Leandro Romero: “Si la inspiración llega a las 3 de la mañana, ¡se graba igual!”

Es cantante, compositor, violinista e integrante de “Los Romero”. Leandro Romero lleva más de 27 años recorriendo escenarios junto a su familia. Entre el folclore, la composición, la abogacía y las nuevas generaciones, el artista repasa para Otro Punto su historia marcada por las raíces, el esfuerzo y la pasión por la música.

Fotos de Javier Raiden

Tocar en familia tiene sus ventajas y sus riesgos. Puede suceder que tu hermano te arranque de la cama a las tres de la mañana con una frase imperativa: “se me acaba de ocurrir un tema buenísimo, ¡grabemos ya!”. Eso les ha pasado -¡y más de una vez!- a Los Romero, el grupo folclórico que funciona como una “pyme musical”, y que ya dejó un sello en los escenarios.

Hablar con Leandro Romero es recorrer más de dos décadas de trayectoria, rutas y festivales. Lo que comenzó como un sueño familiar terminó convirtiéndose en un proyecto que sigue encontrando nuevos caminos.

La música llegó a su vida mucho antes de imaginar un escenario. Su padre, marcado por la temprana pérdida de su propio papá, quien tocaba el acordeón, siempre tuvo el deseo de compartir la música con sus hijos. Así fue como Leandro y sus hermanos comenzaron a estudiar en el conservatorio de música desde pequeños. Él eligió el violín, mientras el resto de la familia se inclinó por la guitarra y otros instrumentos. Una familia vecina también se transformó en inspiración. A pocos metros de su casa vivía José Gómez, padre de Marcos Gómez, cantante de Banda 21. Ver a un padre haciendo música junto a sus hijos despertó en Los Romero la ilusión de construir algo parecido.

El punto de partida llegó en 2001, cuando Leandro participó en la primera edición del concurso Solo Canto. Fue su abuela quien lo llevó a inscribirse. Hasta entonces, nunca había pensado en cantar. De hecho, quien se desempeñaba en ese rol en la familia era su hermano Emanuel.

“Yo venía del conservatorio, de tocar partituras. El que cantaba era mi hermano. Yo aprendía escuchándolo”, recuerda Leandro.

Esa experiencia abrió una puerta inesperada. En ese mismo 2001 viajaron a Cosquín y comenzaron a transitar el circuito de peñas y escenarios callejeros del festival. Lo que iba a ser una estadía breve terminó convirtiéndose en una semana completa gracias al apoyo de vecinos y conocidos de Río Cuarto que colaboraron para que pudieran quedarse.

“En ese tiempo no pudimos estar en el escenario mayor de Cosquín porque yo era menor de edad. Con los años sí, estuvimos en 4 oportunidades”, cuenta Romero.

Además de actuar en Cosquín y hasta tener su propia peñas durante el festival, Los Romero cantaron por distintos escenarios del país. Vivieron  algunos años en Tucumán y además participaron en la pre-serenata de Cafayate, Salta.

Pero, más allá de los logros, Leandro nunca perdió de vista aquello que lo llevó hasta allí. “Yo soy eso. Raíces, canciones, chacareras. Fusionar con todo lo que se pueda, sí, pero nunca perder la esencia de lo que es la música del folclore”, afirma.

Actualmente, Los Romero está integrado por José (padre) y Emanuel, Tomás y Mateo (hermanos). También formaron parte del proyecto familiar sus hermanos Martín y Macarena Romero, quienes posteriormente siguieron otros caminos musicales.

-¿Qué opinión tenés sobre los jóvenes y el folclore?, ¿creés que siguen conectados con las tradiciones?

-Mirá, hace poco fui a tocar a una escuela y me encontré con chicos que sabían perfectamente qué se conmemoraba el 25 de Mayo, que se vistieron con prendas criollas, que bailaron y disfrutaron de la música. Eso me hizo pensar que las tradiciones no están tan perdidas como a veces creemos. También hay artistas jóvenes que rescatan nuestras raíces desde otros géneros. Como Milo J que tranquilamente podría no tener folclore en su música y, sin embargo, rescata letras y lo hace de alguna u otra forma. Hace conocer lo que son las raíces. Eso está muy bueno.

Además de interpretar canciones, Leandro también escribe. La composición ocupa un lugar importante en su vida y muchas veces surge de manera inesperada. Una frase escuchada al pasar, una historia ajena o una experiencia personal pueden transformarse en una canción.

-¿Cómo nace una canción?

-Yo creo que la inspiración surge. Después la podés trabajar, pero prefiero mil veces aquellas canciones que nacen del corazón. Me ha pasado despertarme con una letra completa o una melodía dando vueltas en la cabeza. A veces una sola frase puede disparar una historia entera.

-Una de tus canciones se llama “Mensajero de Esperanzas”, ¿qué historia cuenta?

