trofeos y yo también quería ganar como él. Él corría en moto. Desde muy chica me gustó la bici; me atrapó la adrenalina y el hecho de que sea un deporte individual, donde los resultados dependen de mí”, cuenta y agrega: “A los 6 años empecé a competir en campeonatos locales y provinciales y a los 7 me animé a un nacional. A los 8 llegó un sudamericano y panamericano y a los 11 arranqué con lo mundiales”.
Alfonsina compite en la categoría Challenger, ya que por su edad aún no es profesional. Integra el seleccionado juvenil desde hace dos años y este será su quinto Mundial. En las cuatro ediciones anteriores logró llegar a la final. “Corro en la categoría damas 15”, precisa.

El primer mundial de BMX del que participó fue en Francia, en el año 2022. Después llegó Escocia, Estados Unidos y Dinamarca. Y ahora, se viene Australia, país al cual partirá junto a su papá, el 10 de julio. “Son 13 horas de diferencia con Argentina. Los mundiales son complejos, exigen una preparación previa importante. Vamos a estar 14 noches allá”, detalla Raúl.
Alfonsina fue seis veces campeona argentina y dos veces campeona latinoamericana. “Lo mejor son los mundiales, es muy competitivo. Todas van a ganar. El año pasado había 72 en su categoría. De ese número, 20 son distintas, tienen otro nivel. Ella está dentro de esas 20, por eso siempre llega a la final”, comenta el papá con orgullo.
Plan familiar
Carina y Raúl son de esos papás que hacen lo imposible para que sus hijos vivan sus sueños. Resignan cuestiones personales, se esfuerzan para acompañar. Aseguran que no es fácil. Cuando comienza cada año, arranca la planificación de lo que vendrá. “Todos los años, al comienzo, nos planteamos cómo va a ser. Le consultamos qué objetivos tiene por delante y ella elije. Podría ser que nos diga que ese año no quiere hacer tanto esfuerzo. Es un trabajo de todos. Cada uno pone su parte”, comenta Raúl mientras sigue la ronda de mate, y Polo, detrás de la puerta, desvió su atención a otra cosa y ya no ladra.
Carina, mamá orgullosa, toma la palabra y habla lo que hay detrás de cada competición. “Para ir a Francia, durante dos mes y medio picábamos verdura e hicimos bandejas para sopa. 180 bandejitas por día y las llevaba al Mercado de Abasto, donde trabajo, y las vendía”, recuerda con una sonrisa parte del camino recorrido por su hija. Ahora se viene el locro. “Vamos a hacer 300 porciones para el sábado 20 de junio”, comenta.
Sobre un mueble se acumulan medallas, trofeos y reconocimientos que ya forman parte del paisaje cotidiano de la casa. No están exhibidos con solemnidad ni ordenados como en un museo; simplemente ocupan su lugar entre las cosas de todos los días. Alfonsina los observa con una mezcla de orgullo y nostalgia. Detrás de cada premio hay viajes interminables, entrenamientos bajo el sol y decisiones familiares que hicieron posible cada competencia. Por momentos, se queda tildada, colgada con algún recuerdo.
Rutina
La exigencia forma parte de la vida cotidiana de Alfonsina. Los tres coinciden en que el BMX es una disciplina que demanda compromiso, preparación física y constancia. Su rutina lo refleja: ”voy a la escuela por la mañana, gimnasio cuatro veces por semana, trabajos de pista los lunes, miércoles y viernes, y piques los martes y jueves. A eso hay que sumarles las competencias, que suelen ser fin de semana por medio”, comenta ella.

A pocos metros descansan sus bicis, colgadas en la pared como si fueran parte de la decoración de la casa. Livianas a la vista, cargan el peso de años de entrenamiento, competencias y sueños. Mientras conversa, la joven les pasa un trapo con dedicación, quitándoles un polvo que casi no existe. El gesto parece automático, pero revela el vínculo que construyó con ellas desde chica. Sobre esas bicicletas aprendió a caer y a levantarse, conoció otras ciudades, otros países y también descubrió hasta dónde es capaz de llegar.
El desafío será todavía mayor dentro de poco tiempo. En un año y medio pasará a la categoría Junior, considerada semiprofesional. Allí la clasificación dependerá de un sistema de puntos y la competencia será aún más exigente. Por eso, junto a su familia, comenzó la búsqueda de sponsors que puedan acompañarla en una etapa donde los viajes, el equipamiento y la preparación demandan cada vez más recursos.
A sus 15 años, el BMX ya le permitió conocer distintos países y vivir experiencias que pocos jóvenes de su edad acumulan. Conoce la emoción de un triunfo y la satisfacción de alcanzar una meta, pero también la otra cara del deporte. Las caídas forman parte del camino. Hace apenas un mes, durante una competencia en Colombia, sufrió una fuerte caída que le provocó una fisura intercostal. Fue un golpe duro, pero también una nueva muestra de la fortaleza que exige el deporte. Tan importante como cruzar primero la meta es encontrar la manera de volver a levantarse.
Paso a paso
El crecimiento deportivo de Alfon no fue casual. Desde sus primeros pasos en la disciplina está acompañada por su entrenador, Nicolás Olmedo. El proceso, explican, siempre fue gradual. Sin apurar etapas ni buscar resultados inmediatos. Cada avance llegó en su momento.

Además, la ciclista se desarrolla en una ciudad donde el BMX ocupa un lugar especial. Río Cuarto ha sido cuna de campeones mundiales de la mano de Francesca Cingolani, Federico Capello y Emiliano Mollea. Esa tradición deportiva convierte a la ciudad en un semillero de talentos, un entorno donde las nuevas generaciones encuentran ejemplos cercanos en los que mirarse.
Sin freno
La charla termina y la familia acompaña hasta la puerta. Afuera, el feriado sigue su ritmo tranquilo; adentro, el futuro ya empezó a moverse. Australia aparece en el horizonte y todavía quedan entrenamientos, trámites y un locro solidario para achicar gastos.

Tiene 15 años y un sueño claro: “Quiero estar en los Juegos Olímpicos, eso es lo que me gustaría”, dice sin dudarlo. Ese sueño parece que ya está en marcha. Las bicicletas quedan en silencio, colgadas en la pared.
Pero no por mucho tiempo.

