Alejandra Elstein y un homenaje que honra su labor

“Si no soy yo, ¿quién lo va a decir?”

El Círculo Sindical de Prensa y Comunicación de Córdoba (CISPREN) presentó ante el Concejo Deliberante un proyecto para que tres de las calles de la ciudad lleven el nombre de la fundadora de Otro Punto, Alejandra Elstein, junto a Nicolás Ángel Florio y Osvaldo Wehbe. Una iniciativa destinada a honrar el legado profesional de tres referentes del periodismo.

Hay historias que no terminan cuando se apaga una voz, hay historias que permanecen en las páginas de un diario, en los recuerdos, en la memoria de quienes compartieron una redacción y en las calles que una vez fueron recorridas una y otra vez para llevar una noticia. La de Alejandra Elstein es una de ellas.

“No quería morirme. No porque hubiese hecho poco en este trayecto sino porque sentía que todavía me quedaban muchas cosas por vivir. O por repetir. Nada extraordinario, o tal vez si, depende de cómo se mire”,Alejandra escribió esas palabras antes de morir. Años después, su nombre podría quedar inscripto en alguna de las calles de la ciudad que recorrió para llevar sus noticias, contar sus historias y denunciar aquello que otros preferían callar.

El 20 de julio de 2020, Río Cuarto perdió a una periodista que había dedicado buena parte de su vida a contar lo que sucedía en la ciudad. Cuatro días después, se publicó He muerto, una crónica que había escrito un tiempo atrás para narrar su propia partida. No fue una simple despedida, fue un repaso por su familia, sus afectos, sus contradicciones y, también, por la profesión que tanto amaba.

Ahora, su nombre podría volver a recorrer la ciudad de otra manera. El Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (CISPREN) presentó este miércoles, ante el Concejo Deliberante un proyecto para que una calle de Río Cuarto lleve el nombre de Alejandra, junto con otras dos iniciativas para homenajear a los periodistas Nicolás Ángel Florio y Osvaldo Wehbe. La propuesta busca reconocer el legado de quienes construyeron, desde sus respectivos espacios de trabajo, una parte de la historia periodística local.

Para Leticia y Emilia, hijas de Alejandra, la posibilidad de que una calle lleve el nombre de su mamá es mucho más que un homenaje, es una forma de que su presencia siga formando parte de la ciudad que tanto quiso y de que las generaciones que no llegaron a conocerla puedan descubrir quién fue.

Alejandra amaba Río Cuarto. La recorría, participaba de sus actividades culturales, disfrutaba de sus plazas y del río, y estaba atenta a lo que sucedía en la vida política y social. No miraba la ciudad desde afuera: la habitaba y encontraba en ella las historias que después llevaba a sus lectores.

“Mi mamá amaba Río Cuarto, amaba hacer cosas por Río Cuarto, quería siempre que sea una ciudad mejor”, recuerda Emilia Floriani.  Se imagina caminando algún día por esa calle junto a su hija para contarle que allí está el nombre de su abuela, una periodista que trabajó para que la ciudad fuera un lugar mejor.

 “Siempre le hablábamos a nuestros hijos con mi hermana y con mi tía, de la abuela pelada, así le decíamos, de mi mamá, así que tenerlo visualmente en un espacio en la ciudad es memoria viva”, dice Leticia Floriani, encuentra en el proyecto una manera de mantener viva la memoria familiar, le emociona pensar que el nombre de su mamá pueda aparecer en un espacio cotidiano, a la vista de todos, y convertirse en una oportunidad para contar su historia a sus hijos y sobrinas

Pero detrás de la periodista reconocida por su trabajo había también una mamá que muchas veces llevaba las preocupaciones de la redacción a su casa. Sus hijas recuerdan que, cuando la familia le sugería que evitara ciertos temas o publicara algo más tranquilo, ella insistía en que había cosas que necesitaban ser contadas.

“¿Quién lo va a decir?”, era la pregunta que resumía esa convicción. Ese compromiso es uno de los recuerdos que más orgullo genera a quienes la conocieron. Alejandra no entendía la información como una tarea distante, sino como un servicio a la comunidad. Y esa manera de ejercer el oficio es, para sus hijas, parte esencial de lo que merece ser recordado.

Alejandra nació en Río Cuarto el 25 de octubre de 1964. Estudió Perito Mercantil en el Colegio Nacional y comenzó la carrera de Ciencias de la Comunicación, que dejó inconclusa. Su trayectoria profesional comenzó en el diario Puntal, donde trabajó entre 1987 y 2000 y escribió sobre temas sociales, policiales y violencia de género.