-Tiene que ver con perder el rumbo y volver a encontrarse. En un momento uno se pregunta hacia dónde va, qué quiere hacer. La canción habla de eso. En una parte dice: “Soy grito recién parido, mensajero de esperanza, muchas veces me he perdido, pero aquí estoy”. Resume bastante lo que sentí cuando la escribí.

En todo este camino transitado con la música hubo momentos complejos. Uno de los más difíciles fue la enfermedad de su madre, quien atravesó más de una década de complicaciones hepáticas antes de recibir un trasplante. “Eso nos golpeó muy fuerte como familia. Perdimos intensidad con la música porque toda nuestra energía estaba puesta ahí. Hoy está bien y eso nos da tranquilidad”, cuenta.

-¿En qué están trabajando actualmente?

-Estamos grabando videoclips y produciendo material nuevo. Hoy el video tiene tanta importancia como la canción. Mateo tiene su estudio de grabación y trabajamos mucho ahí. A veces son las tres de la mañana y surge una idea ¿y se graba igual! Lo llamo a Mateo y nos ponemos a grabar, porque cuando llega la inspiración hay que aprovecharla y dejar registro.

Debe estar re contento Mateo que lo despiertes a esa hora jaja

-Sí, me dice más te vale que sea muy buena la canción (risas). No pero a él le gusta y también a veces me llama él para contarme otras ideas.

Pese a todo, Los Romero siguió adelante. Aprendieron a separar los vínculos familiares del trabajo artístico y hasta crearon grupos distintos para no mezclar cuestiones personales con temas relacionados a ensayos, presentaciones y proyectos musicales.

.¿Logran realmente separar lo profesional de lo personal?

-Sí, tenemos un grupo específicamente que es para hablar de todo lo laboral y relacionado a la música y otro familiar. Intentamos que las cosas no se mezclen y tomamos a Los Romero con mucha responsabilidad. Cuando alguno mezcla temas en esos grupos, es “sancionado”, lo silencian o sacan del grupo por 24hs (risas).

En los últimos años también debieron adaptarse a nuevas formas de difusión. La pandemia modificó muchas dinámicas y las redes sociales pasaron a ocupar un lugar central. Mateo es quien además de ser músico se encarga de gran parte del trabajo audiovisual y tecnológico del grupo.

-¿Cómo ves la actualidad del folclore argentino?

-Me frustra un poco que en los grandes escenarios siempre aparezcan los mismos nombres. Hay muchísimos artistas talentosos que no logran tener visibilidad. En Cosquín he escuchado músicos extraordinarios que después desaparecieron del circuito. Hay mucho talento dando vueltas que merece más oportunidades.

A lo largo de los años, la música convivió y convive con otras responsabilidades. Leandro trabaja en un estudio jurídico, es procurador y también dedica parte de su tiempo a la escritura profesional. Sin embargo, nunca dejó de lado su faceta artística.

Aunque prácticamente toda su vida gira alrededor de los acordes, hay otra vocación que lo acompaña desde hace años: la abogacía. Leandro cuenta que esa elección nació mucho antes de terminar la escuela secundaria.

“Siempre supe que quería ser abogado. Para mí tiene una cuota de romanticismo porque, de alguna manera, ayudás a sanar algunos de los problemas de la sociedad”, explica y habla de madres que necesitan una manutención, de padres que buscan recuperar el vínculo con sus hijos o de personas que atraviesan conflictos familiares y necesitan acompañamiento.

“A veces hay gente que necesita apoyo y no lo tiene. Creo que el abogado durante mucho tiempo fue una mala palabra, pero hoy eso ha cambiado bastante”, reflexiona.

Entre los sueños que tiene, Leandro no habla de grandes escenarios ni de algo utópico. Su deseo tiene más que ver con ver caminar sus canciones en otras voces.

“Me gustaría que a mis canciones las cante gente más conocida que yo. Escucharlas en un grupo, en Los Nocheros, por ejemplo. Pero mi sueño, en parte, ya está cumplido cuando veo que alguien pone una nota, que se interesa por lo que hacemos”, cuenta.

También reconoce una cuenta pendiente más íntima y cotidiana: aprender a tocar la guitarra. Aunque el violín lo acompaña desde chico, siente que son mundos completamente distintos.

“El violín es un instrumento melódico y la guitarra es armónica. Son dos idiomas diferentes. Me gustaría poder acompañarme solo con la guitarra. Es una materia pendiente”, dice.

Tras más de dos décadas de recorrido, Leandro Romero mantiene intacta la misma convicción que lo acompañó desde aquellos primeros pasos en Solo Canto. La música sigue siendo un espacio de encuentro familiar, una forma de expresión y una manera de mantener vivas las raíces.

“La música es un modo de vida. Es toda mi vida, no conozco otra cosa. Es mi manera de sentir, de expresarme y de comunicarme”, resume. Y seguramente allí esté la clave para entender por qué, después de tantos escenarios, tantas rutas y tantos años, sigue encontrando motivos para cantar.

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