El reconocido humorista cordobés habló con Otro Punto sobre sus comienzos, la influencia de su padre y las experiencias que marcaron su trayectoria. Además hizo un repaso de todos los proyectos que se vienen.

Hacer reír es su oficio desde hace más de tres décadas, pero el Flaco Pailos no comenzó su carrera contando chistes, sino con una guitarra entre las manos. Sus primeros pasos fueron en la música, tocando y cantando en bares, hasta que una noche decidió contar un chiste para llamar la atención del público. Sin imaginarlo, aquel momento marcaría el comienzo de una nueva etapa en su vida.
El humor lo acompañó siempre, incluso fuera de los escenarios. Y eso quedó claro antes de comenzar la entrevista con Otro Punto. Un día antes, mientras coordinábamos la charla, nos contó que estaba camino al supermercado y, entre risas, lanzó: “Me tienen re sonando”. Por eso, al día siguiente, la pregunta fue inevitable: “Flaco, ¿hoy no te mandaron al súper?”. “No, no, hoy estoy tranca acá en mi casa”, respondió, dando inicio a una conversación espontánea.
El humorista recordó a su padre, un ingeniero que soñaba con verlo convertido en profesional y a quien mucho no le simpatizaba que su hijo se dedicara a la música, pero con los años, eso se revirtió. Aunque sus padres ya fallecieron, ambos pudieron verlo sobre los escenarios. “Mi viejo, antes de fallecer, le dio a mi hermana una carpeta llena de recortes de diario de la época que yo tocaba con las bandas”. Al recordar aquel gesto, la voz del Flaco se quebró por la emoción. Detrás de todo, había un padre que seguía de cerca cada paso de su carrera. Una historia que permitió conocer el costado más sensible del artista, en una charla atravesada por recuerdos, risas y reflexiones sobre su vida.

– ¿Y siempre tuviste buen humor desde chico?
– Mi viejo era un tipo muy divertido. Si bien nos tenía sonando a todos, porque él era ingeniero y quería que todos fuéramos profesionales, era muy gracioso. Era riojano, pero estudió acá en Córdoba, así que tenía una mezcla del humor del norte con el cordobés. Tocaba la guitarra, organizaba fiestas de disfraces y se juntaba con mis tíos a cantar. Eran unas guitarreadas que duraban un montón. Yo siempre me acuerdo de mi viejo como un tipo muy buena onda, lo quería mucho todo el mundo. A mí me gustaba ser como él. Lo que pasa es que tuvimos muchos conflictos porque él quería que yo estudiara, pero a mí me gustaba la música.
“Estudié cinco carreras, no terminé ninguna”, contó entre risas. Mientras tanto, su verdadera pasión seguía siendo la música. Con el tiempo, sus padres aceptaron el camino que había elegido y tuvieron la oportunidad de verlo actuar. “No están ninguno de los dos ahora, pero ambos me vieron en el teatro, vieron cómo fue mi carrera”, dijo Pailos y agregó: “los últimos años nos llevamos bárbaro. Le encantaba que yo me dedicara a esto”.
Incluso recordó que algunos amigos de su papá, después de verlo sobre el escenario, le decían que el verdadero gracioso de la familia había sido su padre. “El humorista bueno era él”, dijo.