Después de su salida del diario, pasó por otras experiencias laborales, pero no abandonó el periodismo. En 2004 creó Otro Punto, su propio periódico, que dirigió hasta su fallecimiento.

El proyecto implicaba mucho más que escribir. Alejandra pensaba los temas, producía las notas, diagramaba, imprimía y distribuía cada ejemplar. Llevaba el periódico personalmente a bares, comercios, estudios jurídicos, consultorios y estaciones de servicio. En bicicleta cuando el tiempo acompañaba; en el viejo Taunus familiar cuando llovía o hacía frío.

Otro Punto fue ganando un lugar en Río Cuarto a fuerza de primicias, rigor y audacia periodística. Su familia también se sumó a la aventura: ayudaba con la edición, las fotografías, la impresión y el reparto. El periódico se convirtió en un proyecto compartido, sostenido por la convicción de Alejandra de que las noticias debían llegar a la gente.

Su trabajo recibió distintos reconocimientos, entre ellos dos premios Carlos Favre, en 1998 y 2006, y una mención especial por fotoperiodismo del CISPREN en 2015. Sin embargo, más allá de los premios, su huella quedó en la relación que construyó con sus lectores y en los temas que decidió poner en circulación.

Los viernes de Otro Punto

Marta Maezo conoció a Alejandra en Puntal. Aunque no siempre trabajaron en las mismas secciones, compartieron años de profesión, intercambiaron información y construyeron una amistad que trascendió la redacción.

Cuando Alejandra puso en marcha Otro Punto, los encuentros continuaron. Los viernes por la tarde, Marta la visitaba mientras doblaba los ejemplares recién impresos. Llevaba mate y alguna factura; entre una conversación y otra, hablaban sobre las noticias de la semana, lo que ocurría en las redacciones y sus vidas personales.

Su amiga, la recuerda como una excelente profesional, dispuesta a compartir datos, preguntar y escuchar otras opiniones. También destaca el apoyo que recibió de Alejandra en distintas iniciativas gremiales vinculadas con las condiciones de trabajo de las periodistas.

En esos encuentros había lugar para el oficio y para la amistad. Hablaban de sus hijos, sus parejas, sus madres y sus amigos en común. La actualidad periodística se mezclaba con las preocupaciones cotidianas, y el trabajo de doblar el periódico se convertía en una excusa para seguir compartiendo.

Después de la muerte de Alejandra, el vínculo continuó a través de sus familias: “Me queda de herencia, la amistad de sus hijas y de su esposo, seguimos manteniendo contacto los visito, me invitan para algunas fechas especiales, como son los cumpleaños o el casamiento de alguna de ellas, como si ella siguiera presente entre medio de nosotros”.

La propuesta también busca homenajear a otros dos referentes del periodismo riocuartense: Osvaldo Alfredo Wehbe y Nicolás Ángel Florio, cuyas trayectorias dejaron una marca profunda en la historia de la comunicación local.

Conocido como el “Turco” Wehbe, fue uno de los relatores deportivos más reconocidos de la radiofonía argentina. Comenzó su carrera en LV16 Radio Río Cuarto en 1979 y, con un estilo inconfundible, llegó a relatar más de diez Copas del Mundo consecutivas. Su voz, sus frases y su vínculo con la ciudad lo convirtieron en un emblema del periodismo deportivo nacional.

Florio, por su parte, fue durante más de cuatro décadas una de las voces emblemáticas del servicio informativo de LV16. Su labor estuvo marcada por la cobertura de los principales acontecimientos políticos del país y por entrevistas a presidentes y dirigentes nacionales e internacionales. Reconocido en vida como Ciudadano Ilustre de Río Cuarto, construyó una trayectoria basada en el rigor, la credibilidad y el compromiso con la información.

Si la iniciativa prospera, los nombres de Alejandra Elstein, Osvaldo Wehbe y Nicolás Florio podrán formar parte del paisaje cotidiano de Río Cuarto. Ya no estarán solamente en las páginas de los diarios, en las grabaciones de una radio o en el recuerdo de quienes compartieron con ellos una redacción: también podrán aparecer en las esquinas, en los carteles y en el recorrido de quienes transitan la ciudad.

Nombrar una calle es, de alguna manera, decidir qué historias merecen permanecer. En este caso, el reconocimiento busca mantener viva la memoria de tres periodistas que, desde distintos lugares y con estilos propios, dedicaron su vida a contar lo que sucedía. Porque el periodismo también construye la historia de una ciudad, y sus protagonistas merecen seguir formando parte de ella.

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