Un argumento muy sólido para entender el resurgimiento de los formatos físicos de música es el tamaño, y lo que en ese espacio se puede recrear.
Existe todo un universo de ideas volcadas en los artes de tapas o portadas de discos de música. Desde el minimalismo absoluto a la psicodelia más profunda de los 60, del flower pop al arte urbano de los 90, del arte pop fluorescente de los 80 a las obras pictóricas adaptadas al mundo del rock progresivo. Todo vale, todo está allí, sólo hay que descubrirlo.

