VANINA CACACE

Una visita al living más famoso

Cambió de carrera cuando descubrió que la ingeniería no era lo suyo, se abrió camino en un medio dominado por hombres y hasta se escondió detrás de un auto para entrevistar a Maradona. Durante 35 años, Vanina Cacace almorzó con los riocuartenses desde la pantalla de televisión. Hoy, lejos del noticiero, sigue haciendo lo que más le gusta: comunicar.

Fotos: Laura Scott

Vive en Banda Norte, a metros de la calle Muñiz. Su casa, blanca, tiene árboles que aún conservan hojas secas, pegadas a las ramas. Es miércoles y el día está gris, húmedo, sin una sola promesa de sol. El barrio parece más quieto de lo normal. Los sonidos se apagan antes de llegar lejos, y el tiempo se estira sin avanzar del todo. En ese clima, los ánimos también se vuelven pesados, como si todo estuviera en pausa.

Vanina Cacace atiende el portero y, unos segundos después, abre la puerta. Viste de negro, pero es su sonrisa lo primero que llama la atención. Habla pausado, con una serenidad que contrasta con la intensidad de sus ojos, siempre un paso adelante de sus palabras. Los rulos marrones, cerrados y rebeldes, rodean su rostro como una firma personal.

Mientras prepara café, un ruido interrumpe el momento. Es Ragnar, su ovejero alemán de gran tamaño, que juega con una botella de plástico detrás del vidrio. “Quiere jugar”, dice mientras le dedica una mirada amorosa.

Celosa del protagonismo del grandote, también está Betsy, una perra mestiza que observa en silencio. La escena es doméstica, tranquila. Difícil de asociar con la mujer que durante 35 años entró en los hogares riocuartenses para contar la historia de la ciudad.

Aunque muchos la consideran una riocuartense más, Vanina nació en Villa Mercedes. Llegó a Río Cuarto a los 15 años y no se fue más. Aquí estudió, trabajó y construyó su vida.                                                                                           

Al terminar el secundario en el Colegio El Carmen, eligió Ingeniería Química. Era una carrera prestigiosa, con un supuesto futuro asegurado. “Mis papás me decían que ahí iba a ganar plata”, recuerda con risa. “Hice dos años, pero estaba angustiada, no me hallaba. Hice un test vocacional y me salió que me gustaba comunicar. Me cambié a la licenciatura en Comunicación sin que mis papás supieran… y cuando empecé, me di cuenta que era mi lugar”.

Luz, cámara…

Vanina recuerda que, mientras estudiaba, en las vacaciones, trabajaba en radio y hasta en una agencia de publicidad. “Mi papá me dijo que estaba bien que hubiese cambiado de carrera, pero fue tajante: hasta acá llegamos, haciendo referencia a que tenía que mantenerme sola”.

Sigue con su relato, minucioso, de aquellos tiempos. “Me recomendaron que fuera al Canal 13…caí, me hicieron una prueba y arranqué a hacer flashes”, comenta y recuerda que primero fue cronista en la calle, por un año. Luego llegó el salto: el noticiero del mediodía. “Yo era muy chica, sin experiencia, y eran todos hombres. No fue fácil. Había que imponerse”.                                                                                 

En aquel tiempo, en un horario donde no había oferta informativa, impulsó una forma distinta de hacer televisión. Incorporó los “livings”, un formato de entrevistas más cercano y dinámico que incluso se convirtió en su trabajo de tesis de la Licenciatura en Comunicación Social.

Cuando se le pregunta por su trayectoria, recuerda una frase que le dijo el profesor Lionel Gioda en la facultad: “Tenés una voluntad de hierro”, le aseguró una vez, destacando una perseverancia que, con el tiempo, se convertiría en una de sus marcas personales. Quizás, piensa hoy, en aquellas palabras había también una intuición sobre lo que vendría después. “En la vida puede haber una cuota de suerte, pero la suerte también se busca”, afirma.                                                        

Lejos de las noticias al instante en el celular, el mediodía llegaba con un ritual distinto: el televisor encendido y el control remoto cerca, listo para sintonizar “el 13”. En muchos hogares, su presencia en la pantalla acompañaba el almuerzo, como antesala o cierre de la mesa cotidiana.

Vanina asegura que la entrevista terminó convirtiéndose en el eje de su carrera. “Lo que más me gusta es entrevistar. Estuve 35 años hablando con la gente”, admite.