– ¿Cuándo fue el momento en que decidiste hacer humor?
– Empecé como músico. Cuando tenía 16 o 17 años conocí a Lito Cabrera y empezamos a tocar juntos. Nos gustaba mucho la música de Sui Generis, León Gieco y el dúo Vivencia. En el 82, después de la Guerra de Malvinas, comenzaron a abrirse los bares y nos animamos a tocar. Después vinieron otras bandas y muchas presentaciones. Hasta que un día, con un trío que teníamos, fuimos a tocar a un lugar de Río Tercero. La gente no nos daba mucha bola y a mí se me ocurrió contar un chiste para llamar la atención. Yo era, soy y voy a ser fanático del Negro Álvarez, escuchaba todos sus discos. Conté un par de chistes y la gente se empezó a reír. Después mis compañeros también se animaron y terminamos mezclando música con humor. Cuando terminó el show, nos pusimos a charlar y dijimos: “Che, qué bueno que está esto de mezclar la música con el humor”. Y bueno, empezamos a probar, a improvisar y a armar sketches. Así fue como empezó todo.
Con el tiempo llegaron las temporadas en Villa Carlos Paz, los teatros de Buenos Aires y las giras por distintas provincias. Pailos recuerda especialmente una publicación de La Voz del Interior que lo incluyó entre cinco grandes referentes del humor cordobés.
“Yo no lo podía creer”, confesó. Para él, aquel reconocimiento fue “como si fuera un certificado de que me recibí de humorista”.
La música, sin embargo, nunca desapareció de sus espectáculos. Incluso en los últimos años volvió a ocupar un lugar central con Pailos Sinfónico, una propuesta que combina humor, personajes y música interpretada por integrantes de la Camerata Córdoba.
A lo largo de su trayectoria también compartió escenarios con importantes artistas. Una de las experiencias que más recuerda fue su participación en Siddharta, junto a Flavio Mendoza, a quien conoció durante una entrevista radial. “Para mí fue un antes y un después esa obra”, aseguró. Destacó la disciplina del productor, con quien mantiene una amistad hasta la actualidad.
Fiel a su estilo, no dejó pasar la oportunidad de contar la anécdota. Durante uno de los extensos ensayos en el teatro Broadway de Buenos Aires, encendió un cigarrillo cerca de una ventana y escuchó que Flavio preguntaba a los gritos quién estaba fumando. En medio de la entrevista, el Flaco imitó su voz al recrear aquel momento, provocando nuevas risas. Más allá de la divertida situación, destacó el respeto que recibió de Mendoza y todo lo que aprendió trabajando a su lado. “Hoy en día somos amigos, nos hablamos por ahí, nos mandamos mensajes”, contó.

Su primera gira por España fue en 2010 y estuvo marcada por el encuentro con argentinos que habían emigrado después de la crisis de 2001.
“La gente lloraba y se reía al mismo tiempo”, recordó. Muchos de aquellos espectadores llevaban años lejos de Córdoba y encontrarse con un humorista que hablaba con su misma tonada les despertaba una mezcla de nostalgia y alegría.
Durante una función en Madrid, una pareja española entró al local pensando que actuaría una banda de jazz, pero terminó encontrándose con su espectáculo. Al finalizar, se acercaron a saludarlo y le dijeron que habían entendido “casi todo”.
Con los años regresó varias veces a España y comenzó a encontrar cada vez más espectadores españoles que conocían sus chistes gracias a las redes sociales.
En Londres también protagonizó una divertida anécdota. Durante una función observó que una joven permanecía seria mientras el resto del público se reía. Al terminar le preguntó si no le había gustado el espectáculo y descubrió que era inglesa y no entendía español. Aquella respuesta terminó convirtiéndose, según recordó, en uno de los mejores momentos de la noche.
– ¿Sos de reírte de vos mismo en la vida cotidiana?
– Yo creo que todos nos tenemos que reír. La mejor forma de sobrevivir en este mundo es riéndose de las cosas que te pasan.
– ¿Qué cosas te hacen reír?
– Yo hago un asado con mis amigos y no hablo nada. Me río todo el tiempo porque hablan huevadas todo el tiempo.
Reconoció que muchas de las ocurrencias que escucha durante esas reuniones terminan convertidas en historias para sus espectáculos. Los encuentros con amigos y las situaciones más espontáneas siguen siendo la fuente de inspiración.
Considera que los cordobeses tienen la capacidad de transformar experiencias desagradables en historias graciosas. “Sabemos reírnos de nosotros mismos, con los apodos, con las frases que decimos”, explicó.
El humorista también se considera un afortunado por haber podido construir una carrera haciendo lo que más disfruta. “Yo soy un privilegiado porque vivo de lo que me gusta”, dijo.
Su recorrido le permitió ganarse el reconocimiento de colegas de otras generaciones. Durante una estadía reciente en Buenos Aires, varios comediantes del mundo del stand up lo invitaron a una cena para homenajearlo. Le contaron que habían crecido escuchando sus discos y que su manera de contar chistes había sido una inspiración para ellos. Pailos reconoció que desconocía cuánto había influido en sus carreras y recordó aquel encuentro con especial emoción.
También recordó a los humoristas que disfrutaba durante su infancia, como Carlitos Balá, Pepe Biondi y Los Tres Chiflados. A ellos se sumaba la revista cordobesa Hortensia, que su padre compraba y que le permitió acercarse al humor desde pequeño.
Pailos asegura que, con los años, también aprendió a disfrutar de los espectáculos de otros artistas sin prestar tanta atención a los aspectos técnicos. Hoy prefiere sentarse entre el público y dejarse sorprender por una buena historia.

– ¿Creés que hay límites en relación al humor?
– Sí, yo creo que sí. Lo que pasa es que los tiempos van cambiando y la gente también. Yo hace más de 35 años que hago humor y me tuve que ir aggiornando. Por ejemplo, cuando mi hija tenía 16 o 17 años, un día me dijo: “Che, papá, vos no podés contar el chiste de esto o de aquello”. Y con mi mujer, que es psicóloga, también lo hablábamos mucho. Entonces empecé a prestar atención a esas cosas y a cambiar algunos chistes. También me pasó con las malas palabras. Antes, cuando actuaba en los bares, decía cualquier barbaridad, pero cuando empecé a hacer teatro me di cuenta de que podía usar menos malas palabras y ubicarlas mejor dentro del chiste. Lo mismo con la política, porque por ahí algunos se enojaban y yo no quería discutir con nadie. Entonces fui buscando otras formas de hacer humor, incorporando personajes, vestuario y otras cosas. Uno tiene que ir adaptándose, porque nunca vas a dejar conforme a todo el mundo.
Para Pailos, renovarse también significó explorar otras posibilidades: personajes, guiones, escenografías, vestuarios y doblajes de películas con diferentes tonadas argentinas.
– ¿Qué tipo de humor considerás que hacés vos?
– Yo digo que hago humor cordobés, porque tiene mucha espontaneidad y la tonada sirve mucho. Con el tiempo fui incorporando otras cosas. Empecé contando chistes, pero después me fui metiendo en los espectáculos con personajes, vestuario, escenografías y pantallas. A mí siempre me gustó variar los espectáculos, probar cosas nuevas y buscar distintas maneras de hacer reír a la gente.
– ¿Cuál pensás que es tu chiste más popular y cuál es el que más te gusta a vos?
– El más popular es el de Tarzán. Tengo varios de esos chistes largos, pero si tengo que elegir uno, es ese. A mí me gusta contarlo, aunque trato de no hacerlo tanto porque ya lo conté muchas veces. Pero por ahí estoy terminando el show y la gente empieza a pedirlo. Es como cuando a los músicos les piden una canción. Una vez, cuando hice el Sinfónico, todo el teatro empezó a gritar “¡Tarzán, Tarzán!” y lo tuve que contar. Los músicos improvisaron y salió bárbaro. Si tengo que elegir el que más me gusta a mí, me quedo con el de la Cenicienta. Ahora lo hacemos con los músicos de la Camerata Córdoba en el espectáculo sinfónico y quedó espectacular. La música y todo lo que se armó alrededor del chiste es fantástico.
– ¿Vas a repetir el Sinfónico?, ¿qué proyectos se vienen?
-Sí, el Sinfónico sigue. Tenemos que armar la gira todavía porque cortamos en agosto. En septiembre me fui todo el mes a Buenos Aires y después estuve haciendo el unipersonal. Pero hay muchos lugares donde todavía no hemos ido y tengo ganas de ir. También estoy terminando el unipersonal Más rápido y más gracioso, que voy a despedir en Buenos Aires, y preparando el show nuevo para el verano, que se llama El Flaco Pailos: la máquina de hacer chistes. La historia es que aparece un virus que ataca a la Argentina y la deja sin chistes. Entonces tienen que recurrir a varios exponentes del humor para ver si pueden solucionar el problema. Y hay una máquina también, pero no vamos a contar mucho más jaja. Arrancamos el 1 de enero en el teatro Holiday de Villa Carlos Paz, con funciones los jueves, viernes y sábados.
El humorista tiene ganas de regresar a Río Cuarto, donde se presentó dos veces durante este año, tanto con su unipersonal como con la propuesta sinfónica. Incluso mencionó la posibilidad de participar del Otoño Polifónico, aunque todavía no existe una presentación confirmada. Consultado sobre si todavía tiene algún sueño por cumplir, Pailos contó que le gustaría actuar en un teatro de Nueva York. Si bien ya realizó presentaciones en Miami y Nueva Jersey, su deseo es llegar a un escenario de esa ciudad, donde existe una importante comunidad de argentinos y latinoamericanos. Incluso aseguró que ya recibió algunas propuestas para presentarse allí, aunque aclaró que le gustaría hacerlo en un teatro, aunque sea pequeño, para unas 200 o 300 personas. “Tengo varios sueños, porque yo siempre estoy soñando”.


