El núcleo del comentario acerca de la puesta en escena de “Luisa Fernanda”, que abunda en puntos de vista acerca de lo que se presentó en el escenario (acaso en una demasía impulsada por lo que ha significado en el marco de las actividades artísticas de la ciudad) deja afuera un el reconocimiento a quienes fueron partícipes necesarios e imprescindibles antes de la puesta en escena.
Por un lado la Agencia Córdoba Cultura y de la Fundación por la Cultura de Río Cuarto, que se unieron en la producción ejecutiva entendiendo que es una inversión virtuosa destinar los dineros públicos a la materialización de un hecho artístico que tenga en cuenta sus significación como hecho cultura y que enfrente el criterio unívoco y materialista con el que se observa y se califica la tarea de los artistas, especialmente en estos días.
Por el otro, al resto del equipo de arte y técnnica que formó parte de la producción: Adriana Poch (platense como Carlos Iaquinta y su asistente de escena) Celeste Yciz (diseñadora y realizadora de la escenografía), Sandra Cardarelli, Rocío Toledo y Julieta Sarmiento (asistentes de vestuario), Bruno Ponso (ese estupendo músico que trabajó como ayudante de escenografía), Enrique Beccerecca (técnico de sonido), Victoria Las Heras (ayudante de utilería) y a los trabajadores del teatro, que pusieron talento y pasión detrás de escena y contribuyeron indudablemente al estupendo resultado final de la puesta de “Luisa Fernanda”.