La amiga de Maradona

Entre las anécdotas más notables de su carrera aparece una que todavía cuenta con una mezcla de asombro y alegría: la entrevista que logró hacerle al astro del fútbol mundial, Diego Maradona, durante el Mundial de 1994. La hazaña estuvo lejos de ser sencilla.

“Me fui un mes a estudiar inglés a Boston y justo coincidió con el Mundial del 94. Del canal me pidieron que intentara entrevistar a Maradona. Había llevado una cámara para hacer algunas imágenes y contraté a un camarógrafo yanqui para que me acompañara”, recuerda. Sin demasiadas certezas sobre cómo llegar hasta él, se presentó en un entrenamiento de la selección argentina. “Yo no tenía ni idea a dónde iba. Me mandé”, dice entre risas. El primer intento terminó mal. El coach la echó del lugar sin contemplaciones. Pero ella no se fue. Se escondió detrás de un auto y decidió esperar.

“Veía que salían todos: Batistuta, uno, otro, otro… y él no aparecía. Hasta que finalmente salió”. Entonces juntó coraje y gritó: “¡Diego! Soy Vanina, de Río Cuarto”. En ese momento, el mismo hombre que la había expulsado regresó enfurecido. Pero ocurrió algo inesperado, muy típico “del 10”. “Maradona lo frenó en seco. Le dijo que no estaba en una cárcel y que ella era su amiga de Córdoba”, cuenta, tentada por la risa y con los ojos iluminados por el recuerdo.

La entrevista duró apenas unos minutos. “Le hice tres o cuatro preguntas. Me dio un beso, me sonrió y se fue”.

Recién al regresar a Río Cuarto comprendió la magnitud de lo que había conseguido. “Cuando llegué acá estaba todo el mundo loco. Fue una locura lo que se generó”, afirma, sin necesidad de exagerar el relato.

La historia resume una de las características que reconoce como propias. “Me proponía una cosa y hacia eso iba. Con los años desarrollé esa forma de pensar: no detenerme en las dificultades, sino salir a buscar lo que quería”.

¿Vos me vas a entrevistar?

A lo largo de su carrera hizo cientos de entrevistas. Algunas fueron incómodas; otras, divertidas. Hubo conversaciones que exigieron sensibilidad y otras que demandaron insistencia o valentía. Sin embargo, hay una que recuerda especialmente porque, con el tiempo, entendió cuánto la ayudó a crecer. “Cuando empecé, era muy chica. Un político muy importante me miró fijo y me dijo: ‘¿Pero vos me vas a entrevistar?’. Fue una situación fea, pero no me achiqué”, recuerda.

Aquella escena, lejos de desanimarla, reforzó una convicción que la acompañaría durante toda su carrera: la de confiar en sus capacidades.

Dentro de dos días se celebrará el Día del Periodista, una fecha que para ella tiene un significado especial. “El periodismo me aportó todo lo que soy. Soy quien soy gracias al camino recorrido en el canal. El noticiero me dio mi identidad”.                                                                                                          

Más allá de los reconocimientos, asegura que sigue disfrutando del vínculo con la gente. Le gusta que la saluden en la calle, que le pidan una foto o le compartan un recuerdo. Y entre todas esas muestras de cariño hay una que todavía la hace reír. “Hace poco una señora me tocaba los rulos, los apretaba y me preguntaba si eran de verdad”, cuenta entre carcajadas.

Hoy

La jubilación la encuentra en un momento de plenitud. Habla de esta nueva etapa con entusiasmo y sin rastros de nostalgia. “Mi marido me dice, riéndose, qué clase de jubilada soy, que trabajo más que antes”, cuenta.

Ya no madruga para llegar al canal ni vive pendiente de los horarios del noticiero, una rutina que la acompañó durante más de tres décadas. Sin embargo, la comunicación sigue ocupando un lugar central en su vida, aunque desde una perspectiva diferente. Hoy se dedica a brindar mentorías, asesorar y acompañar a personas que buscan mejorar su forma de expresarse, ganar confianza o superar sus miedos al hablar.                                                          

Cuando le toca definirse, no duda: “Soy comunicadora, una enamorada de la comunicación. Soy periodista y hago mentorías”. Luego deja una frase que resume buena parte de su filosofía: “La comunicación es la base de una buena vida”.

Ragnar vuelve a golpear el vidrio con la pelota en la boca. Vanina se levanta y va hacia el patio a darle un mimo, mientras mueve de un lado al otro la cabeza. La entrevista termina. El cielo sigue encapotado. Ella, sigue comunicando.

Compartir

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio